La maternidad googleada Parte II

Quien esté libre de pantallas que tire la primera piedra. 
Quien esté libre de influencias, que tire la segunda…

En 2019, publiqué El Tresdé La maternidad googleada Parte I. Hoy, en 2020 y en medio de la pandemia mundial por coronavirus, más que nunca invadides por la virtualidad, el contexto me inspira a seguir esta saga de reflexiones sobre cómo maternamos y criamos influenciades y atravesades por el paradigma digital.

Mi hijo tiene ahora 19 meses; el trabajo de maternar y criar fue cambiando en relación al primer año y por supuesto, que las búsquedas de internet también cambiaron: dentición, destete, mi bebé muerde, rutinas para dormir, cómo hago para que duerma en su cama, recetas de cocina, tipos de vasos, crianza compartida, tipos de triciclos, pata pata, hamacas, calzados y miles de etcéteras.

Mi día se convierte en un sinfín de múltiples actividades de todo tipo, domésticas, creativas, trabajo, de cuidado y más. Entre medio de la vida, miro el teléfono (en lo posible, de refilón para que mi niño no lo pida y lo revolee): hablo con mis amigas, escucho un podcast feminista, leo una poesía, chateo en grupos, leo una receta, pago un servicio; cuando se duerme, miro compulsivamente toda la ficción que no pude ver durante la jornada, chequeo pendientes de trabajo y obviamente, en ese mar, también entro a INSTAGRAM. Esta red social es la mamá, valga la redundancia, de todas las influencias y consejos sobre maternidad y crianza. Ahí podés encontrar todo sobre tribus, lactancia, crianza respetuosa, juego libre, alimentación, recetas y un sin fin de asociaciones. A medida que el algoritmo te va cazando la onda, todo se orienta hacia tus curiosidades y consumo de productos más particularizado. Eso que aparece diariamente en tu pantalla empezás a necesitarlo, a militarlo y a creerlo. Discernir entre lo que son reflexiones que nos ayudan a llevar a cabo la tarea de maternar y criar y lo que es un producto disfrazado de reflexión es un trabajo doble, leer entre líneas, salirnos del sentido común, preguntarnos quiénes son esas influencias, preguntarnos qué necesitamos realmente, quiénes somos, qué niñes fuimos y qué madres queremos ser. En mi caso, me volví una seguidora de cuentas que muestran a la maternidad en su lado B; mis preferidas: Puerperio ATR y Mujeres que no fueron tapa, ¡gracias por existir!

Si me muestran una cocina de estudio de televisión, impoluta, con galletitas saludables y una mamá peinada, flaca y sonriendo, automáticamente dejo de seguir esa cuenta; es mi mecanismo de defensa, lo recomiendo. Como con las publicidades de YouTube, por lo menos soy de las que ponen el adblock, filtro un poco. También, una vez cada tanto, chequeo que mi perfil sea diverso, que tenga varios discursos, que aparezcan mis amigues, la gente a la que admiro, perfiles de mi curiosidad e interés – lo digo en voz alta así me escucha Mark Zuckerberg y me ofrece lo que me gusta-. 

Toda este combo de posibilidades de donde sacar consejos, tips, productos y también mandatos y culpas está disponible, a la mano. En este contexto de pandemia, la red que contiene, la red presencial, la que abraza, la que escucha, te cuenta su experiencia, te cuida al hije mejor que vos misma, no está al alcance de la mano, está virtual o al aire libre con barbijo; y la crianza se vuelve, a veces, agotadora y confusa. Por eso, necesitamos politizar la maternidad particularmente, así como la xaternidad en todas sus identidades, pensarla en contexto, reflexionar sobre los roles, sobre los mandatos y sobre lo que el neoliberalismo que se esconde detrás de esas corporaciones millonarias quieren de nosotres como criadores.

No necesitamos comprar tantas cosas, ni ser las súper madres, ni tener todo montessori. La crianza es una responsabilidad social, necesitamos adquirir derechos que nos ayuden a xaternar mejor. No necesitamos que nos digan cómo hacerlo perfecto para que, cuando no podemos, venga la maldita culpa a atravesarnos las entrañas. 

Les que deseamos construir un mundo mejor para las infancias, tenemos que derribar los mitos y la hegemonía de ciertos discursos que no solo nos llenan de mandatos y culpas, sino que dejan a las mujeres e identidades feminizadas en total desigualdad.

Tenemos que hablar de la maternidad, de la paternidad, de la xaternidad, de la crianza y de las infancias y que lo virtual esté ahí, para rescatar un consejo o para encontrar un contenido revelador, un contenido que nos ayude en esta difícil tarea, también para comprar algo, para trabajar, para dar un mensaje. Es una herramienta: yo la uso, ella no me usa. 

Y cuando profundizamos en la tarea, cuando tratamos de deconstruir nuestros mandatos, cuando somos conscientes de la demanda que implica la maternidad y de que no podemos hacerlo en soledad, más nos damos cuenta que, también por eso, la maternidad tiene que ser elegida, no impuesta, no en soledad, no sin derechos. Y el primer derecho es elegir serlo. 

Por lo tanto, en este día de las madres, más que nunca decimos ABORTO LEGAL SEGURO Y GRATUITO. LA MATERNIDAD SERÁ DESEADA O NO SERÁ.

¡FELICES DÍAS PARA TODAS!

Texto: Camila Palacios. Mamá de Ramón. Gestora cultural, actriz y dramaturga. Trabaja en el Cine Teatro Helios como coordinadora del taller de actuación y en múltiples tareas de producción y gestión. Desde el 2017 crea y produce LATE Festival de teatro del conurbano.

Obra visual: Cecilia Libre. artista visual, de Loma Hermosa. Se dedica a la pintura collage en fusión con poesía. Coordina talleres de arte, es parte de Mutágenas Artistas Feministas del Conurbano y SAC (Sociedad argentina de Collage)

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