“No sé de qué se trata, pero me opongo” o las estrategias de una oposición desleal

Una de las principales condiciones para que se cumpla la aplicación del sistema democrático es la existencia de un espacio para la representación de las minorías. En nuestro país, este espacio fue establecido con la promulgación de la Ley Sáenz Peña en 1912.

La existencia de las minorías fomenta la pluralidad, el debate, la representación de intereses, el control del oficialismo; en definitiva, enriquece y contribuye a la generación de un sistema cada vez más sólido. O, al menos, así debería ser.

Sin embargo, y principalmente en democracias aún jóvenes como en el caso de América Latina, asistimos a una actitud de las minorías que, lejos de aportar a la consolidación del sistema, trabajan incansablemente para provocar su deterioro. Se trata de una actitud desleal hacia el sistema mismo, liderada por una oposición desleal con apoyo de poderosos conglomerados mediáticos desleales y por una base electoral que, a mi entender, en su mayoría no llega a tomar real conciencia de esa deslealtad.

En nuestro país la oposición liderada por Juntos por el Cambio cuenta con un electorado de más del 40%, cifra para nada desdeñable y hasta diría saludable. ¿Es consciente este electorado del daño que sus representantes hacen NO A UN GOBIERNO sino AL SISTEMA DEMOCRÁTICO EN SU CONJUNTO con la actitud asumida? ¿Anteponen el odio a la reflexión? ¿Su permeabilidad a la desinformación es absoluta?

¿SABEN, EN DEFINITIVA, DE QUÉ SE TRATA Y CÓMO FUNCIONA UNA DEMOCRACIA Y ESTARÍAN DISPUESTES A DEFENDERLA MÁS ALLÁ DEL COLOR POLÍTICO QUE GOBIERNE?

También es necesario recordar que el actual oficialismo ganó las elecciones en primera vuelta con una apoyo de casi el 49% del electorado. Lleva sólo 9 meses de gestión. Recibió un país económicamente devastado y, al tercer mes de mandato, tuvo que enfrentar una pandemia que cobra vidas día tras día y no hace más que empeorar hasta su máxima expresión la situación heredada.

  1. No acepta la derrota electoral de 2019. Al no hacerlo, desvaloriza en sí mismo al sistema democrático, sólo porque ya no es gobierno. Como no puede desconocer al 49% del electorado porque está ahí presente, está vivo, existe y se hace escuchar, lo considera irracional, es decir, que no piensa. O sea que, si elige lo que elige, es porque no sabe elegir. El país “soñado” descansa sobre el 40% que sí piensa y sabe elegir sustentado en el odio que nubla el raciocinio. Paradójico. Como minoría, desestima a la mayoría. Recuerden ustedes que no hace mucho se volvió a hablar en los medios concentrados del voto calificado como opción, algo que en nuestra historia jamás existió.

  2. Utilizan el saludable disenso con mala fe. Cualquier revés parlamentario es presentado como un avance autoritario y el quiebre de las reglas de juego. En los hechos, y ante la posibilidad de no obtener consenso para lograr sus objetivos, optan por retirarse del debate esgrimiendo la falta de condiciones para el mismo, se rehúsan al diálogo. Y, AUNQUE RESULTE INCREÍBLE, AL MISMO TIEMPO ACUSAN AL OFICIALISMO DE OBSTRUIRLO. De esta forma, desacreditan el juego democrático básico.

  3. Mediante acciones u omisiones, demuestran su predisposición para alcanzar el poder por medios no legales. Como absolutamente toda política oficial es errónea, autoritaria y sólo responde a intereses sectoriales representados por casi el 50% de les electores, alimentan en la sociedad la figura de la desobediencia civil alentando marchas que reclaman libertad para contagiarse y eventualmente perder la vida en plena pandemia; horadando la legitimidad de un gobierno legalmente elegido que ha optado por establecer una política que cuida la salud de les habitantes. Propios y extraños instalan la idea de un futuro golpe de estado o la inevitable caída prematura por debilidad, que como oposición contribuyen a generar, o ineptitud. Habrán notado el tímido, tardío e individual repudio, no como bloque, a la manifestación de la Policía Bonaerense en la casa particular del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y en la Residencia Presidencial de Olivos. Un reclamo justo, un método ilegal y una oposición que lo utiliza para desestabilizar
  4. La “doble vara” como unidad de medida legítima. La democracia vale como tal, si y sólo si se adapta a la consecución de los intereses de la oposición. De lo contrario, es dictadura autoritaria. Partiendo de esta falsa premisa, se victimizan hasta el punto de inventar allanamientos inexistentes para luego denunciar persecuciones delirantes. Aún resuenan, por ejemplo, las purgas de periodistas que no eran “del palo” en “defensa de la libertad de expresión” que sólo es permitida para el periodismo del monopolio. Mientras fueron oficialismo, fue legal nombrar jueces de la Corte  Suprema por decreto, cambiar una ley del Congreso sobre Blanqueo de Capitales para favorecer a la familia o redistribuir fondos excesivos hacia CABA en desmedro del presupuesto de la provincia de Buenos Aires. A partir del 10 de diciembre último, ya no. Un ejemplo es la demanda por inconstitucionalidad que el Jefe de Gobierno porteño presentó contra la decisión del Presidente de la Nación de establecer 1 punto de quita a los fondos redistribuidos durante la gestión anterior. Cabe la pregunta, ¿olvidó la Gobernadora bonaerense en su momento presentar una demanda similar ante la quita de fondos? ¡Un descuido inconcebible!

5. La creación de un enemigo común que “viene por todo”. ¿Qué entenderán por “todo”? La incompetencia que demuestran ante figuras políticas que tienen la capacidad de argumentar, de defender principios y demostrar aptitudes como funcionaries de estado, no les deja otro camino que la demonización lisa y llana. Para esto, necesitan constantemente el uso sistemático de la mentira. Y acá talla con más fuerza el rol de los medios de comunicación. En todo momento, se habla de ellas o ellos, para acusar, para mentir, para construir causas penales, para culparles de todos los males, para criticarles porque hablan mucho, o porque no dicen nada. Son figuras que, de otra forma, no podrían ser doblegadas. Y ASÍ GANARON UNA ELECCIÓN QUE NOS LLEVÓ A UNA RUINA ANUNCIADA.  Parece ser, ahora, que LA MORSA no era quien dijeron que era; que la señora que hizo maniobras con el dólar a fines de 2015 finalmente no las hizo; que un accidente fruto de la corrupción parece ser ahora consecuencia de la anulación consciente de un dispositivo de freno. Se trata de ensuciar. Y si les dio buenos resultados una vez, ¿por qué no intentarlo nuevamente?

SALVANDO LAS DISTANCIAS Y EL CONTEXTO, LA ESTRATEGIA DEL “ENEMIGO COMÚN” FUE UTILIZADA PARA ESTABLECER LA DICTADURA MÁS FEROZ QUE REGISTRA NUESTRA HISTORIA.

Veía imágenes de las marchas “antigobierno” en varias localidades del país. Y vuelvo a preguntarme, ¿tendrán conciencia? ¿Les interesará sostener la democracia? ¿Tendrán el coraje, eventualmente, de asumir responsabilidades?

Referencias: Linz, Juan J.: “La quiebra de las democracias”, Alianza Editorial, Bs. As., 1991.

Texto: Fabián Pagani. Es porteño e hincha del Rojo. Trabaja como profesor de Historia en la escuela secundaria. Estudia Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de San Martín. Músico de nacimiento y bien nacional y popular.

Fotografía: telam.com.ar

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