Urano en Tauro: cuando el rayo raja la tierra

Cuando hablamos de los planetas dentro del lenguaje astrológico, no nos referimos a los cuerpos celestes en sí mismos, sino a su representación dentro de la psique humana; símbolos que dialogan con lo individual y lo colectivo.

Desde la astrología, cuando hay un descubrimiento astronómico de algún planeta en el cielo, nos permitimos aseverar que la humanidad está en resonancia con la energía simbólica que ese planeta representa. Que estamos listes para verlo. Desde este punto de vista, la llegada de Urano a nuestro sistema, coincide con un momento histórico afín a sus cualidades.

Urano es descubierto en 1781 por William Herschel, ampliando las fronteras del Sistema Solar tal como eran conocidas hasta ese momento. Hay ciertas características en cuanto a su eje de rotación, que diferencian a Urano de los otros planetas. O sea, es ¨el raro¨. Además, es el primer planeta descubierto de los llamados ¨transpersonales¨, aquellos que dado el largo tiempo que les lleva completar su recorrido alrededor del sol, se interpretan no solamente en la esfera de lo individual sino a escala de la humanidad.

Vamos observando, entonces, que la manera con la cual representamos a Urano es de la índole de lo diferente, lo novedoso y de lo que está más allá de nuestra estructura personal. Además, Urano aparece en plena Revolución Francesa y en el auge de la Revolución Industrial; ¨Revolución, libertad, fraternidad¨, palabras que nos acercan un poco más a percibir la energía que nos muestra este planeta, regente del signo de Acuario, asociado a la comunidad, a esa gran familia humana.

Si añadimos una mirada más bien arquetípica, en la mitología griega, Urano aparece como el dios de los Cielos, que se encuentra con su esposa Gea, la Tierra, fecundándola. Cada hijo e hija que nace no cumple con las expectativas de su padre por ser cíclopes (un sólo ojo en la frente) y hecatonquiros (múltiples cabezas y brazos), por eso el dios los vuelve a hundir en el vientre de Gea. Cansada de este accionar, la diosa acuerda con uno de sus hijos castrar a Urano con una hoz.

Es llamativo que Urano aparece al inicio de la mitología griega y luego no se lo vuelve a nombrar. Y resulta que ésta es otra de sus características: es origen, es lo creativo, aparece y desaparece. Tiene que ver con la imprevisibilidad, con lo que se actualiza, lo intempestivo. Urano es la electricidad, el rayo. Lo que no se anticipa, lo que nunca podríamos imaginar. El invento, lo original, la revelación de una idea, lo absolutamente creativo. No tiene continuidad, es disruptivo. Lo representamos típicamente como el loco, el marginal, el rebelde.

Pero, volviendo al mito, ¿qué nos dice este personaje que castra a su padre, que limita su ¨creatividad¨? Nos dice: hasta acá. No se te permite hacer lo que se te antoja, esto tiene un costo. Este límite, esta estructura, es representada dentro del sistema planetario por Saturno, otro planeta con el que ya nos encontraremos en otro momento, pero que, ¡oh!, casualidad, es el antiguo regente de Acuario, anterior al descubrimiento del moderno Urano.

Ahora, la pregunta que podemos hacernos sería ¿cómo integramos a nuestra psique lo uraniano? ¿cómo nos encontramos con nuestro anhelo de libertad, con nuestra propia expansión, nuestras posibilidades de cambiar? Cuando aparece Saturno, ¿viene a darnos forma o a limitarnos e imposibilitarnos? Y cuando llevamos esta mirada a un nivel colectivo, ¿qué podemos observar? ¿Qué estamos viendo ahora mismo, qué formas, qué sensaciones, qué información estamos registrando del afuera?

Sigamos añadiendo más datos sobre Urano. Este planeta completa su recorrido alrededor del sol luego de ochenta y cuatro años. Entonces, desde una lectura astrológica, sabemos que la llamada ¨crisis de la mitad de la vida¨ coincide con la mitad de este trayecto, cuando se da la oposición entre Urano (en el cielo) a Urano natal (carta natal), aproximadamente a los cuarenta y dos o cuarenta y cuatro años de una persona, experiencia que podríamos interpretar como el momento en el que la impronta uraniana se nos pone de frente; se nos pregunta ¿quién querés ser a partir de ahora? Tenés la mitad de tu vida por delante, ¿seguís así o vas a reinventarte? Ya hemos cumplido mandatos, hemos tomado decisiones más o menos sentidas, en el mejor de los casos ya vivimos crisis que nos han transformado. Pero de aquí en más, la vida nos da esta segunda oportunidad de ser genuines, sinceres, originales y verdaderes. 

Ahora bien, si Urano necesita ochenta y cuatro años para dar la vuelta al sol o, desde otro ángulo, al ¨mandala zodiacal¨ o los doce signos, entonces, cada siete años Urano recorre un signo diferente. Desde mayo de 2018, el planeta Loco ingresó a Tauro para quedarse por siete años. Tauro es energía femenina, representa ni más ni menos que el cuerpo, la tierra que nos nutre y de la cual obtenemos recursos. La naturaleza, las formas, la economía y las finanzas. Los animales, la ecología, el medio ambiente. 

Entonces, vuelvo a preguntar, ¿qué estamos viendo ahora mismo con Urano en Tauro? Si pudiésemos ser literales, diríamos que algo en relación a nuestro vínculo con la tierra, con los valores y con el cuerpo necesita cambiar. Tiene que ser ya, tiene que ser profunda y abruptamente. Es un cambio que requiere de lo colectivo, es un salto de conciencia que debemos dar en masa.

En este sentido, el feminismo tal como se viene expresando en estos últimos años, nos trae energía uraniana y taurina en su máxima potencia: un movimiento que atraviesa, que moviliza, interpela, que se autorrenueva, se refresca y por sobre todo, que propone otra nueva forma de mirar a las mujeres y personas de otras identidades de género; exclama que así no va más, que esta vieja estructura patriarcal está agotada y es momento de dar paso a algo nuevo.

En plena resonancia con el movimiento feminista, hoy, en pandemia, otros órdenes se están tambaleando. Si podemos empezar a reconocer nuestra herida de lo femenino, si podemos comprender que la Tierra como Madre también fue abusada, violada y agotada por un sistema que no tuvo en cuenta las consecuencias, tanto las inmediatas como las futuras, entonces nos daremos cuenta de que nuestro cuerpo y nuestro planeta son manifestaciones energéticas de lo mismo.

La manera que veníamos sosteniendo en nuestro consumo y nuestra manera de producir ya se agotó, nos pide otra forma. Y por supuesto que el pedido no es sólo para vos, para mí y para el vecino. El llamado es también para que lo escuchen quienes toman decisiones políticas, los que sin consulta popular arman sus negocios y corrompen el medio ambiente que ya ha llegado a su punto crítico. Esto no es nuevo, lleva años sucediendo, pero Urano en Tauro nos pide un corte, un basta YA. 

Se caen los velos. Todes vemos lo que está dejando el extractivismo, el agotamiento del suelo, la contaminación, el envenenamiento. Repito, no es nuevo. Simplemente, ya no podemos mirar hacia otro lado. Para tomar decisiones y hacer cambios, también necesitamos de Saturno, de una estructura que nos sostenga. Se nos pide trabajo y organización para que nos reorganicemos y reinventemos.

Rompamos el status quo que hasta hoy hemos sostenido y empecemos a comprender que la vida es en red; y que cada movimiento, por mínimo que sea, mueve al sistema.

Texto coescrito: Popi Starosiliz. Soy una mujer nacida y criada en Caseros hace casi 38 años. Mamá de Gala y compañera de Ari. Instructora de Yoga. Iniciadora de Espacio Semilla por 2008. Acompaño mujeres durante la gestación y el puerperio. Siempre aprendedora, me acerqué a la astrología en 2012 y desde 2015 estoy formándome con diferentes maestras. Cecilia Massa. Soy esencialmente acuática e intensa. Mi vida empezó su nueva forma con Yoga. En 2005 me acerqué a la astrología y desde ese entonces, es parte de mi día a día. Amo el lenguaje simbólico y por eso, sumé también Tarot. Me apasiona lo que hago, aprenderlo y enseñarlo. Soy feliz haciendo lo que me gusta.

Ilustración: Ariel Yamus. Es artista audiovisual. Creativo y autodidacta, sus trabajos pueden verse en bluna.tv, estudio de animación del cual es co-creador.

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