8M – Acá estamos, acá luchamos

Cada 8 de marzo, las consignas de reivindicación, denuncia y lucha colectiva se robustecen, desbordan los dedos de las manos, nos encuentran a las mujeres y disidencias más atentes, más enredades, más rebeldes. En las capitales y en los barrios. En los laburos, en la intimidad. Venimos descubriendo, develando, entendiendo, transformando. Todo aquello que nos fue negado, callado, violentado, sistemáticamente prohibido y obligado. Nuestros trabajos aparecen valorados como tales por nosotres y exigimos que lo sean por el Estado, las instituciones y la sociedad toda. Las violencias que sufrimos perdieron su estatus social de pasiones individuales, de injusticias particulares; es el patriarcado y sus mecanismos de dominación. Que no nos vengan más con justificaciones. Es un camino a veces abrupto y otras lentísimo, pero vamos creciendo juntes en esta revolución donde no entregaremos más nuestro protagonismo en la historia, la de grandes hitos y la cotidiana. Movemos el mundo. Ya lo tenemos clarísimo.

Empalago y bastardeo

Hace no tantos años, el 8 de marzo masivamente se presentaba –muy a pesar del hecho histórico que le dio origen a esta fecha- como un día meloso, edulcorado, de flores y halagos caretas de quienes jamás se habían fijado en sus privilegios y en sus vínculos. Hace no tantos años, nuestra realidad quedaba en el fondo del lago, decíamos “gracias” y mirábamos incómodes publicidades, pero casi sin palabras. YA NO. El feminismo, en sus diversas teorías y prácticas, en su mixtura y disidencia al patriarcado como falsa naturaleza, lo hacemos todes todos los días, quienes deseamos otra humanidad, otra justicia, otro sistema de producción y consumo, de cuidado del ambiente y de los cuerpos, otra educación, otras libertades individuales y otro ejercicio de poder, uno colectivo, cooperativo, en fin, feminista.

Ya no nos manden tarjetas virtuales, ni pongan flores en los escritorios. Nos nos feliciten por ser quienes quieren que seamos. Respeten quienes somos, que con eso arrancamos bien. El mejor regalito para el 8 de marzo es que se vayan los muchachotes a juntarse con otros muchachotes –los más reaccionarios y los más progres también, porfa- y revisen con humildad y sin autodefensa sus privilegios, que son montones y de todos las medidas. Piensen en su novia, en su hija, en su mamá y en sus hermanas, en las compas del colegio y del laburo, en las vecinas y las que cruzan por la vereda y todos los etcéteras. Vamos, de una vez, humildad y creatividad.

¡Basta de matarnos!

Este año 2021, nuevamente, es desesperante la pérdida –que aumenta, que aumenta- de cada une de nosotres a manos de un femicida, que puede ser ése u otro, tal o cual. Reiteramos: no es el individuo, es el macho criado en esta sociedad de machos donde aún la vida de mujeres, lesbianas, travestis, trans e identidades no binaries parece no valer ni una pizca de atención y ayuda, de valoración, de respeto. El Estado nacional y sus dependencias caminan parcialmente en el sentido de la escucha y la acción, pero aún no alcanza. La justicia y las fuerzas de seguridad están decrépitas y no saben más que ignorarnos o culparnos, que encubrir a los responsables materiales y políticos. Los medios de comunicación masiva quieren ponerse a tono con el movimiento feminista para no perder audiencia, pero hacen un show de nuestras muertes y pifian estructuralmente en sus discursos. No colaboran, para nada. Y en este océano de desigualdades y violencia, hacemos red entre nosotres para salvarnos. Y sin embargo, nos siguen matando. Sin embargo, continuamos perdiendo compañeres.

Es tan simple como pretender salir y regresar. Con vida, sin marcas. Es tan simple como pretender convivir sin aprietes y coerciones, sin violaciones, sin golpes. Es tan simple como poner un freno, denunciar y que se corte el círculo de violencia. Pero no, de simple sólo lo que pretendemos y debería ser. En la realidad machista e injusta en que aún vivimos, eso simple es complejo y sangra. Es tan complejo que parecemos entregades al matadero sin que nadie más que nosotres chiste o golpee la mesa. Es tan complejo que hacemos todo lo que nos indican que debemos hacer para no amanecer muertas en una zanja y no, no funciona. Es una barbaridad, una degradación. Y por ahora, posta, el único lugar seguro es estar entre nosotres, para advertir la violencia, para cortar ese hilo tenso, para darnos cobijo y trabajo, para cuidar a nuestres niñes, para sostener nuestros cuerpos sanos y vivos.

Vamos de nuevo: no es amor, es trabajo no pago

Transversal a todas las clases es esta consigna. Transversal también es nuestra tarea de cuidados en todas sus aristas. Cuidamos espacios y personas, pequeñas y mayores. Cuidamos incluso maridos, compañeros, esposos, novios y garches. Cuidamos como mandato. Cuidamos por las dudas. ¿Pero a nosotres quién nos cuida? Estamos hartas. Motorizamos infinitas horas por día la producción y la reproducción de bienes, saberes y personas. Pero nuestra paga, si es en dinero, es precaria, pues nuestras tareas aún son poco valoradas y precarizadas socialmente. Pero nuestra paga, si es en derechos, mmm aún no nos alcanza a todes y como merecemos. O sea, sí amamos, pero no por amar queremos vernos obligades a cuidar, cuidar, cuidar como un mantra para la felicidad supuesta posible futura. Es una mentira, ya fue.

Veo a mi madre y me impresiona su entrega, incluso ahora con ochenta décadas a cuesta, las piernas rotas en várices y la espalda más doblada que erguida. Su entrega a su casa; su trabajo como farmacéutica hasta finales de los ´90, malabareando para no resignar su profesión; su marido –mi padre-; sus cuatro hijes y sus siete nietes. Una entrega exigida en el silencio de la cultura patriarcal, mamada de su madre que ella misma describió como “una burra de trabajo”, transmitida a fuerza de ejemplo y repetición “deber, deber, deber”, sostener como sea. No sé si a esta altura de su vida la puedo convencer de que todo ese recorrido y ese mismo presente de entrega de su tiempo, de su cuerpo, de su fuerza creativa han sido y son trabajo no pago; que hubo y hay amor, sí, pero que tanto el deseo como el amor son dos trampas a las que hay que romperles la cáscara para hallar ese otro amor, ese propio deseo hasta donde mejor se pueda. No sé si quiero convencerla ya, pero me alcanza con verla y aprender y con observar que intuye y entiende que esto es así, aunque le desgarre el eje con que siempre, convencida de su naturalidad, vivió. Aunque no cambie materialmente nada y siga sosteniendo, cuidando. Quizás el destrabe sea que veamos intergeneracionalmente y les más jóvenes rompamos las vallas por nosotres y por elles. Ella sigue atendiendo a todes, pero yo le ofrezco mi presencia y compañerismo. Algo así, mientras aprendo a desarmar yo también, que no tengo tan clara la práctica doméstica de los límites y que quiero que mi hija sí la tenga clarísima cuanto antes.

Nos mueve el deseo, nos mueve el dolor, nos mueve la convicción y la construcción feminista

Hoy, 8 de marzo, está ocurriendo un nuevo Paro Internacional de Mujeres. Esto en sí es un alto logro, cada año con mayores adhesiones, del movimiento feminista en Argentina y en el mundo. Acá estamos y de acá no nos van a sacar, ni a ocultar, ni a silenciar. Tenemos las ideas, la fuerza colectiva y el deseo y el dolor y las convicciones para joder a este sistema capitalista y patriarcal que insiste en domesticarnos y esclavizarnos. Logramos que el aborto sea legal a finales de un año fatal como el 2020. Logramos un Ministerio de género, mujeres y diversidades. Logramos que el feminismo ya no sea una palabra prohibida para la opinión pública. Alcanzamos una agenda feminista que se amplía y visibiliza en espacios antes impensados. Revolvemos cada vez con mayor ahínco el caldo de nuestra revolución: formamos redes en todas partes para sostenernos, para denunciar las violencias; formamos redes que son compañía para preguntar y contar sin miedo, sin vergüenza; formamos redes para que el dolor por nuestras pérdidas no nos aísle ni baje los brazos; formamos redes para reclamar justicia por las víctimas de femicidio y de todos los abusos que el machismo ejerce sobre nosotres. Formamos redes porque entendimos que lo nuestro es la acción y la transformación colectivas, no el individualismo ni la mezquindad. Acá estamos y de acá no nos van a sacar, ni a ocultar, ni a silenciar.

¡Qué sea un día bien feminista, compañeres!

Texto: Pamela Neme Scheij

Fotografías: Valeria Dincoff. Docente y coordinadora del Espacio de arte Mundo Creativo. Integrante de Mutágenas Artistas del Conurbano y de la Sociedad Argentina del collage (Sac). La fotografía es uno de sus modos de registro del recorrido que va transitando en la vida. Otro es el arte plástico, a través del cual se deja llevar por la exploración y el deseo. El collage es hoy para ella una técnica infinita que la representa.

Las fotografías que acompañan esta publicación son parte de la performance territorial Tejiendo Lucha, realizada a propósito de un nuevo 8 de marzo Día Internacional de la Mujer trabajadora. Dicha jornada de arte y lucha fue impulsada por la artista visual Carla Crisantemo y ejecutada colectivamente por activistas, artistas y ciudadanas compañeras del distrito de Tres de Febrero.

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