Guía práctica para el uso de lenguaje inclusivo

“Lo que no se nombra
no existe
y lo que se nombra
construye realidades.”[1]

Si tenés ganas de empezar a usarlo, si ya lo venís usando pero sin marco teórico, si no sabes qué es, si te oponés sin saber bien de qué se trata, si formás parte del grupo de “les amigues de la real academia española”, si tenés ganas de conocer su historia, si pensás que es una moda, si creés que es algo nuevo. Te propongo salir de esta lectura con algunas cosas resueltas. Una guía práctica sobre lenguaje inclusivo, su historia, modos de utilización, debates actuales y la explicación de por qué queremos cuestionarlo todo, también el lenguaje.

¿Por qué elegí este tema? En primera instancia, porque algo que nos parece tan simple y tan obvio, en realidad no lo es. Porque así como nuestro modo de pensar, de vivir, de sentir y elegir están marcados por nuestra historia personal, también van mutando entre otras cosas por el momento histórico que habitamos. Así también muta nuestro modo de expresarnos a través del lenguaje escrito, verbal, gestual. El modo en que usamos el lenguaje tiene un impacto tanto en nosotres como en quienes reciben ese mensaje.

Por esto y mucho más, el lenguaje inclusivo es un tema vigente y hasta lo podemos considerar novedoso (a lo largo del recorrido pondremos en duda esto último), que genera debates y discusiones desde diversos ámbitos. Les invito analizar su uso para entender el impacto que el lenguaje tiene, más allá de lo meramente gramatical, como una herramienta que comprende cuestiones sociales, históricas, políticas y éticas.

DEFINICIÓN

Si pensamos en lingüística moderna, pensamos en quien sentó las bases para su creación, Saussure (1984). Planteaba que en el habla se encuentra la posibilidad del cambio, ya que es a partir de una práctica exclusiva de algunos individuos que un signo entra en uso. Primero surge en los sujetos y luego se irá convirtiendo en un hecho de la lengua adoptado por la comunidad (Iglesias Bavosi, 2019).

¿Qué busca el lenguaje inclusivo? Evitar exclusión de ciertos existenciarios, en especial quienes existen y construyen su identidad más allá de las lógicas que el binarismo pretende imponer, permitiendo desarmar el planteo de lo masculino como universal. La utilización del lenguaje inclusivo no solo abarca, si no que incluye y visibiliza, nos distingue pero a la vez nos deja en igualdad de condiciones para acceder a derechos, porque nos nombra.

HISTORIA

Pero, vayamos más atrás, ¿cómo surge el lenguaje inclusivo?

Podemos partir de la década del ´70, encontramos en esos años el aporte del feminismo a la lengua castellana, planteando que ésta se presenta como neutral pero hace referencia desde el masculino y niega los demás existenciarios. La crítica al lenguaje lleva consigo un reclamo moral, jurídico y hasta biológico, que visibiliza la jerarquización desde las lenguas, que deja a los varones en condiciones de privilegio. En los mismos años en Argentina, Delia Suardíaz analiza la ausencia de las mujeres en diversos usos sexistas de la lengua castellana proponiendo un cambio lingüístico.

A partir de los años ´80 y ´90, con la llegada de las teorías queer y trans, se acentúa una fuerte crítica a los esencialismos. El cuestionamiento a la cis heteronorma plantea que tanto el uso del genérico masculino, como el “A/O” o el “@” se anclan en lo binario, con lo cual nuevamente se está excluyendo.

Con la llegada de la X y la E se insiste en la “indecibilidad del género” y en la imposibilidad de la reducción a solo dos categorías. Esta apuesta política tiene como base los principios de Yogyakarta, los cuales fueron publicados en el año 2006 y consisten en principios que guían la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos con relación a la orientación sexual y la identidad de género (la Ley de Identidad de Género Argentina se basa en estos principios). En el primer párrafo de la introducción dice: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Todos los derechos humanos son universales, complementarios, indivisibles e interdependientes. La orientación sexual y la identidad de género son esenciales para la dignidad y humanidad de cada persona y no deben ser motivo de discriminación o abuso.” Yo agregaría: “no deben ser motivo de invisibilización”.

En Argentina, en el año 2015, la Cámara de Diputados redacta la Guía para el uso de un lenguaje no sexista e igualitario basándose en las guías de universidades españolas, para ser utilizado en la Honorable Cámara de Diputados (Iglesias Bavosi, 2019). El argumento respecto a esta guía tiene varias aristas: el lenguaje no es estático, puede transformarse y de hecho lo hace; plantean que el lenguaje no sexista tendría que ser la norma. Distintas universidades nacionales adhieren a la implementación de lenguaje inclusivo como así también la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

En la actualidad, la “e” es el modo más elegido para implementar el lenguaje inclusivo, dado que abarca a la diversidad de existenciarios, permite su lectura, los programas informáticos y aplicaciones que leen por ejemplo para personas ciegas aceptan la “e” como modo de lectura, mientras que esto no es posible con la “x”. Además, la “e” permite no anclarse en ninguna identidad sexo-genérica como lo universal, desarma las hegemonías.

Si ya están preparades para empezar a usarlo, acá les dejo unos tips:

  • No se utiliza en nombres propios ni objetos;
  • Se usa en sustantivos, adjetivos y pronombres;
  • Las palabras que ya están terminadas en “e” no se modifican, lo que sí cambiará es el artículo.

Y si aún no les cierra del todo el “usar la E”, les cuento que estos modos en el lenguaje existen hace mucho tiempo.  Por ejemplo, en la cultura pre colonial indígena zapoteca en México, existe la comunidad muxe (en palabras de una muxe: “una persona que más allá de su origen masculino deviene mujer”). Amaranta Gómez Regalado (antropóloga muxe) nos cuenta que ancestralmente hay una práctica y hay cuerpos y expresiones, que existía derivación para quienes nacen con pene y construyen una identidad de género femenina. El idioma zapoteco tiene palabras específicas para romper con el binarismo, para nombrar, el artículo “ti” que no define a la persona pero lo acompaña gramaticalmente, artículo que permite ser y no condiciona un género. En la cultura zapoteca hay un elemento que, traducido al español, es “el don”: consideran que la persona muxe tiene un don, no se crea, que surge entre los vientres, sube al corazón, pasa por la garganta y cuando surge la palabra se construye lo muxe y ahí está el don, hay que pasar por este proceso vivencial (Gómez Regalado, 2006). Qué importante es la palabra para esta cultura ¿no? Tan importante es que lograron encontrar un modo de hablar evitando la exclusión.

El lenguaje inclusivo se incorpora a modo de instituyente, con la que muches consideramos la cuarta ola del feminismo, la cual tiene sus bases en Latinoamérica. Como dijo Butler (2019) en su última visita a Argentina: “El mundo está mirando Latinoamérica”, a los movimientos LGTTTBIQPA+[2] latinoamericanos, al feminismo popular, al colectivo “ni una menos”, el Aby yala de las comunidades originarias, a los movimientos de la identidad marrón. Estos movimientos toman las calles como símbolo de visibilidad (al igual que el lenguaje inclusivo), construyen una mirada interseccional, como un avance deconstructivo puertas adentro de los mismos movimientos feministas, en la construcción y transformación de los vocablos, del modo de nombrar, buscando una construcción horizontal e inclusiva con capacidad de transformación, de mutación, de un lenguaje trans.

DEBATE

La real academia española desoye las demandas. Plantea como argumentos “economía del lenguaje” y “que el uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino”, dando por tierra los reclamos de inclusión. Estamos ante argumentaciones de las que Ana María Fernández (1993) plantea como la episteme de lo mismo. Las construcciones de sentido constituidas en cierto momento histórico y por cierto sector poblacional (que suele ser el que más poder tiene, que a su vez suelen ser las masculinidades hegemónicas) no necesariamente tiene que funcionar para el total de la población. En resumen, se construyen verdades con el argumento de que son universales pero en realidad, se construyen por y para un cierto sector únicamente. Las estrategias de los sectores de poder para no dar cauce a las demandas de las minorías serán la invisibilización, la patologización y/o la demonización.

Podemos pensar esta operatoria, la de resistencia al uso de lenguaje inclusivo, como un modo en que se concretan las violencias simbólica e invisible retomando el concepto que Bourdieu (2002) utilizó para referirse a la violencia que se ejerce de manera indirecta y no física y de la cual quien la recibe no es consciente por lo que puede transformarse en cómplice.

Gaba (2018) plantea “El lenguaje le da forma a la manera en que pensamos el mundo. El debate por el lenguaje inclusivo no es un asunto lingüístico, es un asunto político. Y las tremendas resistencias que genera no se deben al apego de los grupos hegemónicos a las buenas formas de la lengua, se debe al apego que tienen al poder. Ojalá la indignación frente a las deformaciones del lenguaje fuese la misma que frente a la discriminación y exclusión.”

Planteo desde una dimensión política el uso de lenguaje inclusivo, en tanto el nombrar otorga poder, lo redistribuye entre las construcciones identitarias posibles, la “e” visibiliza e incluye, nombra. Les invito a pensar a la inversa el planteo hegemónico, les invitamos a pensar al lenguaje con genérico masculino como un conflicto a resolver y al lenguaje inclusivo como una propuesta para solucionar esta inequidad.

Sabemos lo importante que es poder nombrar y ser nombrades, el nombrar aloja, da existencia. Consideraré aquí la noción de semejante que Débora Tajer (2019) retoma de Silvia Bleichmar para pensar en la ética que conlleva el lenguaje inclusivo. Ante la pregunta de ¿quién es el semejante para une? La respuesta va a incluir o excluir y plantear las reglas del juego, ¿qué puedo hacer con el semejante y con el que no considero semejante?

Según cuán ampliada o acotada sea nuestra consideración respecto a quienes son nuestres semejantes, va a haber un impacto en el modo en que vemos el mundo, ¿a quienes creo “merecedores” de mis mismos derechos? ¿A quiénes considero con derecho a ser nombrades?

Tajer (2019) plantea la noción de privilegios en articulación con la noción del semejante. Nos preguntamos por el derecho a ser nombrades, a existir desde la palabra. Y aquí volvemos al punto de partida respecto a la importancia de haber llegado en la actualidad al uso de la “e”, dado que abarca la posibilidad de ser leída, oída y de incluir más allá del binarismo y de la cisheteronorma. Desarmar el binarismo y dar lugar a la visibilidad desde la palabra, a la diversidad de existenciarios más allá del binomio varón/mujer. Porque no es lo mismo nombrar que no hacerlo, el lenguaje inclusivo no es el único objetivo, pero si es un comienzo fundamental

La palabra circula y captura el poder invisibilizando ciertos existenciarios. Desde la negatoria subyacen la segregación, la invisibilización, y la expulsión de una parte enorme de existenciarios que componen el mundo y que están demandando ser nombrades, desde las leyes, desde las políticas públicas, desde las ciencias, para acceder de modo equitativo a derechos; pero por sobre todo, ser nombrades. Por eso, el lenguaje debe ser de inclusión. Dar por tierra nuestros reclamos y argumentos no es más que una estrategia para explicitar el poder que las hegemonías tienen.

Les invitamos a usar el lenguaje inclusivo si aún no lo hacen, a escribir con lenguaje inclusivo, a incorporarlo en la cotidianeidad y en la academia.

Como propone Alessandra Luna (2018), el nombrar desde la inclusión y la diversidad permite comprender que la diversidad somos todes, no solo los existenciarios de las disidencias sexo – genéricas.

 

[1] http://www.qfem.es/post/14519/lo-que-no-se-nombra-no-existe-y-lo-que-se-nombra-construye-realidades

[2] Lesbianas, Gay, travestis, transexuales, transgénero, bisexuales, intersexuales, queer, pansexuales, asexuales (mas).

Referencias:

Bourdieu, P. y Passeron, J.C. (2002) La reproducción, Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Editorial Popular. Madrid, España.

Butler, J. (2019). Conferencia Cuerpos que todavía importan. Universidad Nacional de Tres de Febrero. Buenos Aires. Argentina.

De Saussure, F. (1984). Curso de Lingüística General. Editorial Losada. Buenos Aires. Argentina.

 El Litoral (2018). La real academia española rechaza el lenguaje inclusivo. Recuperado en: https://www.ellitoral.com/index.php/id_um/184742-la-real-academia-espanola-rechaza-el-lenguaje-inclusivo-lo-juzga-de-innecesario-en-un-nuevo-manual-informacion-general.html

 Fernández A. M. (1993). La mujer de la ilusión. Argentina, Buenos Aires. Paidós.

 Gaba, M. (2018). Lenguaje inclusivo y visibilidad. Cooperativa. Chile. Recuperado en: https://opinion.cooperativa.cl/opinion/cultura/lenguaje-inclusivo-y-visibilidad/2018-09-29/104909.html

Gómez Regalado, A. (2006). Historias “Debidas”. Canal Encuentro. Argentina. Recuperado en: http://encuentro.gob.ar/

Iglesias Bavosi, F. (2019). Tesis de Licenciatura en Psicología, Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina.

Luna A. (2018). Existenciarios Trans en Argentina. Clase Introducción a los Estudios de Género. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina.

National Geographic en español (2019). La RAE rechaza nuevamente el lenguaje inclusivo. Recuperado en: https://www.ngenespanol.com/el-mundo/la-rae-rechaza-nuevamente-el-lenguaje-inclusivo/

Principios de Yogyakarta (2006) recuperado en: https://identidadydiversidad.adc.org.ar/normativa/principios-de-yogyakarta-2006/

Tajer, D. (2018) Psicoanálisis, memoria y construcción política. Pensando con Silvia Bleichmar la relación entre subjetividad, poder, psicoanálisis y género. Revista Topia. Buenos Aires. Argentina.

Texto: María Luján Costa. Psicóloga especializada en género y diversidad. Diplomada en género y políticas públicas – Flacso. Maestranda en género, sociedad y política – Flacso. Docente, Cátedra Introducción a los Estudios de género (Fac.de psicología – UBA). Integrante de la Red de Psicologxs Feministas. Integrante de las consejerías La Hoguera.

Ilustración: Leila Tanuz. 

2 comentarios sobre “Guía práctica para el uso de lenguaje inclusivo

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  1. Es vital el uso de un lenguaje inclusivo independientemente de lo que diga la academia del español. Pero además, las personas que escapamos a lo que esperaría de nosotras el patriarcado tendríamos que estar más organizadas, tanto al menos como la gente conservadora, que se encuentra todos los fines de semana en sus respectivos templos. En torno a una nueva religión atea/agnóstica, no dogmática, feminista, antirracista y ecologista podríamos estarlo, y se crearían multitud de comunidades. En infinito5.home.blog escribo sobre ella.

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  2. A mí como mujer la “e” no me visibiliza ni incluye ni nombra. Las mujeres venimos luchando hace muchos años por ser visibles y nombradas, y esto no es si no otra forma de taparnos. Nombras muchas veces a España pero allá la militancia feminista habla en femenino, no usa ninguna “e”. Las mujeres no somos el sexo opresor, nadie debería ofenderse por ser comparada con una mujer. Ya basta de apropiarse del feminismo, que es el movimiento por la libertad de las mujeres, y deformarlo en beneficio de otros grupos en detrimento de nuestros logros.

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