Diario de sangre: toco y no me voy

¿Cuántas caricias necesitamos y las derivamos en otre o en la nada? ¿Por qué aprendimos tan bien a alejarnos de nosotres mismes? ¿Regalarnos tiempo para sentir nuestra piel, para activar voluntariamente nuestros sentidos, sin que sea para nadie, más que para nosotres, es improductivo? No, claro que no, ¿pero lo hacemos con frecuencia?

La semana pasada recibí una propuesta en el taller Ciclar Conscientemente: buscar una momento de soledad, al menos lo que durara una canción de siete u ocho minutos, activar algún aroma, algún silencio entre la música y dedicarme con paciencia y amabilidad a tocarme a mí misma entera, toda la piel, sin juicios, sin odiar la celulitis, o los dedos del pie, o los pelos de cualquier recodo; sólo tocar, sin expectativas, sentir, conectar con esa que soy, con eso que me sostiene en y ante el mundo. Esa misma propuesta la recibieron mis compañeras. Casi ninguna de nosotras se hizo el tiempo para llevarla a cabo de pe a pa, como hubiese querido. Incluso yo que estoy contándolo, incluso yo que sí hice la dinámica, no la configuré como fantaseaba: recostada en vez de parada, en el sillón en vez de la ducha, con música en vez de solo el ruido del agua cayendo –que no es poco, ya sé-, mucho rato y no lo que duraba el baño y dos minutos más.

Entonces, nos preguntamos: ¿Por qué? La cuarentena, la falta de intimidad en este contexto, sí. Las tareas de cuidado que recaen en nosotras más que en nadie en los hogares, sí. Pero también la densidad con que se nos entra en el propio cuerpo -y en nuestra percepción y cuidado del mismo- la valoración social de nuestro tiempo y nuestro placer a través suyo en soledad, autónomamente.

Yo pensaba, ok, en la semana todos los días hice actividades que me gustan, todos los días me dediqué un rato a mí; pues entonces: ¿por qué no pude lograr realizar esta propuesta como la imaginaba? ¿Por qué? Es el cuerpo, Pamela. Que nos acostumbraron a desoírlo, a usarlo en términos capitalistas, a controlarlo como una máquina inagotable hasta que se traba. Es el cuerpo al que no le damos lugar sin caretas, sin corridas, sin ponerlo a generar para satisfacer a otres o a lo otro en mí que no soy yo acabadamente, que no es el sentir más pulsional e integral de mí.

Esta semana nos prometimos pensarnos con más compromiso. ¿Para qué? Para que nuestra mirada y nuestro tacto sean posta nuestros y no implantados, no desactualizados, no castigadores. Nuestros para hacernos sentir placer más allá de los orgasmos compartidos. Más allá de las complacencias de todo tipo. Habitarnos es la misión y ganar valor y orgullo, no como mandato, sino como proceso de autoconocimiento, de goce y de generosidad con nosotres mismes.

Emprender

En el pasado taller repensamos la soberanía, como ya veníamos haciéndolo, en un sentido más amplio aún: desde qué perspectiva promovemos iniciativas que nos cuadren en nuestra vida y las ejecutamos. Sea lo que sea lo que deseemos emprender, ¿cuánto de nosotres invertimos? ¿De qué modo? ¿Qué reconocemos en nuestra interioridad presente y en nuestra memoria como un poder para avanzar?

En esta cultura siempre estamos fallades, ya lo hablamos. O somos demasiado mucho o somos demasiado poco. Carencia, problema, consumo, infelicidad, más consumo, después vemos. Sin embargo, cuando –con ayuda, con reflejo, con diálogo, nunca en completa soledad- vislumbramos quiénes somos, qué energías nos cruzan, qué aptitudes podemos desarrollar con mayor facilidad o dificultad, quizás se nos abra ese lugar desde donde nuestra mano sale para agarrarse de la otra y salir a flote. No somos ni lo peor, ni lo mejor, ni les más inútiles, ni les más triunfadores. Esos extremos son engaños y malestares a corto, mediano o largo plazo. El binarismo ya fue en todo y para siempre de las infinitas historias humanas. No queremos más ser o no ser: necesitamos oscilar para aprender y que las acciones junto a la reflexión nos permitan construir en comunidad; y para ello, hay que empezar por este cuerpo que es una cosa enorme y llena de casilleritos que podemos abrir para salir a jugar.

Reconciliación y revancha

Antes de que me pidieran cerrar los ojos y relajarme, ya lo estaba haciendo. Lo necesitaba. Antes de que me indujeran a visualizar un espacio otro respecto del que me contenía, ya había llegado a la orilla verde y desnivelada de un río que corría breve pero intenso. Había un sauce al costado, como los que veía en mi niñez, cada vez que viajaba a Azul y merendábamos en la costanera. Dos sillas, eran de mimbre, yo en ambas; primero yo en una, luego, al ratito, yo en la otra. En ambas sin ropa, en ambas el sol sobre la piel. Nos mirábamos y bailábamos sobre la silla, dando otro sentido al equilibrio. La voz que nos guiaba tocaba las fibras de las broncas pasadas, de los deseos postergados, de las confusiones entre la mente de una y la vulva de la otra, su matriz, su placer, su entera capacidad de gozar y de reconocerse ella. Necesitamos centrar la atención en los deseos acallados, guardados, sin nombre y nos hicimos una promesa, con el agua que andaba cerquita: no vamos a patear para después, por la culpa, el miedo o la pena, las pulsiones que nos garantizan alegría y buen vivir. Queremos nuestro cuerpo y queremos contactos diversos y fructíferos, de amor y respeto, que nos representen y nos desafíen. Te voy a dar goce primero que nadie, me dije, no te voy a perder más de vista.

ANEXO. MI DIARIO DE ESTA CICLO

Día 1. 16 de agosto/2020: venía cansada y con la paciencia en la cuerda floja. Hoy menstrué y se acrecentó. Escribo sangrando y satisfecha de esta noche de silencio y soledad que me da mi cocina mientras en casa duermen ya. Hoy tuve pensamientos hechos nudo. Nada que no exista, no. Pero todo insistentemente anudado. Me enojé con facilidad también. Y así de golpe, pasé a risas descomunales. Esta masa de verdades y picos nevados soy yo antes del día 1 de mi ciclo y ese día y quizás el siguiente. También hoy confié en que merecía calma y la exigí, para llegar a este momento de escritura con la mente acá aún. Y sí, hoy me repetí que a mitad de semana ya veré con otro tacto y al menos, una sonrisa menos forzada, mi propia vida. Soy la que cicla y cambia y reconfigura y recrea y observa para continuar sacando el jugo de mi propia cadencia circular, en vaivenes y ramificada.

 

Si querés info sobre el taller “Ciclar concientemente”, podés seguir la cuenta de Instagram @ciclandoando o contactar a Florencia Catania, su coordinadora: @criandoando –  florcataniaok@gmail.com – wp 1136445918

Texto: Pamela Neme Scheij.

Fotografía: Celeste Destéfano. Nací en 1983, en Buenos Aires. Camino junto a la fotografía hace diez años y es en lo documental donde encuentro mi idioma. Soy madre, feminista, compañera y pretendo siempre ser una obrera de la memoria.

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