Diario de sangre: desarmando la (des)educación sexual neoliberal

Aproximadamente 40 años. Aproximadamente 40 años de nuestra vida. Y quizás nunca supimos cómo es nuestro útero, nunca lo observamos latir, nunca nos preguntamos qué sangramos cuando sangramos. ¿Por qué el tabú? ¿Por qué la carencia de preguntas? ¿Por qué la información velada o desviada? ¿Por qué tantas veces se sigue nombrando con disimulo y pudor por las palabras mismas?

Entre muchísimos más cuestionamientos, venimos tratando de zanjar la percepción de nuestro cuerpo en el taller virtual Ciclar conscientemente que inspira estas páginas del Diario de sangre que inicié hace algunas semanas. Nos quisieron anudar el sentimiento de nuestros ciclos vitales, quisieron que entreguemos nuestra fisiología e intuiciones al sistema médico y lo hicimos, porque no aparecían las opciones sin miedos o condenas. Incluso nuestra madres creyeron que lo mejor para nuestra salud era compartimentarla y desintegrarla y normalizarla y. Pero, al menos algunas y con la voluntad de debate y réplica en expansión, queremos preguntarnos todo, tocar todo, rastrear los detalles y ver qué, cómo y por qué sí o por qué no. Al fin y al cabo, es este cuerpo el que nos lleva por las calles y las camas, que se calza la bombacha y se saca la copa menstrual, es este cuerpo que tiene portadora y no quiere estar a merced de las palabras de otres que lo condenen. No más.

Propósitos

Acá no voy a hablar de cuánto mide un útero promedio, ni de ciclos largos, medios o cortos, ni de fases ovulatorias y hormonas, porque soy la menos indicada para hacerlo, aunque conozca esa información, aunque me la haya refrescado Florencia el pasado sábado en su taller. Es que acá quiero seguir hablando de la rebeldía que ciclar conscientemente supone; la rebeldía de les que sangramos conociendo el funcionamiento y las potencialidades de nuestro ser y estar en el mundo; la rebeldía en cada acción diaria que podemos ejercer contra la hegemonía patriarcal y capitalista que se cuela agresiva en nuestros cuerpos y mentes, en nuestras casas y camas, en nuestros aprendizajes y experiencias. Con el objetivo del dominio y el consumo, de la sumisión y de la dependencia que nos vuelve ajenes de nosotres mismes, que nos vuelve indiferentes y sumises.

En el taller, entre risas y detalles zonzos, quienes fuimos a la escuela en los ´90 recordamos de qué se trató, en ese espacio de conocimiento y socialización, nuestra educación sexual (y sentimental). No había ESI, ya sabemos; y excepto algune profesore que se animara a hacerlo, las palabras sobre nuestra sexualidad quedaban, al menos en los colegios bonaerenses, a cargo de una empresa privada que nos quería vender toallas higiénicas y tampones: Johnson & Johnson. Se hablaba de menstruación, no de ciclo, claramente. Se hablaba desde una óptica cisheteronormativa, claramente. Se hablaba con una intención comercial más que pedagógica, sin dudas. ¿Y entonces? Nos hicimos jóvenes y adultes y sabíamos de nuestro cuerpo lo que con suerte rescatamos por ahí y muches siguieron diciéndole vagina a la vulva, siguieron comportándose como en una publicidad de Siempre Libre, siguieron renegando de hacer lo que se debía o sintiéndose fuera del lugar y el comportamiento correctos –excepto, quienes tuvieron cerca referencias adultas que nombraran cada parte con su nombre, que supieran y expresaran que no necesariamente debemos reproducirnos por tener un útero, que nos dijeran que no era un asco o una carga menstruar sino un indicador de salud, que nos ayudaran a notar que las regularidades se dan en función de múltiples factores y que no estamos siempre falladas si-.

Por otro lado, llegado el presente, eso que hicieron de nosotres el neoliberalismo y el control externo sobre nuestra interioridad, la normalización, la medicalización, la mirada estereotipante, todo eso queremos deconstruirlo. Pero no vale sólo nuestra intención: necesitamos información y red, diálogo con otres para comprendernos, para cuestionar y desarmar juntes esos mecanismos de control que nos colmaron los ovarios. Y para eso también, creo, me quedé pensando luego del taller, debemos repensar colectivamente la cuestión del tiempo: el tiempo en que creemos que nuestra hija puede estar en problemas pues su menarca no ocurre como se espera; el tiempo que dura nuestro ciclo; el tiempo que “nos espera” le obstetra para parir; el tiempo en que la sociedad nos evalúa como posibles madres; el manejo del tiempo estandarizado como espada de la medicina (y de la facturación de prepagas y sanatorios) sobre nuestros propios tiempos y el que nuestro cuerpo precise; etc. etc. Porque la gestión del tiempo y el juicio de otres sobre el que cada une necesita o desea, también en estas cuestiones de la sexualidad, nos determinan, nos enferman, nos angustian, nos someten. Y ahí debemos estar atentes y buscar cómo sopesar.

Para finalizar, quiero contarles algo hermoso que hicimos hacia el término del taller: una meditación útero-corazón –un momento de silencio y voz calma, de concentración y contacto para reconocer la presencia de ese dipolo energético-. Una mano sobre el corazón, otra mano sobre el útero, la música, la guía, la imaginación. Y los latidos. Y la fuerza arrasadora de estos espacios que nos constituyen y alojan futuro, vitalidad y placer. También bailamos, pero eso me lo guardo para mí por hoy.

ANEXO. MI DIARIO DE ESTE CICLO

Día 14. 12 de julio/2020: sigo sintiéndome vital y erótica; estos días tiré selfies y me miré más al espejo. Me re disfruté y también me di tiempo para cada cosita que debía realizar en mi rutina. La mitad de mi ciclo es a los 12 días, observo mis fluidos, es fundamental hacerlo. Mi ciclo es corto, podría decirse, siempre lo fue. Tuve suerte de que nadie medicalizó mi cuerpo para extenderlo a la regla de los manuales. Re atiendan sus bombachas, sus apósitos, sus lo que sea que se contacte con su vulva, incluso sus dedos, rastreen sus vaginas también. Reconocer para el placer, para la salud, para la autonomía. Que no sea le ginecólogue quien nos diga qué, cómo, cuándo, aunque nos tire alguna data, un análisis, etc. Emancipación y colaboración, sí. Dependencia y sumisión, jamás. Las bombachas como calendarios de nuestro ciclo, una hermosura de imagen. Pronto entraré en mi etapa de hechicera. Quizás el próximo Diario de sangre rompa cristales. Hasta pronto.

 

Si querés info sobre el taller “Ciclar concientemente”, podés seguir la cuenta de Instagram @ciclandoando o contactar a Florencia Catania, su coordinadora: @criandoando –  florcataniaok@gmail.com – wp 1136445918

Texto: Pamela Neme Scheij

Fotografía: Jésica Barneto. Nací en Buenos Aires, con espíritu curioso e inquieto, fui construyendo mi vínculo con la fotografía de manera amateur. Disfruto fotografiar momentos de contemplación y silencio, cuando la naturaleza habla por sí misma.

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