Sexualidad, erotismo y tercera edad

Y así como todo cambia
Que yo cambie, no es extraño

Cuando pensamos en la vejez, cuando vemos a unx viejx en la calle, en la tele o en nuestro futuro cercano, automáticamente se disparan ideas ligadas a la fragilidad, a la lentitud (“Es un buen tipo mi viejo”) como a la inactividad (a)sexual. ¿Por qué nos pasa eso? ¿Quién quiere llegar a viejx? Hemos construido una representación de la vejez, acerca de lo que ser viejx es en donde la sexualidad y el encuentro con unx otrx queda excluido y anulado, empapado de mitos y falsas creencias.

Las representaciones sociales comprenden los diversas modos en que se entiende al mundo y se lo analiza, es decir, existen ciertas conductas que registramos como esperables o no esperables, permitidas y no permitidas, como también establecemos juicios de valor acerca de lo que vivimos en nuestra cotidianeidad (Andrés et all, 2003). Es decir, las representaciones sociales condensan múltiples sentidos, construyendo un único sentido: el sentido común. Esto significa que al desestimar –obturar- otros sentidos construimos, en efecto, formas hegemónicas de analizar la realidad no sólo individual (la propia) sino también la de otrxs, de nos y colectiva. En este sentido, las representaciones sociales permiten anticiparnos a la realidad, nos proveen y facilitan una explicación y un análisis pre-configurado de la misma, como asimismo ofrecen un marco referencial común con el fin de abastecer(nos) de imágenes y saberes aceptables, esperables. A su vez, estas representaciones sociales tienen la función de orientar(nos), una suerte de guía de los comportamientos, de cómo relacionarnos con el mundo circundante, con lxs otrxs.

Salgado de Snyder et all (2007) describe a la vejez en tanto “un constructo social que involucra la asignación de roles de acuerdo con la edad, por ejemplo, en cuanto a la participación en actividades económicas y sociales según el género y las normas socioculturales” (p. 1).  En muchas personas (incluyendo a lxs viejxs) se despliegan actitudes y creencias, comportamientos que demuestran sensibilidad como juzgamientos; es decir, por un lado hay una creencia negativizada respecto al envejecimiento y, por otro lado, una positiva. Las imágenes y representaciones acerca de la vejez están fuertemente negativizadas, el término viejismo implícito supone el proceso de segregación inherente a la población adulta mayor. Siguiendo a Levy y Banaji (2004) el viejismo opera de manera inadvertida, ocultando un estereotipo que puja detrás, un esquema preexistente que incide en el comportamiento, creencias y sentimientos de las personas en función a la edad cronológica percibida en lx otrx. Es decir, creer que todxs lxs viejxs son buenxs por el mero hecho de ser viejxs.

Existen narrativas que nos preceden, son preconceptos que designan atribuciones en un marco socio-cultural que inciden en nuestro devenir, en las conductas y comportamiento que asumimos y desplegamos a la largo de la vida (Arias J. C. y Iacub, R., 2013). En este sentido, los estereotipos y las narrativas negativas (peyorativas) acerca de la vejez impactan -y afectan- el narcisismo de lxs viejxs, impactan en su integridad personal -una amenaza al yo- afectando así el rendimiento y las capacidades, reduciendo e inhibiendo sus posibles campos de acción, el poder-hacer. Aquí es posible evidenciar la estrecha relación entre discurso e identidad, la identidad de toda persona queda amarrada a normas y discursos sociales.

Erotismo

La experiencia erótica no es la misma transitada para todxs, es decir, la perspectiva de género es indispensable para pensar los diversos transitares eróticos de las personas, en este caso, adultxs mayores. Por ejemplo, ante adultxs mayores la nomenclatura “viejo verde” o “vieja lagartona” son comunes a la hora de enunciar sujetxs adultxs mayores en tanto sujetx del deseo, en tanto sujetx que expresa un deseo sexual o erótico. Aquí es importante pensar en el concepto estigma en tanto “(…) la situación del individuo inhabilitado para una plena aceptación social (…) la sociedad establece los medios para categorizar a las personas, así como los atributos que se perciben como corrientes y naturales para los miembros de cada una de esas categorías (…)” (Bellato Gil, p.4)  Es necesario preguntarse ¿qué efectos tienen estos dichos en las trayectorias de estas personas adultas mayores? ¿Qué hacer frente al deseo, la fuerza del deseo, y los estereotipos que inhiben y obturan despliegues del mismo?

Bellato Gil da cuenta de la existencia de objetos en tanto fetiches que tienen el poder de revivir distintas emociones como la alegría, la tristeza, la melancolía o el dolor, que suelen ser colocados en cierto lugar específico; es decir, se conservan en recónditos espacios o se dejan a la vista de otrxs, un objeto (o varios) que arma un puente entre un pasado investido de afecto y erotismo y el presente. Hay algo allí de la memoria erótica que implica una recreación, una puesta en juego, que excede el terreno del encuentro de los cuerpos, del acto copulatorio y que, asimismo, excede el tiempo. Además, es importante revisar y cuestionar las expectativas asociadas al encuentro sexual con lx otrx, donde el acto de penetración queda en primer plano, encuentros en la habitación; se dibujan imágenes de relaciones sexuales que suponen a un varón que avanza e inicia el juego sexual con otra que queda a la espera -pasiva (pensando aquí las relaciones sexuales hetero). En este sentido, es importante pensar, siguiendo a Iacub (2020), el pluralismo sexual posible de encontrar en estos tiempos de la vida adulta, donde la penetración no deviene en único destino o parámetro para encontrarse con otrx, sino que el encuentro con esx otrx supone un encuentro con otros tintes que anulan la fuerza de los estereotipos acerca de la ausente sexualidad de la vejez.

Diversos estudios arrojan cambios positivos posibles durante la vejez, donde el tiempo y duración de la erección masculina alcanza una meseta, retardando el acto sexual y propiciando en su partenaire un mayor goce; a su vez, si bien el orgasmo masculino cuenta con una menor duración, esto no inhibe o reduce la experiencia orgásmica (Iacub, 2020). Respecto a la sexualidad de las mujeres adultas mayores y el acontecer de la menopausia, es posible indicar la persistencia del deseo sexual a pesar de los cambios fisiológicos; así también es recomendable el  sostenimiento de las relaciones sexuales, ya que supone efectos salutíferos no sólo en el cuerpo sino en la psique (Iacub, 2020).

Cuando pensamos en la vejez y la sexualidad, surge como norma la ausente respuesta sexual, la ausencia de deseo y la decadencia e inactividad de ellxs, alimentando una lógica binaria juventud = vitalidad y vejez = decadencia. Adentradxs en un paradigma coitocentrista, donde queda en primer plano la penetración, se desestima las diversas formas de encuentro con lx otrx. En efecto, se invisibiliza las diversas formas exploratorias y amatorias posibles durante la vejez, poniendo en tensión la lógica binaria actividad – inactividad, asociando vejez e inactividad y juventud con vitalidad sexual, expresando así sentidos cerrados en los que la vejez no queda con posibilidades de erotismo y sexualidad habilitada.

**Queremos sumar un alerta al título de nuestra nota cuando refiere a la vejez como “tercera edad”. Es un concepto acuñado, pero también, en buenahora, muy cuestionado. Gracias Tapintada por traernos ese asterisco para que podamos aprender, compartir y seguir construyendo conocimiento juntes.

Fuentes:

– Andrés H., Gastron, L. Oddone, J. y Vujosevich, L.: Género, representaciones sociales de la vejez y derechos humanos. Ponencia presentada en Viejos y viejas: Participación, Ciudadanía e Inclusión Social. 51 Congreso Internacional de Americanistas. Santiago de Chile 2003.

– Arias J. C. y Iacub, R. (2013) ¿Por qué investigar aspectos positivos en la vejez? Contribuciones para un cambio de paradigma en Publicatio UEPG: Ciências Humanas, Linguística, Letras e Artes. Vol. 21, N°2. pp. 271-281.

-Bellato Gil, Liliana: Museografía del erotismo en personas mayores. La erotización de los objetos.

– Iacub, R., Hidalgo, P., Winzeler, M. Bourlot, V., Gil de Muro, M.L., Paz, M., Bella, M. L. Machluk, L., Vazquez, R. y Boggiano, P. (2020). Desarticulando las fronteras del erotismo en la vejez. Research on Ageing and Social Policy, 8(1), 1-24. doi: 10.4471/rasp.2020.4616.

-Fernández, A. M. (1993). La bella diferencia y Hombres públicos-mujeres privadas. En Fernández A.M. La Mujer de la Ilusión (pp 27 – 58 y 133 – 158) Buenos Aires. Argentina: Paidós.

-Levy Becca y Banaji Mahzarin (2004) Viejismo Implícito en Viejismo, Estereotipos y Prejucios contras las Personas Mayores (Ageism. Stereotyping anda Prejudice against Older Persons) (comp) Todd D. Nelson. Massachusetts: The Mit Press

– Salgado de Snyder, Nelly; Wong Rebeca: Género y pobreza: determinantes de la salud en la vejez Salud Pública Méx vol.49 supl.4 Cuernavaca 2007http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36342007001000011

Texto: María Antonela Amore. Lic y prof. de psicología (UBA). Psicoanalista con perspectiva de género. Instagram: @marantoam

Obra visual: Cristyn Tapintada. Terapista ocupacional, artista visual, incipiente narradora, “Elektra” psicoamor en cuarentena. Productora de contenidos en @toengeronto y en @tapintada. Organizadora de eventos comunitarios y culturales. Parte del colectivo Mutágenas artistas feministas del conurbano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: