Aguafuertes bonaerenses / El Palomar / Tres barrios tresfebrerenses

De mi barrio lo que puedo decir es que no tengo un único barrio, sino muchos barrios, soy una persona de los barrios. Soy más de una zona y de unos movimientos que de un barrio. Soy del grupo de trefebrerenses que en los contratos de alquiler figura como locatario, en contraposición al locador, entonces, igual que otras personas, fui pasando de casa en casa y mi barrialidad se ha visto resbalada. Según pude contar, me mudé de casa unas treinta veces. Salvo unos meses en CABA, siempre viví en familia y mi familia es central en la lógica de mi movimiento. 

De esos varios barrios, si quiero ser preciso, tengo tres barrios donde sí que hice girar la rueda: Martín Coronado, El Palomar (El Palomar Norte, la parte de 3DF) y Ciudad Jardín. ¿Cómo estoy seguro? Es una corazonada y eso fue lo que vi en mi Rutas de Google el día que descubrí que me estaban fichando los lugares donde ando. ¡Dime por dónde andas y te diré… absolutamente todo sobre tí! Sí, un día me llegó un mail de Google con todos los lugares por donde había pasado -supuestamente- los últimos cinco años. 

No, no: mudarse otra vez, por favor, no. Me encanta Coronado, donde tocamos la guitarra de la existencia con mi compañera e hijxs, un barrio con el nombre de un poeta, con circulación de autos mediana, muchos pájaros hermosos y plazas, pero además voy a otros barrios y los siento como si fueran míos de toda la vida. Voy a los barrios y los atesoro antes de irme, los vuelvo una miniatura en mi interior, aunque pase fugazmente, por eso en mi estrategia de autoconocimiento guardo un par de mapas imaginarios parecidos a los de Google. ¿Quién no es extranjerx y local en algún sentido? Con relación al alquiler, me reconozco en otros barrios, por ejemplo, porque en algunos vimos una casa para alquilar que nunca alquilamos. Contrariando a los memes y los libros de autoayuda, en mi mapa imaginario desencadeno diferentes planos del es superpuesto con el hubiese sido

Los puntitos rojos de la imagen arriba son algunos de los 252 lugares donde más estuve, según Google. Los invito a mirar y explorar los lugares donde fui detectado. ¿Conocen? Hice un recorte en mi mapa: vi que los lugares que más estoy son estos puntos que conecto caminando o en bicicleta, es decir, son lugares cercanos. Estamos hablando de cuarenta o cincuenta cuadras máximo. Ahora bien, propongo que unamos estos puntos rojos para profundizar mi aguafuerte e imaginemos que se trata de un mapa interactivo. ¿Qué podría decir yo de esa unión de puntitos, esa conexión que Google todavía no invirtió millones para desarrollar? 

Si pienso en andar en bicicleta, la bajada de Udet es lo primero que me viene a la mente, porque es una bajada voladora que engancho con otras calles como Herten o Koehl. No siempre quiero volar en mi bicicleta. Otro de mis caminos es agarrar por la lisa Pampa o Neuquén y no por Bergamini ni Marconi, ya que alejarme de los autos es más seguro y me ayuda a reforzar la imaginación, por lo tanto, aumentan mis ganas de pedalear. Cuando voy y vengo, me pregunto por qué calles no pasé y me sorprendo cuando veo algo nuevo, casi siempre de casualidad, y de alguna manera me descoloco. Sin embargo, no soy como un panadero que va de acá para allá, sí soy muy-muy pragmático, calculo cada segundo para volver rápido a casa, uso la bicicleta para ahorrar tiempo, para cargar alimentos, comprar tornillitos en la otra punta del barrio e incluso para el transporte de niñxs (cuando las condiciones sanitarias lo permitían, los tiempos se mezclan).

Si en mi mapa interactivo me bajo de la bicicleta y vuelvo en la línea del tiempo, el lugar por el que más caminaba antes de la cuarentena era el trayecto entre mi casa en Las violetas y la estación de El Palomar. La particularidad de este recorrido popular de Ciudad Jardín es que se puede hacer con lluvia o con sol intenso, ya que se hace todo bajo techo desde Wernicke hasta las vías (mano del cine Helios), en el que me cruzo a un montón de personas que me detengo a saludar. Vecinxs, clientes de cuando trabajaba en la gomería, estudiantes de algunxs de los lugares donde di clases, conocidxs de mis familiares o familiares, compañerxs de diversa índole van apareciendo y, a diferencia de un trayecto en auto o en bici, cruzan conmigo algunas palabritas. Al caminar cerca de la plaza del Avión, lx pedestre puede contar con el pintoresco techo para hablar tranquilo, pase lo que pase. Sin embargo, está claro, fuera del abrigo de la bicicleta y fuera del auto, las miradas se vuelven cada vez más intensas, invasivas y sospechosas, y aparecen los silencios. Un breve ejemplo: el grupo de personas mayores que se juntaba todos los días en Mc Donalds de Ciudad Jardín a charlar. Lunes a lunes. Sol y lluvia. Sus edades variaban de entre 70 y 80, no mucho más, por lo que no estaría mal pensar que ahí en esas mesas se sentaban compañeros del colegio y décadas de amistad y recorridas por el barrio. Los veía muy unidos y sanos tomando un café con leche en vez de cerveza o vino, como otrxs grupos que se encierran en un pool con la TV en el hipódromo. Estos del Mc Donalds se quedaban ahí todo el día, se iban turnando, gastando o no el tiempo. Si se me permite una broma, ¡ojalá hoy tengan un grupo de Whatsapp!  Salvo ese café frío como el piso que duraba horas y los mezclaba con las palomas, estos hombres no consumían nada, pero los veía ahí cada vez que cruzaba de El Palomar a Martín Coronado o a mi casa anterior en Ciudad Jardín. Eran comparables a los bancos, las vías, los carteles y los pedazos rotos de baldosas. De tanto pasar, estoy seguro que ellos me conocían, al menos de vista, o por lo menos con un “el hijo del gomero” como me conocen algunos acá en el barrio. 

En fin, si en vez de puntitos en el mapa hubiesen líneas (imaginemos que ahora estamos superponiendo líneas de movimiento hasta que el mapa interactivo se vuelve una mancha roja con la mancha de otros colores, o sea, otras personas), estoy seguro que en Rutas de Google estaría escrito que yo voy y vuelvo todo el tiempo en bicicleta y a pie entre estos tres barrios que mencioné, hace años. En mi trayecto, miro todas las casas, las plazas y negocios y el movimiento es un desencadenar atrás de otro, en el que me contrapongo a lo concreto que existe en mi camino. Como el agua, recordando a Francis Ponge, tengo el vicio de mi propio peso y así satisfago mi vicio: contorneo, atravieso, corroo, me infiltro. A su vez, en este mapa todo lo concreto del barrio alrededor padece la locura de su leveza: clausura, se desvanece en medio de la naturaleza, crea filtros. Es la zona gris del mapa. Con este movimiento barrial veo mi propia historia, las historias de mis amigxs, de mis conocidxs y demás, que se aparecen imaginariamente o no ante mi. Cada línea de mi mapa interactivo de Google mental que elijo me trae un pensamiento que puede ser distante / cercano o futuro / pasado y otras cosas variables más extrañas de mi locación.

Texto: Rodrigo Arreyes. Es de El Palomar aunque también es bastante brasileño de San Pablo. Tiene dos hijes, Andrés y Vera. Estudió Letras en la UBA y se dedica a la traducción hace diez años. Su licuado favorito es de mango.

La imagen fue proporcionada por el autor: “Rutas de Google Maps muestra una estimación de los lugares que visitaste y las rutas que recorriste según tu Historial de ubicaciones.” (Google)

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