Carrera hacia la hegemonía: la suma de los centrismos

En el documental “La locura y la norma”[1] una de las entrevistadas dialogaba respecto de quienes estaban en el centro y la periferia del sistema, esto me llevó a pensar cómo todes formamos parte de un juego que tiene como objetivo sumar centrismos[2]. Pene centrismo, flaco centrismo, adulto centrismo, varón centrismo, joven centrismo, urbano centrismo, propietario centrismo, euro centrismo, blanco centrismo, cis centrismo, hétero centrismo, académico centrismo, neurótico centrismo, hegemónico centrismo, centrismo en quienes andan a pie y no en sillas de ruedas, centrismos en quienes pueden escuchar o ver. ¿Cuántos más? Todos los que la interseccionalidad se anime a visibilizar.

¿Alguna vez sentiste que “el éxito” era ser, estar o tener algo de lo que justamente “carecías”? ¿Cuántas veces te enteraste de algún evento o actividad u oferta laboral, pero eran en Capital Federal y vos estabas en conurbano? O te diste cuenta que eligieron a alguien con un par de tonos más claros del piel que el tuyo. ¿Cuántas veces miraste un pantalón y pensaste que algo estaba mal en vos por no caber ahí dentro? ¿Alguna vez tu identidad te hizo sentir expulsade de algún trabajo, algún grupo, algo que tenías ganas de hacer? ¿Sentiste que llegabas tarde a las posibilidades? ¿Pensaste que “lo bueno” le pasa a personas distintas a vos? ¿Te encontraste corriendo una carrera hacia algo porque era lo que había que hacer?

Como si estuvieses descentrade, como si el mundo y la humanidad valoraran cosas que vos no tenías o no eras. Es como ser parte de un juego manejado por “alguna fuerza superior”, que tiene a sus elegides, a sus preferides y les regala las herramientas justas para el momento exacto. Les propongo imaginar un juego; de a poco, durante el recorrido, descubriremos las reglas. Algunas son más visibles, otras están escondidas. Nos encontraremos con participantes, solo algunes a modo de ejemplo, porque en el juego de los centrismos jugamos todes pero llegan poques.

Se tiran los dados, avanzás hasta un casillero que dice “sos mujer trans”. Seguís avanzando casilleros hasta que descubren tu identidad, te echan de casa a los 11 años, tenés que dejar la escuela. Avanzás algunos casilleros, jamás accedés a un trabajo formal, ejercés la prostitución para sobrevivir, el aceite de avión circula por tu cuerpo, volvés a avanzar muy lento. La policía busca tu cuerpo trans para encerrarte, alguna patota te pega en la calle como mínimo una vez por año. Morís a los 35, nadie se entera, siguen jugando.

¿Cómo funciona? Imaginate un tablero, como el del ludo o el juego de la oca, con las largadas en los bordes y la llegada en el centro. Este tablero centraliza “lo bueno” en ciertos lugares, ciertas anatomías, ciertas culturas, más elegidas y valoradas, esas características son algunas de las que permiten llegar al centro. Entonces, corrés, te esforzás para pertenecer, para parecerte a quienes llegan o para que se note poco que no te parecés, porque querés estar ahí donde está “lo bueno” ¿O creés que querés?

Sos varón blanco hétero cis, cuarenta y tantos años, avanzás muy rápido hacia el centro, avanzás de nuevo. Crecés en tu trabajo hasta un puesto de mando. Trabajás, trabajás, trabajás, te felicitan, ganas dinero, jugás a la pelota con la gente de la oficina, avanzás casilleros. Pasás a buscar a tus hijos una vez por semana, pagás la cuota alimentaria (a veces colgás, muchas veces colgás), seguís avanzando hasta el centro, solo, liviano, alguna pequeña molestia en el brazo y en el pecho. Pero no hay tiempo de ir al médico. Laburás, laburás, laburás. A veces alguna mina, y laburás. Podés llegar al centro rápido o quedarla en el camino, porque “laburás, laburás, laburás”. Llegás rápido a la meta, es como si el juego “estuviese hecho para que vos ganes”.

Entonces pensás ¿qué tengo que hacer para acercarme a esos lugares que prometen una vida mejor? Hacés un listado mental de cómo tendrías que vestirte, cuánto tendrías que pesar, qué gustos tendrías que tener, qué tendrías que esconder y dónde deberías vivir para pertenecer a esa centralidad, para ganar centrismos y tener tu recompensa. Entendés que esta valoración hace centrales algunas características. Ser del grupo de los centrados (así, con “O”) es considerado bueno y sano.

Te das cuenta que son pocos los que llegan al centro, a la meta que este juego nos impone. En el recorrido ves a quienes nunca salen de la largada, quienes quedan en el camino, quienes retroceden o pierden turnos y quienes van más lento o más rápido que vos hacia el centro.

En el juego “te toca” ser mujer cis de veinte años, hay mucha gente a tu alrededor diciéndote qué hacer, eso no te permite pensar qué querés vos, igual avanzás hacia el centro, caés en un nuevo casillero. “Si seguís avanzando sin un hombre al lado, vas a quedar en el camino”; “Si seguís engordando no vas a conseguir al hombre”. Avanzás lento porque te das cuenta que no querés conseguir un hombre, pero tampoco querés quedarte en ese casillero para siempre. Saltás varios casilleros juntos (en todos estaba la leyenda “MATERNAR + CUIDAR + LIMPIAR + SUFRIR VIOLENCIAS”), estás casada, tenés hijes, no sabés cómo pasó. Te sentís cansada y triste, no sabés por qué. Vas al médico, te recetan psicofármacos, te ganás una “etiqueta de locura”. Llegás a la meta cuando ya nadie está jugando.

Hay quienes hacen un esfuerzo extra para pertenecer, para llegar al centro que se inventaron los que saben que van a llegar sin dificultades, porque el camino está preparado para un tipo específico de persona: los que crean las reglas. Entonces, algunes ya perdemos antes de salir de la largada, algunes quedaremos en el camino, algunes llegarán ¿a qué costo? A uno alto. Cada tanto, aparecen historias pintorescas de quienes no estaban en carrera pero igual llegaron, eso nos inventa una falsa esperanza y romantiza las inequidades. Este juego no considera cuán lejos está la largada de algunes y cuán obstaculizado estuvo el recorrido.

Las reglas están hechas para que muches quieran jugar y un grupo mínimo pueda llegar, porque el centro está impuesto por quienes se saben ganadores antes de empezar a jugar. Todo se piensa desde ahí, como un chek list de los criterios a cumplir, a sumar para ser parte de la sociedad. Borrando las señales que dan cuenta del objetivo real, invisibilizar que la diversidad es lo único universal.

El juego de los centrismos justifica con azar y meritocracia a les ganadores, en una ensalada contradictoria que propicia homeostasis artificial en la que sobreviven los más aptos, se naturalizan segregaciones, se justifican abyecciones y se desvalorizan reclamos. Muchas veces, nos enfermamos por intentar ser como el sistema espera; ese esfuerzo físico y psíquico, efectos de los mecanismos de expulsión, invisibilización y demonización, van de la mano de los mitos que dicen: “quienes cumplen con las reglas son merecedores de vidas reconocidas, respetadas, valiosas”, “quienes no llegan, no hicieron lo suficiente”.

Sos Varón pobre de un barrio popular, avanzás, más lento que los varones de otras clases sociales pero más rápido que otras identidades. Llegás a la adolescencia, te mata la policía. Estás fuera del juego.


En esa operatoria algo no cierra, en algún momento sospechamos que nada es azar, sino construcción e intereses subyacentes. Saber que es construcción nos permite romperlo todo y volver a construir, horizontal, diversa, amplia e interseccionalmente, para pensarnos descentradamente. Para no correr hacia un falso ideal que no nos representa.

La  carrera hacia el centro tiene costos en nuestra salud mental, nos desenfoca, generando la sensación de estar en permanente falta, de no ser lo suficientemente buenes para algo que no sabemos qué es. Entonces, cuestionemos lo que podamos, para encontrar nuestro propio centro o, mejor aún, vivir descentrades. Así los centros ya no serán objetivos, para descentrar nuestras cabezas y el mundo. Linda frase con gusto a utopía, lo sé.

Casillero “homosexual”: quedás encerrade en el closet hasta el final del juego.

Sos migrante, la segregación y discriminación hace que pierdas varios turnos, impide que avances a la misma velocidad que otres.



Participar de una carrera hacia los centros nos obliga a correr hacia el cumplimento de objetivos que, en nombre de la igualdad, nos universalizan y borran las diversidades. Dando por sentado que todes deseamos lo mismo, que cumpliendo con las reglas de “los buenos centristas”, vamos a llegar a alguna meta, con la promesa de una felicidad futura. Como si la felicidad fuese para todes lo mismo. Esta estrategia borra las singularidades, genera inseguridades o tapa nuestros deseos.

¿Les niñes? ¿Les viejes? ¿Dónde están en el tablero?

Las personas intersexuales juegan, pero nadie las ve.

Quienes van en silla de ruedas, les ciegues, les sordes. ¿Cómo juegan? ¿Llegan? ¿Quedan en el camino?

Quizás se trate de recorrer caminos diversos, rectos, enroscados, con subidas y bajadas, a nuestro ritmo, con nuestra meta. Un camino elegido, construido para nosotres y no uno hecho con un molde en que no entramos.

[1] Zauria (k). España, 2019
[2] El vocablo “centrismo” se utiliza dentro del movimiento marxista y en la historia del movimiento obrero, se refiere a las corrientes del socialismo que se sitúan entre las posiciones reformistas y revolucionarias,.(Wikipedia 2020). Pero en este recorrido consideraremos un nuevo significado.

Texto: María Luján Costa. Licenciada en psicología (Universidad de Buenos Aires). Diplomada en género, sociedad y políticas (Flacso). Docente Cátedra “Introducción a los estudios de género” D. Tajer (Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires). Adjunta Cátedra “Perspectiva de género” D. Tajer (Facultad de Psicología, Universidad ISALUD). Red de Psicologxs Feministas.

Fotografía: Gabriel Palacios. Fotógrafo – Escuela de Arte Fotográfico de Avellaneda. Talleres de formación con Andy Goldstein, Pablo Garber y Juan Travnik. Entre sus principales trabajos, se destacan ensayos fotográficos en el Instituto Román Rosell y en distintas comunidades originarias en América Latina. Actualmente, está desarrollando un trabajo sobre el aislamiento social, ¨El devenir incierto ¨, y ¨Yuxtaposición¨, del cual se desprende la imagen que acompaña el presente artículo. @fotosintesis.gp

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