Un Estado más feminista: tareas urgentes sobre la violencia machista y los femicidios

El femicidio de Úrsula Bahillo volvió a poner a gran parte de la sociedad y del movimiento feminista en una situación de hartazgo y de dolor inmenso. El femicida pertenece a las fuerzas de seguridad por lo que quedó expuesta la complicidad machista y el encubrimiento por parte de las instituciones policial y judicial: las 18 denuncias previas de otras víctimas, la revictimización mediática (una y otra vez). Todo el combo se dio en un caso que no es aislado pero que puso de nuevo en la agenda lo que lamentablemente seguimos viviendo día a día.

A partir de la mediatizacion de este horror, se multiplicaron las denuncias, las consultas, los pedidos de asesoramiento tanto en los niveles institucionales como en los espacios organizados que ayudan a quienes están siendo violentades de diferentes modos. El movimiento nota que no damos a basto, de que hay algo que persiste y no tiene un sólo nombre. Es el pacto de los machos, es la educación desde niñes, es la justicia y las fuerzas de seguridad en donde se concentra lo peor del poder, es la estructura del Estado, es el poder mediático que habla de violencia pero revictimiza contradiciéndose en sus mensajes. Es todos esos factores y más, combinados y potenciados entre sí.

El miedo a realizar la denuncia encuentra un justificativo que tal vez no tiene tanto que ver (como antes) con la falta de información y/o de reconocernos en una situación de violencia. Salir a decir NI UNA MENOS desde 2015 tuvo sus efectos positivos en cuanto a la desnaturalización de la violencia. Ese miedo tiene más bien que ver con que, al denunciar, muchas veces en lugar de encontrarnos con un camino de soluciones, se nos complica la vida y en todos sus aspectos. Nos encontramos con amenazas, con el juicio ajeno, con el machismo, el ninguneo y la burocracia de la justicia, la falta de acceso a un trabajo digno, a la vivienda, con la imposibilidad de obtener ayuda en la crianza de nuestres hijes para salir a hacer trámites, a trabajar, a hacer terapias (si es que logramos acceder a ellas), entre otras cosas. Y aún así el trabajo de evidenciar esta violencia, la forma en que la agenda de géneros peleó y logró un estatus visible en nuestra sociedad y la potencia sorora del movimiento feminista impulsan a más denuncias y dejan en evidencia dos problemas estructurales de esta situación. Por un lado, el sistema judicial urge ser modificado con una perspectiva feminista para que sus tareas sean efectivamente alivianar las nuestras y proporcionarnos justicia. Por otro lado, también es urgente elaborar salidas que estén abocadas a la prevención de la violencia más que a su castigo, a llegar antes de que nos suceda lo peor y por lo tanto, a nuestro bienestar y felicidad.

Los Ministerios de Género de la provincia de Buenos Aires y de la Nación fueron creados por primera vez hace un poco más de un año y estamos transitando una pandemia inesperada. Algunas propuestas se vienen llevando adelante con buenos resultados y otras son pasibles de ser criticadas de forma constructiva. Pero no podemos abocar todas nuestras críticas hacia ellos, sin mirar al conjunto de medidas, políticas públicas, presupuestos, Ministerios, poderes de Estado existentes o que deberían existir. La creación de estos ministerios son respuestas políticas, no respuestas mágicas que borran de pronto estos problemas sociales.

Algo que les feministas dijimos antes de lograr ganarle al neoliberalismo a nivel nacional y provincial fue que nuestro lugar en la política es indispensable para instalar y desarrollar un nuevo proyecto de país. Eso no se logra sólo con la obtención de un ministerio para “hacernos cargo de nuestros problemas”. También sostuvimos que no queríamos ser enviades a discutir sólo entre nosotres sobre lo que nos pasa, lo que deseamos y lo que queremos lograr. El feminismo es y debe ser transversal, un tema de todes. Por eso mismo, no es ni puede ser abordado desde un Ministerio aisladamente y tampoco se trata de ocupar lugares de poder sin un proyecto colectivo lo suficientemente claro, amplio, integral.

Dentro del feminismo, como en toda la sociedad, también están presentes tanto las miradas punitivistas como aquellas que pretenden abordar la problemática “por fuera del Estado” (aunque la mayoría de las veces todas ellas terminan dirigiendo sus exigencias hacia las instituciones). Sabemos que las derivas punitivas que plantean agrandar las penas, la aplicación de “más mano dura”, etc. son realmente peligrosas y no dan soluciones en el sentido de promover nuestro bienestar (sino al castigo luego de que éste es quebrantado). Necesitamos evitar nuestro dolor, necesitamos políticas públicas para estar vivas y sin miedo.

Sabemos también que el camino para erradicar la violencia es muy largo y está lleno de reveses pues el orden social no puede cambiarse sin un gran esfuerzo; y quien detenta un privilegio, no lo va a abandonar de buena gana. Por eso, con toda la angustia que cargamos por las mujeres, lesbianas, travestis y trans que nos faltan, hoy tenemos que redoblar la confianza en nuestra capacidad para acompañarnos mientras avanzamos en fortalecer las instituciones que supimos conquistar y transformar a nuestro favor aquellas que nos frenan y se nos oponen. No es simplemente cambiar algunas piezas de funcionamiento, el “cambiar algo para que nada cambie” que tantas veces hemos vivido en la historia. Se trata de seguir revolucionando estructuras y viejos cimientos mientras buscamos respuestas más inmediatas con las herramientas disponibles y las que vamos inventando. Se trata de discutir la violencia, pero también la redistribución de la riqueza, el acceso a más derechos, la eliminación de las brechas de desigualdad en todos los ámbitos. El movimiento feminista juega hoy un rol importante y tiene todo por hacer dentro de la complejidad del Estado en su totalidad y nuestra única opción, para no retroceder, es apropiárnoslo cada vez más.

Texto: Mariela Di Francesco. Comunicadora, madre, feminista. Militante de Mala Junta Poder Feminista y Nueva Mayoría en el Frente Patria Grande.

Obra visual: Carla Álvarez. Profesora de artes visuales, artista y mamá. Acompaña niñxs-adolescentes en aulas y espacios de taller -Taller Crisantemo-. Sus imágenes surgen como la necesidad de un grito propio y colectivo.

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