Las mujeres en la Historia argentina: el Cordobazo

Los tiempos actuales, de ola verde y feminista, obligan a la ciudadanía y a quienes ejercemos la docencia a trans-formar nuestras prácticas, interpelar y re-visar nuestra formación ciudadana, como también recurrir a los anteojos violetas a la hora de re-visitar nuestra historia argentina. ¿Cómo leer la historia con estos lentes? ¿Qué lugar han ocupado las mujeres en los procesos históricos que han dejado una marca de época?

Esta imagen fotográfica que tantas veces hemos visto, si es presentada en dos tiempos, muestra dos recortes. Un recorte, el de la izquierda, se presenta de manera inaugural con el objeto de introducir un hecho histórico acontecido entre el 29 y 30 de mayo del año 1969: “El Cordobazo”. Esta imagen fotográfica es parte de la memoria colectiva, es conocida también por quienes estamos interesadxs en la historia, es decir, pertenece al conjunto de representaciones sociales que compartimos en el imaginario referido a este hecho histórico y la marca de época que conlleva. Lo novedoso a introducir es el recorte que logramos si observaos hacia la derecha que, en efecto, nos permite comprender la imagen completa de la marcha, la composición de las columnas y, especialmente, la presencia de mujeres.

Hacia 2019, la fotógrafa Bibiana Fulchieri rescata la imagen completa del hecho socialmente conocido y la publica en su libro “El Cordobazo de las mujeres” (Goldman, 2019). Siguiendo esta línea, Fernández Valencia (2004) destaca la indagación de una genealogía femenina, como intento de rescatar a las mujeres protagonistas que han sido parte de procesos y hechos históricos, que han sido invisibilizadas y borradas por su condición de género. En este sentido, “rescatar del olvido” a estas mujeres partícipes del espacio público, específicamente partícipes de una movilización y protesta política-contestataria, supone ofrecer una alternativa al modelo de estereotipo de mujer esperable en esa época: habitar el espacio privado, ser madre y buena esposa, ocuparse de las tareas domésticas, entre otros. El recorte de la imagen que los medios gráficos publicaron en ese entonces, supuso una selección y una fragmentación; comúnmente, la conocemos con la imagen de Agustín Tosco centralizando la protesta, liderando una columna de banderas y de varones que lo escoltan. Los medios gráficos, con el objeto de enaltecer y ubicar como figura central a Agustín Tosco, para “expresar ese universo de poder masculino” (Fernández Valencia, 2004: 118) por un lado, visibilizan de este modo la impronta masculina de la protesta, ubicando allí lo que se espera de un varón: el liderazgo, ser fuerte y valiente y, por otro lado, invisibiliza a las mujeres, ya que son borradas. He aquí cómo los estereotipos de género rigen a la hora de analizar los modelos de varón – mujer, incluso en las imágenes fotográficas.

Normativas, reglas y costumbres en cierta época dan lugar a formas instituidas de determinadas representaciones sociales, demarcando el campo de lo lícito y lo ilícito, lo esperable y lo no esperable, lo permitido y lo prohibido. Los mitos y ritos, como también los discursos, devienen en dispositivos-sostén del imaginario y se reproducen en las instituciones, en la sociedad como en la subjetividad (Fernandez, 1993). En este sentido, los discursos médicos y los discursos que emanaban de las instituciones educativas, como organismos estatales acerca de la especificidad de los dones femeninos en el área del cuidado y limpieza, como en el área de los afectos y la crianza, devinieron en dispositivos que se encarnaron en las subjetividades femeninas. El desarrollo capitalista se sostuvo a partir de la oposición productividad /feminidad desde discursos que justificaban la diferencia entre varones y mujeres, exaltando la dicotomía entre el espacio público (espacio de la producción)  y espacio privado (espacio de la reproducción). Es decir, existían espacios destinados a ser ocupados por las mujeres donde regía el saber empírico – práctico, la rutina y la ausente remuneración económica o valorización social. En cambio, el espacio público, destinado para el varón, espacio del poder, suponía un reconocimiento social y remuneración económica, donde regía un saber racional (Fernández, 1993). No obstante, es importante dar cuanta del carácter dialéctico entre ambos mundos, no dicotómicos entre sí, sino interrelacionados y complementarios. Siguiendo a Fernández Valencia (2004), es fundamental focalizar en la presencia de las mujeres en ciertos escenarios históricos-sociales, en desmedro de resaltar su ausencia; esto permite romper con lógicas binarias de mundo privado – mundo público, pasividad – activismo, masculinidad – feminidad; es decir, invita a cuestionar los estereotipos de género, incentiva a gestar nuevas preguntas y augura el movimiento y la apertura del pensamiento.

Llamamiento a quienes ejercemos la docencia

La Ley Nº 26150 de Educación Sexual Integral, creada en el año 2006, denota la necesidad de una transversalización de contenidos trabajados en el aula con perspectiva de género, interpelando tanto a docentes como a estudiantes. En esta línea, la transversalización obliga, en palabras de Rugna Cuenca (2014), a hacer uso de la creatividad; la utilización de recursos como la imagen aquí analizada resulta oportuna al momento de trabajar en el aula, ya que permite poner en tensión lo aprendido, invita a cuestionar la cotidianeidad y el conocimiento imperante, los discursos sociales y científicos, que rigen nuestra forma de pensar y analizar el mundo.

El recurso de la imagen como fuente histórica deviene en una herramienta fundamental al momento de planificar clases en un contexto socio histórico mediatizado, donde lo escrito (el libro) ha perdido la centralidad en la transmisión cultural. También, a la hora de programar una clase de historia, ya que permite construir puentes entre el tiempo pasado y el presente, habilitando así la construcción de relaciones entre la imagen y los hechos históricos trabajados. Abramovski (2006) plantea que es posible pensar en el uso del material visual al momento de planificar clases, especialmente de la disciplina historia, con el fin de buscar un más allá, una invitación a cuestionar lo aprendido; es decir, desde el aula proponer un nuevo registro a partir del armado y desarmado de imágenes, de los saberes previos y asociados a ella, como incluso invitar a (re) conocer nuevas miradas.

Llamamiento a la ciudadanía

Resulta importante revisar –y visibilizar- las trayectorias de aquellas mujeres que se distanciaron del mandato de maternidad y conyugalidad, aquellas que apostaron por tomar las calles, por ocupar el espacio público. Los relatos y narrativas históricas han invisibilizado la participación de (aquellas) mujeres que con-movieron estereotipos de género. En este sentido, apostar por una historia que recupere el accionar y presencia de (aquellas) mujeres en procesos históricos que han dejado marca en nuestra historia nacional, construye condiciones de posibilidad y habilita potenciales identificaciones, caminos y deseos, posibles otros devenires.

Referencias:

  • Abramovski, Ana (2006). El lenguaje de las imágenes y la escuela. ¿Es posible enseñar y aprender a mirar? El Monitor, 13. Disponible en: http://www.me.gov.ar/monitor/nro13/dossier2.htm
  • -Fernández, A. M. (1993). La bella diferencia y Hombres públicos-mujeres privadas. En Fernández A.M. La Mujer de la Ilusión. Buenos Aires, Argentina: Paidós, pp 27 – 58 y 133 – 158.
  • Fernández Valencia, Antonia (2004) Las mujeres en la Historia enseñada: género y enseñanza de la Historia. Clío & Asociados. La Historia Enseñada, 8, 115-128.
  • Goldman, T. (26 de mayo de 2019) Una reivindicación de las trabajadoras que la historia invisibilizó. Tiempo Argentino. Recuperado de https://www.tiempoar.com.ar/nota/una-reivindicacion-de-las-trabajadoras-que-la-historia-invisibilizo
  • Rugna Cuenca, Cecilia (2014) Feministas en sus zapatos: historiografía y enseñanza de la Historia”, Clío & Asociados. La Historia Enseñada,  18, 216-232. 

Texto: María Antonela Amore. Profesora de historia en nivel secundario y Lic. en psicología. Vive en José C. Paz. Instagram @marantoam

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