Diario de sangre: microbiota política

La semana pasada, este diario de sangre fue principalmente un canto a los clítoris disfrutables y disfrutados; pero faltó un dato. Qué digo, un datazo: “el clítoris no envejece”. Caerá antes el capitalismo que el placer que el clítoris sabe darnos. Te cambié el día, ya sé. Las terminaciones nerviosas involucradas en este tesoro, que nos enseñaron a negar tanto, se mantienen plenas a lo largo de la vida y entonces, el placer sexual que nos puede provocar su estimulación morirá con nosotres, personas vuolvoportantes poderoses. Otra clave para gustarnos fuerte.

Toda microbiota es política

Luego de este primer párrafo lleno de magia, quiero volver sobre aquello que el título anuncia: nuestra salud vulvovaginal también es una cuestión política. Podemos saber o ignorar de qué se trata esto, podemos incluso desconocer el vocablo. Podemos contar con información científica sobre su conformación y cuidado o no. Podemos enfermarnos, rascarnos, sufrirnos o no o sí, pero gestionando una salida integral y no invasiva. Podemos depender de los discursos médicos sin chistar o no. Así como podemos también consumir lo que las publicidades nos recomiendan como viejas amigas, sin mucho cuestionamiento, o, claro, no hacerlo. Hasta podemos preguntarnos si lo que nos alimenta de verdad lo hace o, por el contrario, nos sujeta, nos vuelve dependientes, nos enferma.

La soberanía podemos ejercerla y militarla sobre nuestros territorios más íntimos. Hay un estado de equilibrio de nuestro cuerpo que puede alterarse por diversas razones; en el caso de nuestra salud vulvovaginal, una de ellas, entre otras, pueden ser el tipo de alimentación que frecuentemos y el estrés. ¿Lo tenemos presente en nuestras prácticas cotidianas? Incluso, ¿lo sabíamos? Esto nos lo dice, con suerte, algune ginecólogue que se preste al diálogo no autoritario o lo escuchamos por ahí; sin embargo, en esa desconexión enseñada a base de repetición y represión, creemos que cuando a nuestra vulva y/o vagina les pasa algo, otre nos tiene que decir qué es, por qué y qué hacer con “eso”.

En el taller Ciclando conscientemente, nos pusimos a pensar cuántas mayores chances de salud, cuidado e intimidad de nuestro cuerpo puede haber si de antemano -no cuando nos sentimos fatales únicamente- nos observamos con atención, registramos nuestros hábitos y nuestros cambios, las regularidades y los posibles lazos de causa y efecto. Esto ya lo expresé en los Diarios anteriores. Aquí agrego: ¿y si además cuestionamos el juego que ocurre entre los alimentos y bebidas que ingerimos y las infecciones, las picazones, los dolores en las fases premenstrual y menstrual? ¿Si tomamos noción y averiguamos qué consumimos por la piel? ¿Si repensamos cómo nos nutrimos en general, por todos los sentidos, diariamente, para entender mejor los modos en que nuestro sistema funciona? Son todas preguntas quizás obvias, pero que pueden interpelar, de todas maneras, abriendo un nuevo universo de autocuidado a corto y largo plazo.

No hablamos de rotar de la noche a la mañana cada una de las prácticas en que existimos, sino de cuestionarlas y sacar en limpio, lo mejor posible, aquello que emerja de nuestros deseos y posibilidades; informades, en diálogo con otres, para despejar dudas sobre cuánta es la influencia que en esa cotidianeidad tienen el mercado y la hegemonía médica. Y cuánto, en paralelo, podemos nosotres descubrir autónomamente y ayudar a nuestra relajación, nuestra nutrición y nuestro equilibrio corporal para una vida saludable en función de nuestro placer en todos los planos que imaginemos. No para abonar los discursos discriminatorios que proyectan la salud como un estándar excluyente, aliado del mercado más salvaje y de la insatisfacción eterna, sobre cuerpos que valen más y otros que valen menos, según esa perspectiva sesgada y plagada de intereses mezquinos, ajenos.

Creo que debemos obsequiarnos cada día ratos libres, caminatas, sol y viento, palabras que nos alienten, arte, alimentos que nos brinden experiencias, abrazos, caricias a nosotres mismes y de otres que nos amen, descanso suficiente. No digo que se pueda todo siempre, pero un pedacito que le robemos a alguna cosa postergable será a cambio de tantísima satisfacción y vuelta al eje –al nuestro, no al que nos quieran imponer-. Así, nuestra salud vulvovaginal, a tono con nuestra salud integral, nos agradecerán si sanamos el entorno y nos damos importancia, para sanar todo aquello que nos constituye, que nos instituye.

Vergüenza y reconciliación

En un momento del último taller, realizamos una meditación guiada en la cual las palabras nos llevaban a imaginar y hallar realidad en esas imágenes, para movilizar el cuerpo y las emociones en ese preciso instante. Desde esta adultez que transito, salí a buscar a Pamela niñita, con sus primeras vergüenzas a propósito de su cuerpo. Encontré los recuerdos: mis rodillas eran demasiado anchas, me dijeron, y nunca pude parar de mirarlas con resentimiento. Mi panza se enrollaba y quedaban líneas rosaditas y yo las quería borrar con la mirada y las yemas de los dedos. Mi nariz seguía creciendo y la negaba en mi espejo. No quería que mis tetas crecieran como las de las mujeres de mi familia, porque en ellas veía un peso enorme, físico y simbólico, y eso me enojaba. Fue en ese recorrido de la memoria que abracé a mi niña y juntas, fundidas, tuvimos que avanzar para ver las transformaciones en nuestro cuerpo hasta el presente. Y las valoraciones que hemos hecho de él y vernos hoy, acá. Aparte de las lágrimas por lo real que ocurría detrás de mis párpados bajos, supe que todo sigue conmigo, el autoamor y el autocastigo; sin embargo, ni ocupan el mismo sitio en mi interioridad, ni crecieron con el mismo volumen. Y gracias a las búsquedas, a las redes y fundamentalmente, al feminismo que destapa, incendia y reconstruye, es que abrí los ojos sintiendo que soy la versión más parecida a la que más deseo ser. Con todas las marcas, los baches y las contradicciones. Mi cuerpo se transformó, sí, podría incluso decir, se envejeció. ¿Pero saben qué? Lo que cambió más aún fue mi perspectiva de mí misma y de las presiones, de los mandatos, de las mentiras y la deseducación.

ANEXO. MI DIARIO DE ESTE CICLO

Día 18. 09 de agosto/2020: estoy premenstrual, hoy comencé a notarlo. Me estoy sintiendo de modo similar a la mayoría de mis ciclos en esta fase: tengo mucha energía pero la quiero toda para mí y mi placer, casi que preferiría el silencio y la soledad gran parte del día, y sólo romperlos cuando yo desee. Ese resguardo no siempre es posible, pero intento darle lugar, más que en otros momentos. Me desperté unas horas antes que el resto de la casa para escribir, mirar una serie, desayunar sola. Salí a caminar sola, incluso sin celular, ni música, quería libertad de movimientos, sonidos casuales, nada más. Tuve una reunión de El Tresdé y me encerré en mi habitación para no ser interrumpida. Ahora me quedé escribiendo mientras todes duermen. Esto también se traduce –hoy ocurrió- en impaciencia o poca tolerancia a tiempos ajenos, pero trato de bajarme un cambio. Estos días que vienen voy a intentar reducir la ingesta de bebidas y alimentos que me inflamen -ayer lo trabajamos detalladamente en el taller-, voy a intentar estar más al aire libre, moverme. Eso me hace bien. Hasta sangrar. Y después.

 

Si querés info sobre el taller “Ciclar concientemente”, podés seguir la cuenta de Instagram @ciclandoando o contactar a Florencia Catania, su coordinadora: @criandoando –  florcataniaok@gmail.com – wp 1136445918

Texto: Pamela Neme Scheij.

Imagen: pintura con sangre menstrual “Jugar con sangre”. Daniela Volcánica. Persona. Artista. El corazón puesto en juego con las manos, la voz y el cuerpo, en las palabras, en el canto, en el gesto, en la escena, en la materia y en el símbolo. @danielavolcanika

 

 

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