Aguafuertes bonaerenses/ Caseros/ Casi nada

La calle está en modo “aquí no ha pasado casi nada” y en ese “casi” se juega un ánimo general rarísimo. Esta es la forma medio disimulada que tengo de admitir que yo misma tuve que salir, me enrarecí, y al final pasó: cedí a la presión social.

Antes que nada, les recuerdo que allá afuera el metro y medio de distancia son lxs xadres: jugamos a que existe pero no. El ritual del alcohol en gel se mantiene de forma automática, sin sentido, y los barbijos son apenas buenos modales. Me cuidé todo lo que pude pero era difícil evitar que el simulacro comunitario de normalidad me absorbiera. Tenía que dejarme llevar o ser una paria furiosa que peleaba una vez por cuadra, cada vez que dos personas juntas se acercaban por el medio de la vereda. 

Vivo en Caseros desde que nací y salir al centro no es particularmente un recorrido que me haya entusiasmado nunca: es la salida de lo cotidiano, de llevar el pantalón a cambiar el cierre, de la parada del bondi lleno todas las mañanas, de la única farmacia de turno del barrio. 

Esta vez fue diferente y creo que todavía no puedo explicar bien cómo. Sólo pude identificar una mirada ligeramente desconfiada de todes hacia todo, una sensación de “fuera de lugar” en los comportamientos de siempre, una demora apenas perceptible en los movimientos y respuestas que antes eran automáticas. Lo que los rusos literatos llamarían un buen extrañamiento: algo conocido y familiar que se presenta de forma nueva y nos obliga a prestar atención a los detalles, a mirar de forma más pausada y reflexiva, a tener extrema consciencia de lo que hacemos mientras nos persigue la sombra de todas las veces previas que lo repetimos sin pensar.

Caseros se me impuso así de perturbadora pero más perturbadora fue la fuerza de la puesta de escena y los actores que la recorrían. Tenían una necesidad poderosa de hacerme creer que no estaba pasando nada, que nadie percibía la rareza más que yo, que no es cierto que haya cambios mínimos en las normas sociales a los que todavía no nos adaptamos. Y de a poco, sin darme cuenta, me fueron convenciendo. Pero ninguna negación colectiva, por más fuerte que sea, puede contra la realidad, que se filtra de formas incómodas a las que todavía no sabemos cómo llamar.

Allá afuera hay algo todavía. Y si no prestás atención, te arrastra a vos también.

Lourdes Funes. La de rulos. Escritora intermitente. De Caseros por parte de madre, de San Martín por parte de padre. Escribió un libro de prosa poética, “Autobiografía de una anónima” (2014). Durante el día trabaja en una oficina pero cuando cae el sol renacen sus ansias artísticas. Dice que esta vez sí se va a recibir de Licenciada en Letras.

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