Curso exprés para conocer los mitos de las feminidades (y sus efectos en nuestras vidas) Pasividad erótica


Y ustedes me dirán… “sigo como 20 sexologues en Instagram!”, “tengo sexo con quien quiero y cuando quiero!”, “elijo mi propio método anticonceptivo!”, “sé que no es no”, “sé que mi cuerpo, mis reglas”, “me proveo mis propios orgasmos”. ¡Ojo, mujeres urbanas! Que no les suceda a ustedes, no significa que esto no pase. Así que, denme una oportunidad, les prometo que durante la lectura van a encontrar algo que les resuene.

¿Qué de lo simbólico de este mito opera en nosotres y nuestros modos de vincularnos? ¿Cómo nos sentimos encarnando “lo pasivo” en el mundo? Porque cuando pensamos en lo erótico, no solo nos referimos a “lo sexual” (aunque no es sin lo sexual, claro), ya que lo que desde el psicoanálisis llamamos pulsión de vida o eros, engloba a todos aquellos impulsos y conductas que motivan nuestra supervivencia, sin renunciar al placer y sumando a la sensación de bienestar (Castro Arbeláez, 2019).

Arranquemos retomando un poco de la historia para entender en qué consiste este mito

Ana Fernández (1992), nos cuenta que “Un erotismo que estereotipa los lugares pasivo y activo en mujeres y hombres respectivamente necesita de mujeres que se posicionen de manera heterónoma, esto es que dependan de la iniciativa de su compañero, para iniciar y desplegar sus juegos eróticos, que él descubra, adivine e induzca placer en ella. Necesita de mujeres cuyo placer erótico siga el ritmo del erotismo masculino; que, al estar en nuestra cultural tan estructurada en clave fálica aleja, exilia a tantas mujeres del descubrimiento de sus potencialidades de placer.” Asociar la sexualidad a este pene erecto que nos elige y nos penetra, deja fuera del juego espacios de goce y disfrute que nada tienen que ver con esa imagen en bloque (Hercovich, 1992) de cómo debería ser una relación sexual. Invisibilizando, por ejemplo, la existencia del clítoris, que es única y exclusivamente para el placer sexual y no requiere penetración.

La pasividad femenina encuentra una lógica relacional en el sostenimiento de la fragilidad masculina: cualquier muestra de acción, autonomía o conocimiento pone en jaque lo que se considera propiedad de la masculinidad hegemónica. Entonces, qué mejor que propiciar ignorancia respecto a nuestro cuerpo, modos de erotismos, deseos y posibilidad de prácticas. Quedamos ancladas en una lógica de ignorancia, inacción y construcción de un imaginario en que lo ideal es lo Cis hetero normado; planteando la feminidad como pasividad ante encuentros sexuales con varones y asexualidad en cualquier situación en que este varón no este presente. Mientras, la actividad masculina/pasividad femenina se justificarán con argumentos divinos, biológicos, psíquicos según el discurso que mejor se adapte a cada momento histórico (Fernandez,1992).

Aprendemos a “ser de sí” o “ser de otro” según nuestro género. Habitar la feminidad se asociará a “ser de otro” con el fin de sostener la familia monogámica y tradicional. Recordemos la división sexual de los mundos público-privado y el reparto de roles que nos dejó puertas adentro, como cuidadoras y criadoras.

En la construcción del concepto de descendencia legitima, junto a la “expropiación” de los úteros como un bien estatal, la sexualidad femenina fortalece su lógica de ser susceptible de control y prohibiciones.

Luego de la inquisición y con la aniquilación de varios movimientos entre los que se encontraban, por ejemplo, los herejes con una lógica de la sexualidad sin restricciones genéricas (Federicci, 2004); asociando a las brujas a la hipersexualizacion producto de posesiones demoníacas, se construye en contraposición “la buena mujer”, madre, tranquila, anclada en el mundo privado, pasiva y con una sexualidad que no le pertenece, provista por el varón que la elija y represente en el mundo público, otorgándole los bienes económicos sexuales y simbólicos.

El fin del rol de este tipo de feminidades será asociado únicamente a producir y cuidar la descendencia legítima. Se desdoblará en los varones, por un lado, la elección de una “mujer oficial y madre de sus hijos” y por otro lado, las “mujeres no oficiales” con quienes vivirá su sexualidad erótica, quienes no serán reconocidas, se mantendrán en la clandestinidad, “malas mujeres”, quienes serán perseguidas, expulsadas y vivirán generalmente en la clandestinidad y la pobreza. Recordemos también que el Estado subsidiará, a partir de este momento y por un largo periodo, prostíbulos donde se encontrarán los varones de todas las clases sociales, armando cofradías que los unirán en tanto género sin importar su origen socio económico (Federicci, 2004).

Resumiendo hasta acá, la pasividad erótica consiste en la idea de pensar nuestra sexualidad como otorgada solo por el saber masculino y asociada a la maternidad como fin último. Ser elegidas por un varón como objetivo, para lo cual deberíamos mostrarnos desconocedoras del mundo, como algo que nos hace más valiosas. Se genera la identidad de mujeres hegemónicas como “buenas-pasivas” que se mantienen en el mundo privado, con anatomías castradas, en falta, incompletas; mientras las malas-hipersexualizadas, que circulan en el mundo público, no serán elegidas oficialmente. Asimismo, el mito plantea que ambas son para la función de satisfacer a las masculinidades, siempre leídas en clave del heteroCIStema penecentrista. Otra vez se invisibilizan las formas en que podemos ser mujeres, nuestras infinitas anatomías, sentires y deseos.

Entonces, se construye la idea de que las mujeres y solo ellas portan vagina, que los varones cis portadores de penes como símbolo de poder y control, usan como receptáculo. Quizá por eso, las feminidades con pene incomodan tanto, ya que una mujer “tiene que ser pasiva”, sin señales de algo que simbolice la actividad. Otra vez se asocia anatomía – órganos – identidad – prácticas – prohibiciones. Se busca pensar que las mujeres que portan pene deben anularlo, construir en su lugar una vagina simbólica o real, sinónimo de pasivizarse. ¡Qué miedo dan los penes en cuerpos de mujeres! ¡Y que miedo dan las mujeres ocupando lugares de poder! ¡Qué miedo dan las mujeres activas que se hacen notar! La respuesta es propiciar nuestra ignorancia (porque ¿qué posibilidad de elección hay ante el desconocimiento?) y juzgar o castigar cualquier rasgo que muestra lo contrario a la pasividad.

¿Cómo aparece la pasividad erótica en la actualidad?

Retomemos la premisa de la sexualidad como penecentrista: pene erecto, que penetra alguna parte de otra persona, a esto le agregamos un poco de cis heterónoma y paki centrismo. Ahora, pensemos en la cavidad vaginal como un receptáculo preparado para recibir un pene erecto, consideremos todo lo que se construye socialmente alrededor. ¿Como se cría en torno a la ignorancia de nuestra propia sexualidad, nuestra anatomía y los modos en que podemos habitar espacios placenteros? Escuchamos hablar de la anorgasmia, la frigidez, la falta de lubricación vaginal. Toda gira en torno a la falla, falta o el desconocimiento.

Consideremos la amplitud de esto que pareciese limitarse a la sexualidad y cómo nos constituimos en tanto la quietud, la fantasía de una incapacidad de acción. No habitar nuestra corporalidad, estar subjetivadas para dar placer, pero no para recibirlo. Se trata de encuentros sexuales en que terminamos no entendiendo bien qué tenemos que hacer o sentir; se trata del mito de la virginidad taladrando las cabezas, aunque pensemos que este no opera más, se trata de no saber o no decir que sabemos para no ser juzgadas. Aducir una cisheterosexualidad per se, que engloba el hecho de tener una vagina esperando a un varón que nos va a enseñar qué tenemos que hacer con ella.

La masturbación femenina aún es tabú; la autoexploración solo aparece asociada a cuestiones de salud. Muchas mujeres con vulva y clítoris aún desconocen sus funciones y potenciales. Nos resultan atroces las prácticas de clicterectomía en Oriente, pero ¿qué hay de la clicterectomía simbólica en occidente? (Fernández, 1992), que anula nuestra capacidad erótica.

Mientras tanto, nos preparan para recibir a un varón cis en total desconocimiento de nuestro cuerpo y sexualidad, un varón que podrá moldear esta “tábula rasa” según sus deseos y gustos. Quizás actualmente en sectores urbanos, algunas feminidades pueden habitar sus corporalidades y sexualidad de manera más libre y autónoma, sin asociarla a los parámetros de la cis hetero sexualidad pasivizante; pero, aun así, y evitando caer en la generalización centrista y en realidades individuales, insisto en considerar que es un privilegio de pocas. Aunque pensemos que ya no sucede, seguimos encontrando sesgos en los discursos cotidianos sobre lo que se espera de las feminidades en tanto actividad y pasividad sexual.

¿Como impacta en nuestras vidas?

El mito de pasividad erótica construye y sostiene la fragilización, la sensación de no ser capaces de abordar el mundo en general, mientras invisibiliza todos aquellos espacios construidos y sostenidos a lo largo de nuestras vidas. Impacta la consideración de la culpa cuando la vida sexual se torna activa, placentera y diversa. El objetivo se centra en desconocer, mantenernos en la ignorancia e impedir los encuentros y el armado de redes, a través de la construcción de otros mitos que refuerzan la pasividad mediante la soledad (por ejemplo: “las mujeres somos complicadas”, “no sabemos tener amigas”, “somos envidiosas con otras mujeres”). Para ser juzgadas cuando tomamos la iniciativa, cuando elegimos modos de vinculación no monogámicos, cuando usamos nuestros penes en los encuentros sexuales, cuando nuestro fin no es el encuentro para embarazarnos, cuando no queremos nada más que el encuentro sexual, cuando aún en una pareja hetero y monógama no queremos ser las que esperamos la iniciativa sexual de nuestros compañeros.

Y no creamos que todo esto es gratis, genera una presión social directa e indirecta en todos los géneros, ya sea porque tenemos que mostrar que no sabemos y no queremos saber, o porque sos varón cis y tenés que demostrar que sabes mucho y que te “encantan todas las minas…y querés penetrarlas con tu pene a todas”. Además del impacto en la construcción de culpa cuando la vida sexual se torna activa, placentera y diversa. Para usar nuestra “actividad” o “pasividad” para construirnos como buenas o malas víctimas (Arduino, 2014) con un tribunal diciendo si merecíamos mucho, poquito o nada ese castigo que el sistema patriarcal nos propicia. Considerando qué tan buenas y calladitas éramos, si hacíamos bien las cosas.

¿Como trasciende la pasividad erótica?

¿Qué pasa cuando se nota nuestro existir, cuando habitamos las calles, cuando pasamos a la actividad? ¿Y cuando denunciamos las violencias e injusticias? ¿Qué pasa cuando estamos unidas?

Se espera que las feminidades seamos pasivas en todos los aspectos de nuestras vidas, no solo en torno a la sexualidad. Debemos ser pasivas en el modo de vestirnos, de hablar, de movernos, en el lugar que ocupamos en el espacio, debemos ser pequeñas y delgadas, ocupando mínimo lugar en el espacio, imperceptibles. Que se nos escuche poquito, que no moleste nuestra presencia, que no se note que existimos. Claro que esto impacta directamente en la construcción de nuestra autonomía, en la capacidad de toma de decisiones, en las posibilidades para construir ciudadanía. Con la idea de que siempre va a ser mejor que otre dirija nuestras vidas, que nos diga qué y cómo hacer.

La fantasía que plantea el no tener un varón al lado, como sinónimo de soledad, nos lleva a tolerar muchas veces situaciones de gran sufrimiento. La dificultad para dar ese paso, empezar a estudiar, manejar nuestra economía o un auto, decir que no, eso también es el mito de la pasividad operando en nosotras. Se arma el mito de no ser capaces, no tener la potencia ni energía suficiente, borrando con esa afirmación toda huella de los espacios que ocupamos. En una asociación directa de feminidad – pasividad – incapacidad – miedo.

La pasividad no es solo erótica, trasciende, salpica todos los rincones de nuestra vida y nos hace habitar el mundo con miedo, como si no fuéramos capaces de lograrlo. Miedo a intentarlo y ser las locas, las brujas, las malas, las feminazis.

La pasividad genera que se hable sobre nosotras, nuestros cuerpos y nuestras vidas, como si realmente no existiéramos, como si se sucediera un feminicidio simbólico. “Esto es parte importantísima de la construcción de la Mujer de la ilusión, esencia femenina, más madre que mujer, más objeto que sujeto erótico, más pasiva que activa, más partenaire que protagonista.” (Fernández, 1992). Así, aprendemos a ser pasivas desde pequeñas, quedarnos quietas y calladas, vestirnos con ropa poco adecuada para los juegos en que los cuerpos se despliegan.

¿Y entonces qué?

Cada vez que sientas que no vas a poder, que no sos capaz de lograr algo, cada vez que dudes de tu propia capacidad, cada vez que tengas miedo de hablar de tus ganas o no ganas de algo, acordate de toda esta historia y mandatos que nos metieron en la cabeza y el cuerpo, acordate que no somos eso que nos dijeron.


Referencias
Fernández, A. M., 1992. La mujer de la ilusión. Paidós. Buenos Aires Argentina.

Castro Arbeláez, M. A., 2019. Pulsión de vida o eros: ¿qué es?. La mente es maravillosa.Recuperado en: https://lamenteesmaravillosa.com/pulsion-de-vida-o-eros/

Federicci, S., 2004. Calibán y la bruja. Traducción al español. Ed. Traficante de sueños. Madrid, España.

Hercovich I., 1992. De la opción “sexo o muerte” a la transacción “sexo por vida” en Fernández A., 1992. Las mujeres en la imaginación colectiva. Paidós. Buenos Aires, Argentina.

Arduino, I. 2014. La mala Victima. Revista Anfibia. Buenos Aires, Argentina. Recuperado en: http://revistaanfibia.com/ensayo/la-mala-victima/

Ruiz Marull, D. 2018. Toda la verdad sobre la ablación genital femenina. La vanguardia. recuperada en: https://www.lavanguardia.com/vida/20180504/443242463041/ablacion-mutilacion-genital-femenina-etiopia.html

Texto: María Luján Costa. Licenciada en psicología (Universidad de Buenos Aires). Diplomada en género, sociedad y políticas (Flacso). Docente Cátedra “Introducción a los estudios de género” D. Tajer (Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires). Adjunta Cátedra “Perspectiva de género” D. Tajer (Facultad de Psicología, Universidad ISALUD). Red de Psicologxs Feministas. Miembro de Spot Consultora en género y diversidad.

Obra visual: Flor Venditti. Ilustradora y diseñadora de indumentaria (UBA). Instagram: @florilustrame

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