La agenda feminista en Argentina: entre la visualización y la acción

Ya desde los ’60, militantes feministas y académicas discuten tanto con la ideología capitalista como, inclusive, con la marxista para resaltar que la división sexual del trabajo no es fruto de la naturaleza, de una condición biológica, ni es una consecuencia más del modo de producción capitalista. A través de la historia, el capitalismo y sus agentes han hecho uso de lo que se llama la ideología de la femeneidad, para mantener marginalizadas a las mujeres, relegadas a las tareas domésticas, de cuidados y de reproducción social, cuando no eran empujadas a insertarse al mercado de empleo productivo recibiendo una paga inferior a los varones por el mismo trabajo. A su vez, dentro de la propia clase trabajadora se han achacado (y se siguen achacando) distintos argumentos para evitar discutir las cuestiones de mujeres o las problemáticas que las feministas venían a destacar (Hartmann, 1985). Ideas como que el feminismo divide a los trabajadores o que la situación de las mujeres es una elección –como si el sistema familiar funcionara en armonía, con todos sus integrantes con los mismos recursos de poder-, han aplazado, desde el surgimiento de este sistema de producción, esta agenda.

Aún con todos estos aplazos y las trabas puestas desde los diferentes espacios del arco ideológico, las demandas feministas vienen logrando ganar espacios y disputar razonamientos. Algunas de las herramientas que se destacan en la teoría feminista, que sirven como base para discutir la situación de las mujeres en el estadío actual del capitalismo, tienen que ver con la medición del uso del tiempo por parte de una población, distinguiendo por sexo/género, para poder visualizar la carga desproporcionada de trabajo no remunerado que realizamos las mujeres, herencia de argumentos biologicistas sobre nuestra naturaleza como cuidadoras. 

Otra herramienta, es generar datos sobre el mercado laboral, observar la inserción de hombres, mujeres y disidencias en el mismo, y así identificar cómo este razonamiento se reproduce para generar lo que llamamos la división sexual de trabajo, con la consiguiente segregación tanto horizontal –entre trabajadorxs- como vertical –entre jerarquías- en el mercado laboral, la constitución de territorios feminizados y masculinizados, entre los cuales, los territorios feminizados son fundamentalmente aquellos que se vinculan con las tareas de cuidados –teniendo en cuenta que los sectores de enseñanza, salud y servicio doméstico son las tres ramas que utilizan, en su mayor parte, mano de obra femenina. Estos sectores son también, los peores pagos. Sin embargo, aun cuando las mujeres se insertan en territorios mixtos, la brecha salarial no desaparece. Según la calificación de las tareas, la brecha se puede achicar, pero no desaparece, y mantiene a las mujeres como la población más empobrecida. 

Todos estos conceptos que fui mencionando, se constituyeron históricamente y son rastreables hasta la actualidad, tanto en formas culturales implícitas en nuestras acciones, como en reglas escritas explícitamente que sirven de base para mantener a las mujeres en condiciones desfavorables (véase Noren y Trajtemberg, 2016). 

La agenda feminista contemporánea en Argentina

Una estrategia de visibilización de las condiciones de precarización en que se pretende mantener a las mujeres es la medición del aporte económico que realizan a las personas con el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Con distintos antecedentes desarrollados en países de América Latina en este siglo; Argentina, a través del Ministerio de Economía, específicamente de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género, a cargo de la economista Mercedes D’alessandro, lanzó la primera medición de este aporte. Estos son algunos de los datos que el informe arrojó: 

  • “9 de cada 10 mujeres realizan las tareas de TDCNR (Trabajo doméstico y de cuidados no remunerado), que significan en promedio 6,4 horas diarias. Ellas dedican tres veces más tiempo que los varones” 
  • “Las mujeres presentan mayores niveles de desocupación, ganan menos y, por consiguiente, son más pobres […] las condiciones de trabajo remunerado están estrechamente ligadas a cómo se resuelven las tareas no remuneradas” 
  • “Las mujeres dedican más horas al trabajo doméstico incluso cuando se compara una que trabaja (fuera del hogar y de manera paga) en una jornada completa con un varón que se encuentra desempleado (5,9 horas y 3,2 horas diarias respectivamente)”
  • “El aporte del TDCNR al PIB es de 15,9%. Este valor se encuentra alineado con resultados de otros países en la región, que varían entre un 15% y un 24%”
  • “El TDCNR es el sector de mayor aporte en toda la economía, seguido por la industria (13,2%) y el comercio (13%). En total se trataría de un aporte de $4.001.047 millones de pesos” 
  • “En total, las mujeres dedican 96 millones de horas diarias de trabajo gratuitas a las tareas del hogar y los cuidados”
  • En términos globales, “el 80% de los 67 millones de trabajadores domésticos del mundo son mujeres; el 90% no tiene acceso a seguridad social y más de la mitad no tiene límites en sus horas de trabajo semanales” (OXFAM).
  • “La participación del sector de TDCNR sobre el PIB en pandemia es de 21,8%, y muestra un aumento de 5,9 puntos porcentuales con respecto a la medición sin pandemia”

Fuente: Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género. Ministerio de Economía.

Este trabajo se suma a datos previos que se venían proporcionando también desde el INDEC sobre la participación de las mujeres en la economía nacional (ver Dossier 8M Día Internacional de la Mujer Trabajadora), o el módulo de Encuesta del uso del tiempo del INDEC realizado en 2013. El desafío a posterior es utilizar esta rica base de datos para impulsar políticas públicas que den, efectivamente, valor económico a este trabajo invisibilizado. Un ejemplo destacado en el informe es la política de “jubilación de amas de casa”, por la moratoria previsional.

Lo bueno es que no son datos lo único que se produce, sino generar oportunidades. Y por esto resulta importante otra de las novedades de la agenda gubernamental, se materializó en el decreto 721/2020 que estableció el Cupo Laboral Travesti Trans en el sector público nacional. De esta forma, al menos el 1% de los puestos en el sector público deberán ser ocupados por personas travestis, transexuales y transgénero que reúnan los requisitos para el cargo, en cada caso. 

Aunque nuevamente, muchos se verían tentados de minimizar una política que pareciera ser fundamentalmente de reconocimiento, este es un acto de redistribución con un horizonte de justicia social, que además sienta un antecedente. El documento “La revolución de las mariposas” del MPF CABA (2017), lanza algunos datos a tener en cuenta al respecto. Entre ellos, que sólo el 11,8% de les travestis y mujeres trans acceden al mercado laboral, número que asciende hasta el 48,5% en el caso de varones trans; y que el 69,5% y el 36,4% respectivamente, no acceden a entrevistas laborales. 

Ambas políticas son puntapiés iniciales. Por un lado, existe la propuesta de generalizar las estadísticas con perspectiva de género para construir políticas públicas y, por otro lado, se lanzó un decreto que luego debe ser consensuado, implementado y, sobre todo, evaluado en su impacto y sus deficiencias para poder garantizar el cupo y, luego, saltearlas.

Mientras pensaba esta nota y celebraba la agenda feminista dentro de la gubernamental, me enteraba de golpe de los femicidios de Yamila Montes y de Ludmila Pretti. Probablemente, mientras la escribía me haya salteado nuevas trágicas noticias, porque el patriarcado nos golpea a cada segundo. Sigamos construyendo una agenda feminista y gritando ni una menos

JUSTICIA POR YAMILA, POR LUDMILA Y POR TODAS 

Bibliografía consultada

Argentina, Ministerio de Economía. 2020. Los cuidados, un sector económico estratégico: medición del aporte del Trabajo doméstico y de cuidados no remunerado al Producto Interno Bruto. Secretaría de Política Económica, Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género. 

Goren, Nora y Trajtemberg, David. 2016. Articulando producción y reproducción desde los usos del tiempo. Revista laboratorio, N° 27. 

Hartmann, Heidi. 1985. El infeliz matrimonio entre marxismo y feminismo: hacia una unión más progresista. En Teoría y política, 12-13. 

Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 2017. La revolución de las mariposas. 

Texto: Florencia Romero. Lomarmoseña. Politóloga de UNSAM. Estudiante del posgrado en feminismos y políticas públicas de UNPAZ. Militante nacional, popular y feminista.

Collage de portada: Carla Álvarez. Profesora de artes visuales, artista y mamá. Acompaña niñxs-adolescentes en aulas y espacios de taller -Taller Crisantemo-. Sus imágenes surgen como la necesidad de un grito propio y colectivo.

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