La otra Frida

Las figuras sobresalientes de la historia suelen ser recordadas por el día de su fallecimiento, quizás sea a través de un revisionismo histórico que a veces se empeña por premiarlas cuando el cuerpo ya esta frío; una suerte de revisión que pareciera cuasi macabra por no haber sabido apreciar su obra a tiempo. Una forma de decirnos: “acordate ahora de lo que te perdiste”.

Un 6 de julio nacía Frida Kahlo, una artista que fue premiada en vida. Paradójicamente, no es tanto su obra pictórica lo que tenemos más presente, sino su icónica frase “pies para qué los quiero, si tengo alas para volar”.

Hace ya unos años, todo se plagó con fotos de Frida: stickers, imanes para heladera, cartucheras, carteras, todo un marchandaissing que recuerda con gran romanticismo a una inmensa pintora cuyas obras, en el imaginario colectivo, ha quedado poco y quizás, nada.

Un 8 de Marzo, en plena marcha plagada de personas, previo a la distancia social, los barbijos y el alcohol en gel, vi una pancarta con la imagen de Frida, pero esta vez, la frase que la acompañaba era un poco distinta a las esperables, la frase en letras mayúsculas declamaba “MATA A TU DIEGO RIVERA”.

La película popularizada por Salma Hayek sobre la vida de Frida dio a conocer a grandes multitudes las vicisitudes de su existencia, el trágico accidente en el transporte público que dañaría su columna vertebral de por vida, lesión que día a día la acompañó, junto a otras complicaciones, hasta su partida (día que aquí no voy a rememorar; este revisionismo, no va por ahí). Entre otras cosas que muestra aquella película, una muy importante es su vínculo con el artista, muralista de la revolución mejicana, Diego Rivera. La película nos trae una relación de pareja con encuentros y desencuentros, cabales muestras de amor y de odio; pero como toda película de princesas, termina bien, terminan juntos, porque, para qué contar una historia de amor en la que el príncipe no da el beso que la libera de su sueño eterno. Cómo no contar que ese hombre rudo, egoísta, terminó entregando su corazón blando y enamorado.

Siento que ni es necesario poner una lupa para encontrarnos con un vínculo que la posiciona constantemente a Frida en el lugar de la mujer doliente, las cartas dirigidas a él y las mismas obras hablan de un dolor, que se hace carne, esa gangrena en sus pies. El retrato de su pasión incansable por ese artista que en su vida significaba todo, me lleva a preguntar ¿es necesario el dolor, el llanto, el sufrimiento desgarrador?

Nos criaron con los cuentos de Disney, las princesas liberadas y la magia, en torno a la imagen del hombre (príncipe) engreído, avaro, descorazonado, que luego de una revelación se convertía en ese hombre que debería ser. Cambió, ahora es un hombre atento, amable, amoroso y dispuesto, que toda princesa desea y necesita en su vida. Otra vez, ¿es necesario el dolor?

El revisionismo histórico sobre Frida Kahlo pareciera que lo hizo Cris Morena, desde las cosas que nos venden con su imagen impresa, hasta la película hollywoodense. Ya sé que no tengo que esperar nada de Hollywood, menos una revisión o mirada sobre la obra de una artista como Frida, pero, ¿cuánto tiempo más se va a perpetuar la imagen del amor puro y eterno? ¿Hasta qué punto se va a llegar con tal de legitimar la violencia machista?

-Ay Analía, estás tratando de analizar desde tu realidad y contexto un hecho del pasado, lo estas descontextualizando, y por ende, estás haciendo una reinterpretación.

-Sí, estoy haciendo eso, así que prosigo.

¿Conocés las obras “Las dos Fridas” o “La columna rota” o “Sin esperanza” o “Lo que el agua me dio” o “El venado herido”? Obras magnificas, impresionantes. Críticos de su tiempo, que la han admirado, enunciaron frases del tipo “Frida es una artista surrealista”, a  lo que ella respondió: “dicen que soy una artista surrealista, no lo soy, yo pinto mi vida, mi obra es autobiográfica”. Así de inmensa eras Frida. ¿Cómo te iban a entender? Si esos críticos y esa institución artística que te evaluaba no podía ponerse ni un por un rato en los zapatos de esa carne llena de dolor, de angustia, ese peso desgarrador, que tiene una y cada una de tus obras.

¿Cómo volver a mirar a Frida? Desde sus obras, lejos de las tazas térmicas con su foto, lejos del cuento de hadas, lejos de todo ese carnaval. Volver a sus obras, oler el dolor manifiesto, tangible, evidente, real, ésa fue Frida.

Y en el amor, vuelvo a la pregunta ¿es necesario el dolor? Nunca vi la  cara de la persona que sostenía la pancarta, pero acá, entre nosotres, descontextualizando, rompiendo, imaginando y hasta fantaseando, para mí quién sostenía, ese 8 de Marzo, la pancarta que decía “MATA A TU DIEGO RIVERA”, era Frida, la otra Frida, porque éste es mi revisionismo histórico.

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