Consumo alimentario en la infancia: cuando el marketing se apodera de la mesa familiar

Cuando analizamos los cambios que hubo durante las últimas décadas en la alimentación de los niños y las niñas en nuestro país, vemos que estos van acompañados en un aumento en las cifras de exceso de peso. Comparando la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR) realizada en 2018, se observó que el peso en niños, niñas y adolescentes (NNyA) ha ido incrementándose en relación a las ENFR anteriores, realizadas en 2005, 2009 y 2013. En la última encuesta, se obtuvo un resultado con un 13.6% de exceso de peso en niños y niñas menores de 5 años, de los cuales el 10% presentaba sobrepeso y el 3.6% obesidad. En los niños y niñas desde 5 a 17 años, fue de un 41.1%: 20.7% de sobrepeso y 20.4% de obesidad. 

Según el análisis de la ENFR, algunas observaciones que se confirman son:

  • La epidemia de sobrepeso y obesidad es la forma más frecuente de malnutrición y que continúa aumentando sostenidamente en Argentina. 
  • En nuestro país los cambios en los patrones de consumo de alimentos siguen la tendencia mundial y atraviesan a todo el entramado social, afectando especialmente a los grupos en situación de mayor vulnerabilidad.
  • Este peor patrón alimentario entre los NNyA responde probablemente a múltiples causas, como un marketing dirigido a los/as niños/as, y entornos escolares obesogénicos, entre otros. Es, sin duda, un determinante que puede contribuir a explicar el crecimiento más acelerado de la epidemia de obesidad en la infancia y adolescencia.
  • La influencia en el comportamiento de compra tiene que ver con la publicidad, promoción y patrocinio de los alimentos. Los NNyA solicitan a las madres, los padres o cuidadores, que les compren estos productos. 

Existen varias teorías que explican la decisión y la elección de lo que consumimos. Una de las más conocidas es la teoría de las necesidades de Maslow. Este ubica a las necesidades en cinco niveles distintos dentro de una pirámide: fisiológicas, seguridad, sociales, estima y autorrealización, posicionadas de abajo para arriba. Según esta teoría, una vez que se alcanza la necesidad inferior, se puede satisfacer la superior, en el orden que están ubicadas. Sin embargo, observaciones sobre el comportamiento de las personas dan cuenta que no es en todos los casos de esta manera, ya que alguien podría satisfacer, por ejemplo, una necesidad de nivel superior, sin tener satisfecha la de más abajo. Teniendo en cuenta estas excepciones, las campañas de marketing apuntan a satisfacer necesidades de ciertos niveles; por ejemplo, una empresa de reconocida marca de gaseosas, no va a apuntar a satisfacer la necesidad de calmar la sed, sino de dar un sentido de pertenencia a un grupo social. 

Otra teoría que podría explicar el comportamiento de los consumidores es la de McClelland, donde la motivación se enfoca en tres tipos: logro, poder y afiliación. Por ejemplo, la afiliación puede ejercer una gran influencia y control sobre la motivación de compra. Por lo cual, una persona puede comer y beber no porque tenga hambre o sed, sino por motivos sociales: una reunión de amigos, una fiesta, etc. También puede elegir qué alimentos consumir según la marca, ya que esa marca da un sentido de pertenencia. En este sentido, las publicidades apuntadas hacia el mercado infantil, tienen en claro que los niños también podrían basar sus elecciones en base a la necesidad de pertenecer, ya que, si observa que sus pares consumen cierto alimento, también para él o ella será necesario consumirlo. Esto se debe a que los niños y niñas aprenden por imitación y los grupos que frecuentan son importantes modelos a seguir, como por ejemplo el jardín o colegio. Es decir, que el consumo de alimentos y bebidas no responde exclusivamente a las necesidades biológicas de energía y nutrientes, sino que también juega un rol en la consolidación de amistades, demostración de cariño y amor, así como afirmación de una identidad cultural o etaria. La publicidad, además, juega con las imágenes y las emociones en las campañas publicitarias dirigidas a la infancia. Por ejemplo, en publicidades de locales de comidas rápidas, los niños y niñas perciben una comida divertida, asociada a tiempos sociales y fiestas, también a los juguetes que este tipo de comidas suelen traer. Todo esto favorece su adhesión a la marca y evoca aspectos relacionados con la memoria fijada a un alimento.

Por otro lado, algunos estudios refieren que la cantidad de veces que ese alimento aparece en la TV o plataformas de streaming, como por ejemplo YouTube, es directamente proporcional a las veces que el infante lo pide a sus cuidadores, es decir que, cuanto más tiempo esté expuesto el niño o niña a las pantallas, más alta será la demanda por este tipo de alimentación. Además, la publicidad existe hoy en día en los juegos electrónicos, en los productos apuntados al mercado infantil, como personajes conocidos en el envase de un yogur o postrecito, por ejemplo. Es evidente que deben “cubrir todos los frentes”, ya que se sabe que la publicidad de las plataformas electrónicas puede eliminarse, por lo cual trabajan fuerte para no dejarnos escapar. Por lo tanto, podemos afirmar que estamos viviendo en un contexto donde el consumo no es una elección personal, como nos quieren hacer creer las campañas publicitarias. Su objetivo es convencernos de que decidimos lo que vamos a consumir, cuando en realidad estamos siendo víctimas de las “trampas” de esta sociedad de consumo, que no deja afuera a la niñez. Esta etapa tan vulnerable e importante, es la que se encuentra más perjudicada por la necesidad de venta de ciertas empresas fabricantes de productos alimenticios. Sin embargo, podemos trabajar en pos de la salud infantil. Teniendo el conocimiento, poseeremos el verdadero poder de elegir qué vamos a consumir nosotros y nuestros hijos e hijas. 

Si bien es cierto que los hábitos alimentarios se adquieren durante los primeros años de la vida y que el paladar se acostumbra a los gustos que más se consumen, como por ejemplo dulces o salados, esto puede modificarse. Hay estudios que sugieren que las células que transmiten la información del gusto, ubicadas en las papilas gustativas en la lengua, cumplen distintas funciones. Algunas agrupaciones de células tienen relación con la detección de los distintos gustos y otro grupo, denominado Células de recambio, se relaciona con el recambio celular, que se estima que es de diez días. Esto quiere decir que las papilas gustativas se renuevan. Tenemos la posibilidad de cambiar nuestras preferencias, haciendo frente a esta sociedad de consumo en la que nos toca vivir, que se sirve de la fisiología humana para hacer más atractivos sus productos. Debido a que el sentido del gusto posee un rol primordial que nos permite seleccionar una amplia variedad de alimentos es que muchos de los alimentos ultraprocesados que consumimos, tienen ingredientes, como el glutamato monosodico o azúcar disfrazada con otros nombres, que generan placer y necesidad de continuar consumiéndolos.

Como conclusión, EL CONOCIMIENTO ES PODER. Más allá de las posibilidades de cada familia (porque no siempre se tiene acceso a esta información o los recursos para sostenerla), es importante saber que, frente al mercado y sus estrategias de marketing, tenemos la capacidad de conocer y elegir conscientemente qué consumir, qué darles a nuestros hijos/as, cuáles van a ser los alimentos que primen en la familia. Y ante la duda, es bueno consultar a profesionales idóneos en el tema.

Texto: Lic. Mariel Gabe. Nutricionista Infanto juvenil y adultos. UBA. M.N. 9459 M.P. 4598. Cofundadora y Directora del Equipo QuinuZ, Propuestas Psiconutricionales. Docente e investigadora. Redactora de artículos.

Imagen: tomada de Infobae.

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