Una vejez amorosa y en compañía

Llamé a Miguel una tarde muy soleada, hace unos meses y vi, por primera vez, su sonrisa de bienvenida. Él se presentaba como un hombre tranquilo que no tenía ningún problema en su cotidiano, que no tenía dificultades en absoluto con su casa, ni con la comida, ni con nada. Lo que podría ser cierto; no todas las personas mayores tienen por qué enfrentar complicaciones en sus ocupaciones. A medida que iba diciendo que no tenía problemas, incrementaba su tono de voz, se lo podía observar nervioso. Hablamos un poco de las cosas que le gustaban a él, de sus canciones favoritas, se fue sintiendo más cómodo y compartimos artistas preferides, hablamos de fútbol, de extrañar, de sus hermanos, de lo inesperado que es el hoy. Hicimos ejercicios de memoria, nos reímos un rato y pasamos la primera jornada. De a poco, en la sesión, entre charla y charla, pude ir evaluando sus rutinas. En la siguiente sesión, abordé directamente el tema de los hábitos, sus actividades diarias, etc. Pudo contarme que estaba teniendo dificultades para realizar las actividades del hogar, en especial cocinar, ya que su hija antes de la pandemia siempre le llevaba la comida o lo invitaban a comer a la casa de ella y su familia. Eso era doblemente importante: hablaba de la alimentación, pero también de perder el vínculo presencial frecuente.

El celular pasaba a ser un objeto de amor/odio, así como la computadora; por un lado, facilitadores, pero por otro, poco accesibles.

Está claro que no todos los encuentros eran para abordar lo mismo; había días que eran una negación sobre lo que teníamos que trabajar y entonces, buscábamos una alternativa acorde a esa necesidad que emergía. Ahí adivinábamos temas musicales o completábamos frases, esta actividad era una de sus habilidades, lo sé. A veces, solo me pedía que lo escuchara; otras organizábamos búsqueda de recetas y armábamos actividades familiares.

Empezamos a organizar actividades que tenían que ver con la cocina. A pensar recetas y menús. Una actividad postergada y también necesaria en este escenario de pandemia y soledad. Pero no era solo cocinar y ya; era aprender a buscar información en el celular, encontrar Wifi, buscar las recetas, escucharlas o leerlas, realizar y coordinar con su hija las compras -sin salir de la casa-, trabajar sobre la resolución de problemas frente a lo que había o no había. Un montón de nuevas cosas de que ocuparse, tan solo con cocinar.

Las actividades con un propósito y un significado nos otorgan una gran posibilidad de estimulación y entrenamiento, con un alto grado de compromiso. Porque son actividades que nos interesa realizar y en ellas ponemos nuestro deseo. Hay veces que las labores no se pueden realizar como antes, cuando se era más joven, pero se pueden seguir haciendo de otra forma. Esa forma se puede adaptar a las necesidades de cada persona. Miguel, para cocinar, necesitaba tener escrita la receta y así poder realizarla. Él ahora lee y  tacha los pasos para poder recordar qué es lo que sigue; también tiene escrito cómo usar el buscador en su celular y algún que otro cartel recordatorio en la cocina o habitación. Armamos un cronograma, que le permitió organizar las comidas y un horario de almuerzo y cena. Trabajamos en red con su hija y nietes para que, un día a la semana, pudieran realizar una comida juntes; y de esa manera, darle un encuadre aún más potente al momento de la alimentación en estas circunstancias.

El uso del celular volvió a conectar a Miguel con su amor por la música y lo acercó a su instrumento, la guitarra. Así fue cómo se introdujo en el cronograma cotidiano tener un día y horario establecido y tomar clases por zoom para aprender un nuevo manejo del instrumento.

En este momento, estamos trabajando la motricidad fina, con el fin de fortalecer la musculatura que utiliza en las clases de guitarra, realizar estiramientos y proteger sus articulaciones. Hablamos con su profesor sobre cuál es la mejor manera de enviarle la información y qué canal usar para comunicarse mejor con él. Miguel se está fabricando un atril, vamos yendo para su mismo lado.

En algunas oportunidades, las sesiones también fueron con su hija, o con sus nietas. En ellas abordamos las preguntas sobre el estado funcional y cognitivo, estrategias para comunicarse o cómo podían colaborar, qué modificaciones debían realizar en su casa para que sea un lugar más seguro y cómodo, sin obstáculos para el desplazamiento y ofrecerle a Miguel una mayor calidad de vida.

El sentido está en el deseo, en las actividades con propósito y en los proyectos personales de cada ser. Buscar, encontrar y, de ser necesario, adaptar. Todes merecemos realizar actividades que hablen de nosotres, que nos identifiquen, que nos empoderen y favorezcan el desarrollo de una vejez como una instancia amorosa y no amenazante.

Texto e imagen: Cristyn González. Artista visual. Productora de contenidos y Organizadora de Eventos. Terapista Ocupacional especializada en Gerontología MN2523. Formada en Neurocognición. Se encuentra realizando la Diplomatura de Arte en Territorio. Integrante de Mutágenas Artistas Feministas del Conurbano. Autora del Libro digital “Elektra, Psicoamor en Cuarentena”. Próximamente, lanzará su nuevo libro “Gorda Ortodoxa”.
Ig @toengeronto E-mail toengeronto@gmail.com

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