Ni una menos 2020: nuestros derechos más acá y más allá de la pandemia

En 2015, con el primer Ni Una Menos, el movimiento feminista de nuestro país alcanzaba un nivel de masividad que no sólo puso en evidencia las desigualdades de géneros y la violencia machista, también abrió el paso hacia un proceso de resistencia que durante los cuatro años de macrismo puso en tensión constante al sistema político en general. Aún con sus diferencias al interior, el feminismo fue clave para lograr un nuevo gobierno popular con un nuevo modelo de Estado que reconoce nuestras exigencias y urgencias. De la mano de ello hicimos posible recuperar el Ministerio de Salud y crear el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad.

Sin embargo, este contexto de pandemia mundial que expone mucho más las desigualdades sociales, económicas y de género nos indica que nada volverá a ser como antes y que tampoco queremos que así sea. Reflexionar sobre la situación en la que nos encontramos hoy es fundamental para plantearnos hacia dónde queremos ir y cómo. 

¿Qué deja en evidencia la cuarentena? 

Hay una serie de problemas que las mujeres y disidencias venimos atravesando hace mucho y que dan cuenta de los derechos que nos faltan. Según el Observatorio Nacional de Violencia contra las Mujeres, en nuestro país, dentro de la población que se dedica al trabajo no remunerado en tareas de cuidado el 92% son mujeres y sólo el 8% restante son varones. (Ver:https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2-boletin-estadisticas-de-genero.pdf).

En los hogares mono-marentales, quienes están en una peor situación son les que viven en viviendas precarias en los barrios populares y muches además se hacen cargo de los merenderos y comedores que durante el aislamiento social aumentaron exponencialmente su demanda. El Observatorio de Géneros y Políticas Públicas indica que quienes se dedican a estas tareas de cuidado, por lo general cuando tienen trabajos fuera del hogar, estos resultan ser más inestables, más precarios y sin derechos laborales (esta flexibilidad justamente permite sostener ambas actividades): las mujeres y femineidades representan al 98% de la población que integra los trabajos informales. En el ámbito formal también se da esta división sexual del trabajo: en la docencia, la sanidad y el trabajo doméstico el porcentaje de varones es del 5% y el de mujeres asciende al 34%. (Esta información puede consultarse en: https://www.observatoriodegeneros.com/post/coronavirus-y-genero)

Es decir que, en este contexto, se agudizan las tareas de cuidado en las cuales las mujeres y disidencias están a cargo de personas con discapacidades, con enfermedades, niñes, adultes mayores y además ocupan lugares de trabajo con una mayor exposición al virus. Pero lamentablemente, esto no es todo: también aparece la necesidad de crear herramientas adaptadas para abordar las diferentes formas de violencia machista, prevenir y disminuir la enorme cantidad de femicidios, travesticidios y transfemicidios que sigue siendo una de nuestras mayores urgencias a lo largo y ancho del país. Así mismo, es imperioso que las instituciones como las fuerzas de seguridad y la justicia tengan una mayor y mejor comprensión de las realidades y accionen con perspectiva de género. 

Las propuestas para este 3J y más allá

Como mencionamos al comienzo, el tener un nuevo gobierno popular con la mirada puesta en priorizar la salud y la vida antes que el bolsillo de las corporaciones es fundamental para avanzar en lo que falta.

Las medidas tomadas durante esta crisis (la IFE, los créditos a tasa cero, la Asignación Universal por Hijo, etc.) son indispensables. Pero a su vez es preciso que, siendo las tareas de cuidado una forma de trabajo productivo, quienes las realizan puedan en algún momento contar con un reconocimiento a través de un salario universal. También es necesario un mejor acceso a la vivienda digna y a los servicios básicos para mujeres, lesbianas, travestis y transexuales, un sistema de salud que garantice profesionales con formación en géneros, la Interrupción Legal del Embarazo y el Parto Respetado. Mayores recursos para revertir la precariedad de la vida del colectivo travesti-trans y de las personas con discapacidad. Y por supuesto, reforzar y mejorar la aplicación de la Educación Sexual Integral para trabajarla con nuestras infancias y adolescencias.  

Una mayoría social que durante los últimos cuatro años se empobreció (mientras el 1% que hoy promueve el “levantamiento de la cuarentena” y “la liberación de la economía” fugaba capitales al exterior) no puede ni debe hacerse cargo de esta crisis. Les feministas, en ese sentido, también discutimos el impuesto a las grandes fortunas. Porque cuando hablamos de les que menos tienen, sabemos que son las mujeres y disidencias quienes atraviesan un peor pasar. 

Consideramos que estas tareas no pueden ser exclusivas del Estado Nacional. Es necesario que el trabajo en políticas con perspectiva de género sea mancomunado entre los distintos niveles de gobierno, nacional y subnacionales. En el caso de Buenos Aires, la adopción de esta perspectiva también se visualiza en la creación de un Ministerio Provincial de Géneros y con la constante presencia e interacción de las encargadas del mismo en distintos espacios de mujeres y disidencias. La importancia otorgada a estas cuestiones, el refuerzo de viejas políticas y la construcción de nuevas no toma demasiada relevancia en el caso de gobiernos municipales. 

Este nivel de gobierno, que justifica su relevancia por la cercanía con la población que administra, adquiere un rol fundamental en esta pandemia en que la posibilidad de moverse es limitada y la exposición es mucha. Las posibilidades de construir lazos de confianza e interacción con la comunidad y con las organizaciones de mujeres y diversidades son muchas y representan una riqueza fundamental para construir políticas públicas participativas en un municipio. Lamentablemente, la adopción de esta perspectiva permanece ausente en el caso de Tres de Febrero. El intendente, Diego Valenzuela, ha desoído la demanda de llamar a un Comité de gestión de crisis con perspectiva de géneros; tampoco ha retomado las recomendaciones ministeriales para municipios, ni ha reforzado ninguna línea de atención. En la revisión de las redes del municipio y en la escucha de sus discursos no hemos identificado ninguna intención de hacerse cargo de las demandas de las mujeres y disidencias, ni mucho menos destinar recursos para la asistencia a las mismas. Al menos todavía, estas demandas no resuenan en el gobierno municipal de Cambiemos, por eso, hay que seguir exigiéndolas con toda la fuerza de nuestro movimiento. 

A todos estos desafíos por afrontar, el aislamiento nos sumó el desafío de revisar nuestras intervenciones como feministas en un contexto en que poner el cuerpo es más riesgoso que nunca. Es importante debatir cómo hacernos presentes, de qué manera seguir acompañándonos en esta distancia y cuáles son los recursos con los que contamos para hacerlo. Seguramente, este Ni Una Menos sin encuentro en las calles, sin mateadas y tantas otras actividades lo vivamos muy diferente a los anteriores. Pero nuestro entusiasmo y creatividad siguen a disposición para estar donde más se necesite, apostando a que la “nueva normalidad” de la que tanto se habla sea mucho más justa e igualitaria.

Texto: Mariela Di Francesco Lic. en Ciencias de la Comunicación, madre, feminista, referente de Mala Junta-Poder Feminista y Nueva Mayoría y Florencia Romero Lic. en Ciencia política de UNSAM. Estudiante de UNPAZ. Militante del campo popular y feminista.

Imagen: Leila Tanuz.

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