¡LO HICIMOS LEY!

Tras la media sanción en la cámara de Diputades, después de una jornada de 12 horas de exposiciones, con 38 votos a favor, 29 en contra y una abstención, el Senado aprobó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. La emoción está aún a flor de piel. Los llantos de alegría son por el resultado numérico (mucho más holgado de lo esperado), pero también por sabernos constructoras de esta historia de lucha que comenzó hace muchos años.

¿Qué palabras ponerle a esta conquista que el movimiento feminista venía buscando y que hace unos años atrás parecía imposible de alcanzar? La primera reflexión es que nunca bajamos los brazos. Y lo logramos. Nunca dejamos ni dejaremos de soñar con un país y un mundo donde los deseos propios y colectivos se conjuguen para conformar una sociedad mejor, donde las decisiones que tomamos no nos criminalicen y no nos cuesten la vida. Donde no haya niñas obligadas a gestar, parir y criar. Donde la libertad no sea aquella que propone el individualismo hipócrita, sino la que nos permita fortalecernos en comunidad.

Hay otra enseñanza importante y definitiva sobre lo que ocurrió por la madrugada: es que la acción de los movimientos sociales en sus construcciones históricas y la lucha política formal (la electoral y fundamentalmente, estatal) no están opuestas, sino que es su combinación la que marca el camino del triunfo. El movimiento construyó un reclamo, impuso una agenda y presionó desde las calles, pero el guante se recogió por les senadores, la vicepresidenta y el presidente para que la votación resultara de este modo. No fue por arte de magia que el poroteo previo, en el que se hablaba de 33 a favor y 6 indecisos, haya resultado en 38 votos a favor. Por eso es siempre importante cultivar feminismos con vocación de poder y frentes políticos que sean receptivos a estas luchas.

VENIMOS DE UNA LARGA BATALLA

La presentación del proyecto de IVE que hizo el Ejecutivo fue una promesa del hoy presidente Alberto Fernández, que se expresó a favor de la legalización en varias ocasiones. Cuando hace casi dos meses efectivamente decidió enviarlo para ser tratado junto al plan de los 1000 días (también clave para complementar el derecho al aborto garantizando xaternidades más acompañadas por el Estado), no dudamos de transitar nuevamente este debate con toda nuestra potencia. Y pese a un contexto de pandemia mundial que todavía nos queda por vencer, con todos los cuidados posibles, volvimos a las calles, a los pañuelazos, a las intervenciones en las redes sociales y en todos los espacios posibles, como siempre lo supimos hacer. Porque, pese a que algunos vociferaron que es una ley inoportuna o secundaria en este contexto, nosotres siempre supimos que es urgente y ya lo era en 2018.

Venimos de largos años de injusticias, de criminalización, de clandestinidad y de muertes. Sabemos que se producen en nuestro país entre 350 mil y 520 mil abortos por año, que muches sufren y sufrieron la criminalización y que cada año de clandestinidad se llevó a decenas de nosotres. Por eso no renunciamos nunca en esta contienda. Porque los discursos antiderechos nunca fueron sólo discursos, sino la habilitación cotidiana de la falta total de empatía y de desinterés por la vida.

No debemos olvidar nunca todo lo que nos costó llegar, y también debemos seguir avanzando para garantizar este derecho por fin ganado. Hoy celebramos la enorme trayectoria desde hace 15 años de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y del movimiento de mujeres, lesbianas, travestis, trans, no binaries y bisexuales que se masificó en 2015 con el primer Ni Una Menos. Todo lo acumulado nos permitió ser millones, demostrando en pleno gobierno neoliberal que no íbamos a frenar nunca este reclamo. En aquel entonces, frente a un Senado retrógrado y un gobierno que simplemente había “habilitado el debate”, para luego operar en contra de nuestro futuro, nos prometimos y le prometimos al sistema político que íbamos a seguir peleando. Esa fue una promesa que durante dos años, después del debate en 2018, sostuvimos intacta y que posibilitó que el feminismo fuera una parte esencial para conformar un nuevo proyecto de país: Nacional, Popular, Democrático y Feminista como dijo la entonces Senadora Cristina al finalizar la larga jornada del 8 de agosto de ese año.

Nuestra promesa tuvo que ser traducida en una promesa de campaña. A su vez, sin la decisión de quienes hoy están al mando de nuestro país, no hubiera sido lo mismo. Lo más contundente a resaltar es, sin dudas, esta hermosa combinación entre la convicción de nuestro gran movimiento feminista y la voluntad política de avanzar hacia mayores niveles de justicia social, entendiendo al derecho al aborto como un derecho humano y como una cuestión de salud pública.

Por eso tuvo un peso importante el debate conjunto y articulado entre la IVE y el proyecto de los 1000 días. Fueron los feminismos y el gobierno que impulsaba la legalización del aborto voluntario los que demostraron un plan integral para entender que se trataba de legislar contra una clandestinidad que mata. Con los 1000 días queda claro que los problemas materiales pueden ser contestados por el Estado y de lo que se trata es de que la gestación y las xaternidades sean realmente deseadas.

EL FUTURO ES HOY

A veces es muy difícil pensarnos viviendo en la sociedad que soñamos. Los desafios son tan grandes que solemos creer que las mejoras se darán en un tiempo más prolongado y más allá de nuestro paso por la vida. Por eso decimos que la Ley de IVE es un antes y un después en la historia. Porque, efectivamente ya estamos viviendo en una sociedad mejor. Y esto no es porque nos haya sido fácil acceder a esta legalización, por un optimismo exagerado o porque la vida de todes va a cambiar por completo de un momento a otro. De lo que se trata es de allanar el camino, de habilitar esos cambios a través de la acción concreta, de la organización y de los objetivos colectivos para que el Estado cumpla la función de garantizar nuestros derechos y la democracia sea cada vez más amplia y profunda.

No es cosa de todos los días volver Ley algo que hace siglos es motivo de opresión y de reproducción de las desigualdades. También sabemos que los cambios culturales profundos nos llevarán mucho más tiempo y que quienes odian, reprimen y pretenden negar derechos no van a descansar. La disputa seguirá siendo constante. Pero es bueno saber que comenzar las luchas, por más largos que se hagan los años, los pesares y las angustias tiene sentido, y mucho. Sabernos una fuerza viva, transversal y transgeneracional que no paró y que llegó hasta acá es el gran motivo para seguir encontrándonos, multiplicándonos y potenciándonos para ir aún más lejos, contra todas las formas de violencia hacia nosotres. Lo hicimos Ley, porque se lo debíamos a les que ya no están y a les que vendrán. Porque llevamos encarnadas la prepotencia y la rabia por las injusticias vividas y también la audacia, la convicción y el amor a los sueños y luchas colectivas. Porque lo que es o no posible, lo queremos seguir decidiendo nosotres.

Texto: Mariela Di Francesco. Habitante del Conurbano, comunicadora social, madre, feminista, militante de Mala Junta – Poder Feminista y Nueva Mayoría en el Frente Patria Grande.

Fotografías: BORDE colectivo fotográfico.

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