Diario de sangre: animarnos a sangrar

Alguna vez en nuestro historia occidental, las personas úteroportantes nos juntábamos a menstruar. Sin embargo, las que habitamos la contemporaneidad aún sentimos vergüenza o asco por la sangre que sale a través de la vagina cada ciclo. O ya no, pero a costa de un trabajo introspectivo y de información en red inmenso para resignificar ese acto rojo. El resto, que no menstrúa, en gran parte tampoco sabe, ni pregunta; incluso se avergüenza por las dudas, o hace comentarios desafortunados del tipo “decís eso porque estás indispuesta”, “Andrés te tiene histérica” y unos cuantos etcéteras desgastantes e ignorantes más.

De culturas precedentes y patriarcales alcanzamos este nivel de desconexión corporal que vivimos en la vida moderna, progresivamente, a través de prohibiciones y tabúes, de silencios y mentiras. Pero también, a falta de información científica que nos ayudara a saber con qué contamos en nuestro cuerpo íntegro y valioso. Y como la coordinadora del taller puso en cuestión en el último encuentro: ¿cuánta investigación científica ha sido bancada por intereses no imparciales en cuanto a las ganancias y los dominios, en cuanto a qué de nosotres, de nuestra fisiología, de nuestra sangre incluso ha sido considerado necesario, redituable o importante conocer? Un ejemplo: la sangre menstrual contiene, aparte de hormonas y nutrientes y otros restos, células madre; esa carga de inteligencia invisible que está ahí al alcance de un ciclo, de una cuerpa chorreando, fácil y a la mano. Células creadoras en nuestra menstruación cada mes. Ok. ¿Desde cuándo se sabe esto? Desde hace nada. Retrocedan en este párrafo y ya entenderán de qué se trataba este ejemplito.

Tabú

El tabú es lo no dicho, lo ocultado, lo que hay que callar. La sangre menstrual, excepto en algunas culturas aisladas, contemporáneamente es lo que sigue en las tinieblas de nuestra bombacha. La antropología y la historia traen relatos de cuando las personas úteroportantes éramos conjuntamente aisladas en los días de sangrado; también acerca de la envidia de los hombres y las heridas que se propiciaban para sangrar a la par. Estas ciencias nos cuentan de las transformaciones culturales y las apropiaciones de esos tiempos de separación, la ruptura de esa costumbre, la desintegración de los ciclos sincrónicos en comunidad, etc. Desde el presente, además de observar nuestro comportamiento social respecto de la menstruación y los ciclos de salud femeninos, para sacar conclusiones, podemos retroceder para reconocer las génesis de lo que hacemos. Y podemos ver, en paralelo, cuánto peso se le otorgó a este proceso vital siempre, en los escritos fundantes de los distintos pueblos y religiones: el poder negativizado de la sangre que nos sangra cada mes, gran parte de nuestra vida. ¿Era el miedo y la reacción por lo que ese poder, que aunque se demonizaba se reconocía, podría producir? ¿Y entonces, ahora, además de preguntarnos y aprender, qué hacemos? Es tiempo de resignificar.

Claro que es más complejo que lo que estoy a punto de decir, pero me sale así porque estoy harta de este tabú, entre tantos otros. Y no hablo del tránsito que supone deconstruir y reaprender, no. Ése creo que es el camino. Hablo de la perseverancia de algunos sectores de las sociedades a los cuales no les alcanza con la pretensión de continuar sometiendo a las infancias a la ignorancia y el temor; no les alcanza con insistir en privarnos de nuestro derecho a elegir ser o no ser madres y cuándo y cómo. Además de todo, quieren meterse con la sangre que nos cae, con el reconocimiento de nuestro propio cuerpo, con el placer que nos podemos propiciar en conjunto o en soledad, con todo lo que suponga información, elección, libertad y experimentación en pos de esa libertad.

Para este apartado, una última línea: no nos banquemos más el asco y la vergüenza impuestos. Desarmemos. No nos banquemos más que un médico, un científico x o un licenciado en marketing nos venga a decir cómo debemos menstruar. No se metan donde nadie les llamó.

Recolección roja

El promedio de sangre que nos cae por mes es re poco. Posta. Entre  15 y 75 centímetros cúbicos; pongamos que llegue a 100 en algunos casos. Carguemos esa cantidad de agua en un vasito y vamos a ver qué poquito es. Ese dato es revelador para desarmar la trama de la gestión menstrual. Cada cuerpo es un universo y las regularidades son sólo una posible guía; por eso, es fundamental que nos animemos a observarnos, registrarnos, sacar conclusiones que nos cuajen a cada une de nosotres en nuestra particularidad. Y contar con información y opciones para decidir sin presiones, sin caretas, sin culpas y sin mentiras.

Existen toallitas descartables y tampones: ¿qué pasa si los usamos? Contaminamos el medioambiente con su desecho no fácilmente degradable y su materia prima  tóxica. Sí. pero ojo. Más contaminan las empresas multinacionales. Tranqui. Igualmente, podemos mejorar ese uso paulatinamente y con gran relevancia para nuestra salud; si contamina al medioambiente, también a nosotres, claro. (El mundo del tampón es espeluznante).

Existen toallias de tela y copas menstruales re anatómicas: ¿qué pasa si las usamos? Probablemente, encontremos que nuestra sangre está buenísima y que lavarla, tocarla, chorrearla no era tan asqueroso. O que sí, pero que es la oportunidad para deshacernos de ese mensaje de autoodio y buscar el camino para hacernos amigues de ese fluido también. No porque deseemos ser madres o nos pensemos mártires, sino porque es un zarpado indicador de salud y fue. Y aparte la sangre que no sale de la herida tiene otro carisma, puede volverse arte y riego, ¡reguemos las plantas! Recordemos lo que decía más arriba de las proteínas, los minerales, ¡las células madre!

Existe el “free bleeding”: ¿qué pasa si lo hacemos? No voy a decir una generalidad porque hay que experimentar y ver. Yo lo vengo practicando hace muchos meses, de manera progresiva, sin ese nombre; sólo por querer estar más cómoda y por la curiosidad de observarme y por la expectativa de ver qué onda. Este mes usé un solo día y una sola noche una toallita de tela. El resto del tiempo, mi bombacha apenas manchada y todo lo demás, al inodoro. Ya venía notando que, amiga de mi cuerpo, de cierto modo regulaba cuándo sangraba y así fue. Fue lindo despertar la segunda mañana con la sensación de que llegaría al inodoro para gestionar lo que quedó a la espera durante la noche. Así ocurrió. ¿Este breve relato en primera persona para qué? Para que cuando te pinte, te animes. Es una buena opción también.

No hay dudas que la clave para gestionar nuestro sangrado es la libertad, una vez más. No nos dejemos sujetar, ni nos auto sujetemos. Permitamos que incluso qué nos ponemos para contener o absorber nuestra sangre menstrual sea el resultado de nuestra aceptación, de la información y las posibilidades halladas, de nuestra decisión, que puede ser dinámica en función de nuestro bienestar y placer.

ANEXO. MI DIARIO DE UN NUEVO CICLO

Día 5. 27 de julio/2020: el jueves pasado comencé a menstruar liviano, rosado, a mediodía. Ya me sentía cansada, como siempre que sangro. Me irritaba saber que al día siguiente, el de mayor sangrado para mí, debería trabajar casi 12 horas haciendo esfuerzos, moviéndome, hablando con decenas de personas. Finalmente, le puse toda la garra posible y salió bastante bien. Pero a la noche, me desarmé. Es fundamental para mí – y creo que para todes – poder escuchar mi necesidad corporal cada día de mi ciclo y especialmente en estos, en que mi energía está puesta en cerrar eso que se venía dando. Ya los siguientes días, con menos sangre, sin usar más que la bombacha, como les contaba, todo se alivianó: me tomé todo con mayor calma, organicé con pausa mis actividades y ya estoy lista para encender mi mecha otra vez esta semana.

Si querés info sobre el taller “Ciclar concientemente”, podés seguir la cuenta de Instagram @ciclandoando o contactar a Florencia Catania, su coordinadora: @criandoando –  florcataniaok@gmail.com – wp 1136445918

Texto: Pamela Neme Scheij

Collage: Valeria Dincoff. Del Oeste. Mamá, docente y coordinadora de los talleres La Cueva de Las Manos / Mi Mundo Creativo. Integrante de Mutágenas Artistas del Conurbano. La fotografía es uno de sus modos de registro del recorrido que va transitando en la vida. Otro es el arte plástico, a través del cual se deja llevar por la exploración y el deseo. El collage es hoy para ella una técnica infinita que la representa.

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