Curso exprés para conocer los mitos de las feminidades (y sus efectos en nuestras vidas) Mujer = Madre

¡Aviso importante! Hasta mitad del relato todo te va a oler a paki cis clase media… tranquile, aguantá que después la cosa afloja.

Para ser mujer hay que convertirse en madre… una verdadera mujer es madre o primero se es madre para ser mujer… o ser madre es como un nivel superior, una súper mujer, “LA” mujer.

Analicemos este mito….

¿En qué consiste? En la afirmación de que para ser una verdadera mujer tenés que ser madre. Pero además, no cualquier tipo de madre. Una madre que fue “fecundada por amor”, que gestó (aun sin haber planeado esa gesta), que parió y que amó a ese bebé desde el primer momento, se conectó con él, sus sentires, sus necesidades, como nadie más lo volverá a hacer en su vida, que se postergará para priorizar el cuidado. A este modo lo llamaremos “maternidad hegemónica”.

Un poco de historia

Antes de la revolución industrial, las familias eran extendidas, se tenía muches hijes, poques llegaban a la adultez. En los sectores populares se criaba en grupalidad, en una misma casa convivan varias generaciones y les hijes tenían la función de trabajar la tierra o la producción familiar (Schmukler, 1982[1]).

En América, las comunidades también crían en red y les hijes son hijes de las tribus.

En los estratos más altos, los cuidados estaban en manos de nodrizas durante los primeros años y luego, a cargo de criadas o en colegios donde les niñes vivían hasta la adultez.

En 1651, entre otros hechos importantes (y ya habiendo ocurrido gran parte del proceso de inquisición, como así también el genocidio y esclavización en América y África), Williams Harvey descubre la función del óvulo en la fecundación[2]. Dicho descubrimiento conlleva el enaltecimiento del rol de “La mujer” en este proceso, a lo que se suma la exaltación de la figura de la virgen María (Fernández, 1992[3]), o sea, se piensa la maternidad como algo sagrado.

Se empieza a construir la demonización de la sexualidad por fuera de lo hétero con fines de fecundación (claro que esta regla, aburridísima por cierto, solo corre para quienes portan úteros, para que los varones “fecundantes” así aseguren la legitimidad de su descendencia).

La maternidad empieza a ser algo sagrado y los úteros “propiedad del Estado”[4], en una linealidad asociativa y argumentativa que contiene “maternidad- crianza – feminidad  – vida”.

De ahí en más, podemos reconocer una larga historia en que la sacralización y regulación de la maternidad estuvo bajo control del Estado, según la necesidad de cada momento y en nombre de “la religión”, “la píldora anticonceptiva como símbolo de la liberación femenina[5]” o el argumento que mejor les encajaba en las necesidades políticas, económicas, bélicas y/o médicas de ese momento.

Con el avance de la modernidad (revolución industrial y revolución francesa de por medio) y la migración del campo a las grandes ciudades, la familia nuclear[6], con la base de la unión en el amor y las libertades de dos personas que “elegían” este proyecto de vida, construye una división sexual de los mundos público y privado.  Para que los varones circulen por el mundo público, que a su vez es el más valorado y sean productivos; las mujeres serán “las reinas del hogar”, así esos úteros están a salvo, mientras por amor (ya lo veremos en la última entrega) se realizan las tareas de cuidado, crianza y domésticas.

Pero pensemos cómo se plasma hoy este mito

Los medios te bombardean con mamás modernas, que viven a full, pero disfrutan de todo aunque siempre estén al borde del colapso. Cuerpos hegemónicos y estéticos, en los que no se perciben rastros de embarazos o agotamientos. Nada que dé cuenta de alguna connotación negativa en torno a esto.

Aún hoy, el mandato de la maternidad es algo latente, algo que interroga, que se analiza y se pregunta; su negativa se cuestiona, su afirmación se festeja. Aun hoy, a las mujeres cis se les pregunta en una entrevista de trabajo por sus planes de embarazarse.

Aún se asocian la maternidad y la feminidad, usándolas como sinónimo de crianza y cuidados, invisibilizando, demonizando o patologizando todas aquellas instancias en que el sistema MUJER CIS – ENCUENTRO SEXUAL – EMBARAZO – GESTA – PARTO – CRIANZA no siga una sola línea sucediéndose unos a otros estos pasos, como obligatorios e ineludibles. Aún ponemos en duda y medimos qué tan mujer es una mujer (como si eso fuese medible).

 ¿Quiénes quedan fuera de esta ecuación?

Quienes maternan o crían sin gestar ni parir; quienes crían sin maternar; quienes se embarazan y deciden no gestar; quienes se embarazan y gestan, pero no crían.

Quienes no portan útero (por una histerectomía o simplemente por haber nacido sin él).

Quienes se embarazaron sin “hacer el amor” (porque solo tuvieron sexo).

Quienes se embarazan por medio de la violencia o de un tratamiento de fertilización.

Quienes transitan la menopausia.

Quienes aún no iniciaron su ciclo menstrual, o nunca lo iniciarán.

Los varones con capacidad de gestar.

Les no binaries.

Les intersexuales.

Quienes no lo eligieron, aun cuando tenían la posibilidad de hacerlo.

El mito deja solo una pequeña puerta para que pasen solo poques, pero con un discurso que impulsa a ser madre hegemónica a como dé lugar; todo lo que no cumpla con esos parámetros es visto como una falla.

¿Cómo trasciende este mito?

Se espera que maternalicemos todos los vínculos, con les hijes, las amistades, las parejas, en nuestros trabajos; que cuidemos amorosamente, que criemos.

Maternalizar los vínculos, en general, nos lleva a un agotamiento mental y físico en plus, el plus que se deposita en cualquier tarea extra que implica postergarnos en pos de otres, aun cuando no lo deseemos. Cuidar a alguien o algo, lo que sea, para satisfacer esas ganas locas que deberíamos tener de cumplir con esa tarea, que sería destino ineludible para unes (quienes portan útero) y algo prohibido para otres. Tarea que a la vez es descalificada y desvalorizada…¡lindo combo de mensajes contrapuestos a nuestro psiquismo! Sería algo así como: “¿Tenés útero? Entonces, tenés que ser madre. Tenés que embarazarte, tener hijes y criarles con mucho amor, pero tené en cuenta que eso que te pedimos que hagas, no tiene valor para nuestra sociedad.” Confuso, ¿no?

El mandato es mostrar a quienes portan útero, y solo elles, como mujeres y, por ende, potenciales madres, amorosas y cuidadoras, que se resignan en pos del bienestar de la familia, para que no queden dudas de que “somos verdaderas mujeres”, que tenemos esa capacidad de criar y brindar amor a quienes nos rodean. Que no se ponga en duda que “somos buenas mujeres”, para no quedar del lado de las putas, las malas, las que no van a ser elegidas por ningún hombre, las que no elegirían a un hombre.

¿Y qué pasa si decidís maternar aunque no puedas o no quieras gestar? Las miradas de sospecha, el discurso de la “artificialidad del vínculo”, no ser suficientemente madre. Mientras tanto, Mariela Muñoz crió de 17 hijos, no gestó, ni parió a ninguno[7], ni siquiera tenía útero, porque fue una mujer trans, pero aun así fue su madre. Su historia es motivo suficiente para que dejemos de asociar un simple órgano a una capacidad que pueden desarrollar las personas en general.

Con ese miedo crecemos, sintiendo la mirada acusadora. Con el miedo permanente de dar un paso en falso, con miedo a ser calificadas de “falsas mujeres”, como si eso realmente existiera. Miedo a no saber cómo hacer, a no sentir esa conexión, a no desear ese rol, a desearlo por fuera de la hegemonía, a cometer errores, fallar como madres y por ende, como mujeres.

El cuidado amoroso y respetuoso de quienes nos rodean, criar a otres, no viene envasado en un órgano, sino que se transmite y aprende, “viéndolo como”, “jugando a”, no recibiendo un discurso que demoniza y desvaloriza estas tareas.

Propiciemos vidas en que la capacidad de elegir este rol u otros sea justamente eso, una elección sin juicio de valor, sin la mirada acusatoria, sin manuales.

Regalemos muñecos en la misma medida que otros juguetes, para que les niñes que nos rodean pueden tener también ese juego como opción, sin importar su género, sin importar si el día de mañana criarán o no, porque así estaremos acompañándoles en el desarrollo de la capacidad de cuidar a otres.

Reclamemos políticas públicas que garanticen cuidados para quien los requieren y para quien los propicia, entendiendo que la capacidad de cuidar no es incondicional e inagotable.

Derribemos, desde el discurso y las prácticas cotidianas, los estereotipos que nos colocan en ciertos lugares que, a la vez, son motivo de risa o bromas, porque ¿quién no escapa con tono de burla a los grupos de whatsapp llamados “de madres”?

Los mitos ubican a las madres hegemónicas como la opción primera para criar y cuidar; los otros modos, los otros roles son las alternativas cuando eso falta, como si nadie más pudiera hacerse cargo correctamente de esa tarea.

Por eso, deconstruir este mito es responsabilidad de todes. Habitando los espacios que nos convocan a cuidar y criar. Porque la vida “debería ser una escuela de cuidados”[8] sin que esto sea un destino ineludible para ciertas identidades, sino una opción  más y una tarea de todes.


[1] “Familia y dominación patriarcal”

[2] Recuperado en: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/edad-moderna/20180711/47310466124/los-tres-descubrimientos-de-william-harvey.html

[3] “La mujer de la Ilusión”

[4] En sentido simbólico pero también político, se pierde la autonomía uterina.

[5] La píldora anticonceptiva que marcó un hito en la liberación sexual de las feminidades cis, blancas, heterosexuales; fue en paralelo un método de control de natalidad no consentido para comunidades americanas y africanas.

[6] Padre, madre e hijes.

[7] https://ahoraonline.com.ar/contenido/2048/mariela-munoz-murio-acompanada-por-sus-17-hijos

[8] Documental “La locura y la norma”, 2019.

Texto: María Luján Costa. Licenciada en psicología (Universidad de Buenos Aires). Diplomada en género, sociedad y políticas (Flacso). Docente Cátedra “Introducción a los estudios de género” D. Tajer (Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires). Adjunta Cátedra “Perspectiva de género” D. Tajer (Facultad de Psicología, Universidad ISALUD). Red de Psicologxs Feministas. Miembro de Spot Consultora en género y diversidad.

Obra visual: Flor Venditti. Ilustradora y diseñadora de indumentaria (UBA). Instagram: @florilustrame

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