Educación Popular en cuarentena

¿Cómo educar en Cuarentena?
¿Como hacer educación popular en cuarentena?
¿Cómo hacerla sin reproducir y/o profundizar las
desigualdades que sufrimos como pueblo?

2020 era para nuestro Bachillerato Popular Ejército de los Andes el año de la consolidación, de la definitiva institucionalización, pero al otro lado del mundo un virus se venía para diluir nuestros planes.

Somos un Bachillerato Popular que, por estos días, cumple 10 años. Que con idas y venidas pudo construir su lugar propio en el barrio mal llamado Fuerte Apache y pudo fortalecer una identidad en unidad con la comunidad que lo rodea. 

2020 arrancaba con dudas acerca del Plan Fines 2, que es el plan que con acuerdo de la Dirección de Adultos de la Provincia de Buenos Aires, nos permite titular y tener autonomía como organización popular (a nosotres y a otros bachis de la Provincia). La continuidad del Fines no era un impedimento, nunca lo fue. Por ello, teníamos para mediados de marzo una matrícula de 70 estudiantes prestes para arrancar un nuevo año. Hasta que el aislamiento social preventivo y obligatorio nos marcó un inesperado teatro de operaciones.

Los interrogantes iniciales eran: ¿por cuánto tiempo será? ¿Cuánto esperar? Sin dudar, avanzamos en definir cómo nos comunicaríamos entre les profes y entre profes y estudiantes. En ese sentido, fue clave definir cómo comunicar lo importante, ahí donde la comunicación es horizontal y caótica por momentos: ese antro conocido como los grupos de watsap. Entonces, apelamos a lo audiovisual por sobre el texto plano. Hacia allí fuimos, afirmando que la cuarentena no eran vacaciones y que las clases serían virtuales o a distancia.

Entrados en la siguiente etapa del aislamiento, los interrogantes fueron más complejos y las urgencias empezaron a aparecer. En lo pedagógico, debíamos definir cómo distribuir los contenidos y cómo serían desarrollados por les estudiantes. Si bien trabajamos por áreas (Exactas, Comunicación, Sociales, Permanencia e Informática-Inglés y Conocimiento Humano Integral), nos parecía que, para la situación, debíamos integrar aún más  los contenidos desde las distintas áreas. Lecto-comprensión, producción de texto e investigación serían los objetivos que sostendrían un mismo eje temático. Suena muy lindo, pero hacerlo entre profesores llevó a avezados debates que no siempre terminaron en el mejor de los trabajos. Debíamos equivocarnos para aprender.

Se sumaba una dificultad más, al no tener aula, la elaboración de conceptos de forma grupal, propia de la educación popular, no tenía dónde suceder. No compartíamos el momento de la reflexión, no podíamos estar ahí para cuando surgían las preguntas de les estudiantes. Entonces, hicimos clases por chat, al mismo horario que sucedería en el bachi. convocamos a les estudiantes y esperamos sus consultas; el éxito fue dispar, pero nos acercó al momento áulico.

Sin embargo, sabíamos que el celular es una interfaz que establece una brecha. Fuimos descubriendo que varies de nuestres estudiantes comparten el celular con su pareja o hijes, o solo disponen del celular durante algunos momentos del día, o tienen la pantalla rota, o no cuentan con datos para descargar o ver un video, o no tienen la capacidad visual para leer del celular. Más complejo aún era que no disponían del tiempo, que no tenían energías para enfocarse en estudiar o, al menos, leer o que en situaciones de hacinamiento, tener un espacio para concentrarse es imposible.

La espera ansiosa de les profes ante grupos de wasap sin movimientos empezaba a mostrar que muchas cosas estaban pasando del otro lado.

Claro, nuestres estudiantes son en un 70% mujeres, un 56,4% está desocupado, solo un 21% cuenta con un trabajo jubilación o pensión, es decir, un ingreso fijo. Solo un tercio tiene obra social y un 85% apela al sistema público ante un problema de salud. Tienen hijes un 64% y un 20% tiene más de 3 hijes, quienes en un su gran mayoría están cursando la primaria o inicial. La mitad de sus hogares son de 3 o 4 integrantes; la otra mitad, es de 5 o más. 

En ese marco, el objetivo de la etapa pasó a ser fundamentalmente la continuidad pedagógica: debíamos contener, no evaluar; esperar en lugar de poner plazos; preguntar en vez de enunciar.

Ya pasado mes y medio de cuarentena, entendíamos que la situación de nuestres estudiantes era crítica, que como organización social-educativa debíamos atacar lo urgente. Decidimos pasar a un esquema de tutorías prácticamente individuales para primero ayudar en lo alimentario, en gestionar el IFE o la beca PROGRESAR o acercar mercadería, para luego pasar a lo educativo-pedagógico. En nuestro barrio, surgían ollas populares en cada esquina que se desbordaban de comensales, en muchas de ellas nuestres estudiantes ayudaban como podían. 

Dada la situación, agregamos al pie de cada material entregado información acerca de las herramientas con que cuentan nuestras compañeras en caso de ser violentadas. Hicimos del bachi un punto donde les estudiantes pueden acercarse y conectarse al wifi para descargar un material o buscar en internet un contenido necesario. Distribuimos actividades lúdicas para hacer con les niñes en la casa. Empezamos a dar la opción de entregar trabajos y material en papel para aquelles que lo necesiten, cumpliendo siempre con los protocolos para evitar contactos.

En este tiempo, hemos demostrado, nuevamente, el valor de lo presencial, de la importancia de las relaciones y los vínculos forjados en el aula entre educadores y educandos. La virtualidad aún no puede cubrir esos aspectos ni acortar las distancias.

Como Bachillerato Popular hemos podido navegar por aguas tormentosas durante años, sin muchas certezas acerca de nuestra pleno reconocimiento oficial. Esa resiliencia, forjada al calor de la organización y de dar peleas sin victorias aseguradas, es parte de nuestra identidad. Hemos aprendido a leer el contexto y adaptarnos a lo que el momento o la coyuntura nos demanda; quizás por eso venimos transitando estos tiempos sin que las dificultades nos paralicen. 

En estos meses, para nosotres como trabajadores de la Educación Pública, también surgieron complicaciones. Porque el plan Fines paga si hay comisiones aprobadas y profesores designades, cosas que no estaban pasando. Como institución debimos garantizarle la inscripción a les ingresantes, la continuidad y la titularización a les de los años superiores, en medio de una lenta transición de autoridades en La Plata y en nuestra región educativa. Se demostró en los hechos, una vez más, que la educación de adultes queda para el final como un problema de segundo o tercer orden. Falto de reflejos, las soluciones parciales llegaron en mayo con el plan PIEDAS que solo aborda a los cursos de tercer año próximos a egresar.

Así estamos, inventando entre les veintipico de profes que somos la mejor forma de hacerle frente a la situación, construyendo organización con valores de solidaridad y con la premisa de siempre ponernos en los zapatos del otre. Contamos con estudiantes luchadores que no le aflojan y se ayudan y sostienen entre sí, muchas veces con más efectividad que les profes.

Este recorrido sólo plantea interrogantes, sabemos que ideamos respuestas siempre mejorables para un contexto inédito. 

Sabemos que en el barrio donde vivimos las redes de solidaridad muestran una dinámica que muchas veces supera al Estado. Esas redes hoy esperan en su paciencia impaciente que la cosa mejore; reclaman que lo verdaderamente prioritario ocupe la escena pública. 

La pandemia pasará, varias discusiones parecen abrirse en torno al rol del Estado. La educación de adultes puede hacer un aporte en pensar el reposicionamiento del Estado en su relación con les trabajadores en busca de un porvenir asentado en lo comunitario y la justicia social. El lugar que ocupe no puede ser accesorio si se pretende reformular valores que desanden las matrices de pensamiento individualistas, meritocráticas y patriarcales.

 

Texto: Pablo Diaz. Ingeniero informático, educador popular, militante del Movimiento Evita, integrante del equipo de coordinación del Bachillerato Popular Ejército de los Andes.

Fotografía: Florencia Chiarelli Acevey. Estudiante, educadora popular y fotoperiodista.

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