Mitología patriarcal: masculinidades tradicionales y aislamiento social

Aunque no podemos escindirnos del contexto, la realidad es que el “monotema covid-19” agota. Entonces, les propongo que tomemos la realidad actual como puntapié para entender que en contexto de encierro y aislamiento tenemos que estar más atentes[1] para evitar que otras cuestiones se pasen por alto. Porque las lógicas del sistema patriarcal[2] vuelven a atraparnos justo en el momento que pensábamos que ya lo habíamos superado, vuelven de modo sutil e invisible; claramente tenemos un vínculo tóxico con el sistema patriarcal y no podemos simplemente bloquearlo de todos lados. Cuando te distraés, ahí está de nuevo, puede parecerse a otras cosas, hasta podemos pensar que es feminismo, algo cool y otra vez estás “en una” con él. Entonces les propongo que nos entrenemos para estar atentes, para no reproducir las lógicas ni ser tampoco el objetivo de la mirilla patriarcal.

La propuesta es pensar cómo la psicología y el feminismo están relacionados y aunque parezca pretencioso, debemos sumar la historización, porque para estar donde estamos hubo una historia antes. Nada de esto que les vengo a compartir fue inventado por mí, pero me propongo contarlo de modo amigable, sin pruritos académicos, de esa academia que nos habla “en difícil” para que solo cierto sector de la sociedad pueda entender.

Masculinidad, covid-19 y psicología

¿Por qué aumentan los feminicidios? ¿Por qué la violencia de género es cada vez más aguda? ¿Tiene que ver el coronavirus con todo esto? ¿Qué relación tiene esta realidad con la construcción de las masculinidades hegemónicas?

Empezamos brevemente con un poco de historia (les prometo llegar a estas preguntas y responderlas). Una aclaración más, voy a contar en pocos renglones cientos de años y procesos políticos, económicos y sociales. No me puedo comprometer a ser rigurosa y exacta, pero sí a que queden claros los procesos.

Iniciemos por la revolución industrial: además de la máquina a vapor y de ser uno de los hitos que marcan el surgimiento de la era moderna,  produjo una migración masiva de las familias del campo a la ciudad. Éstas ya no se compondrán por muchas generaciones en una misma casa; nace la familia nuclear (“mamá, papá, hijes”): “dos adultes libres e iguales en derechos que se eligen por amor y construyen un proyecto juntes”. Aparecen las jornadas laborales, el concepto de propiedad privada y una división mucho más marcada entre mundo público y mundo privado. Sumemos los discursos religiosos que toman más fuerza, también saberes académicos, discurso médico e industria farmacéutica (tenemos diagnósticos y pastillas, negocio perfecto para el sistema).

¿Quiénes ocupaban estos espacios? ¡Varones! ¿Cualquier tipo de varón? No, varones hegemónicos[3]. En concreto, en el ámbito público es donde se deciden las cosas “importantes” para el mundo, la lógica productiva y lo que es valorado por la sociedad. Y en el mundo privado quedan las actividades relacionadas a tareas domésticas y crianzas; éstas son desvalorizadas e invisibilizadas. La base del sistema capitalista y patriarcal es la producción, de personas o de bienes. Pero para que el sistema se desarrolle tiene en la base muchos cuerpos femeninos trabajando de modo gratuito, “por amor”.

Pensemos que el sistema capitalista y patriarcal tiene una lógica de dominación, del patrón sobre el obrero, de las mujeres de clase alta sobre las de clase baja. Del adultocentrismo sobre el mundo infantil y de los varones sobre las mujeres y demás identidades, se diferencia y a la vez se desiguala (Fernández, 1993). El control del sistema patriarcal es sobre los cuerpos, las subjetividades, los deseos y los bienes. El control de los úteros, de la gestación, de los nacimientos, junto con el control de las prácticas sexuales y las identidades sexo genéricas. Los varones hegemónicos tienen control de todo aquello que NO ES VARÓN HEGEMÓNICO. Pero a su vez ellos son controlados porque hay mandatos a cumplir para pertenecer a ese colectivo que crea los sentidos y rumbos en las vidas de otres. Todo el tiempo deben dar examen para seguir perteneciendo al colectivo de “los varones”.

El sistema moderno, patriarcal y capitalista se sostiene mientras afuera, haya cuerpos que trabajen y adentro cuerpos que produzcan otros cuerpos, los cuiden hasta que sean lo suficientemente grandes y fuertes para salir trabajar. Afuera, las lógicas son mercantiles, pero en el mundo privado también se piensa como una línea de producción de una fábrica que produce ropa limpia, comida hecha y futuros obreros. Para esto último, no se necesita solo parir bebés, también habrá que criarlos y “formatearlos” mentalmente para que aspiren a trabajar muchas horas y sentir que eso es lo importante y lo que desean.

Si naciste con pene, vas a ser un varón y vas a ser criado para querer trabajar y ser exitoso, te van a gustar las mujeres (¡heteronorma activada!); cuantas más, mejor: esto va a medir tu desempeño sexual y ¡cuán varón sos! Todo lo importante lo vas a decidir vos en el mundo público. Para ser aceptado por otros varones, tenés que superar ritos de iniciación… sí, aun hoy ¿O qué creés que son las peleas callejeras, los comas alcohólicos, las picadas, los rugbiers a la salida de un boliche o las fuerzas de seguridad violentando a los pibes de los barrios? Todo lo que demuestra en qué gran varón te has convertido se hace en el afuera.

Repasamos: se esperará, entonces, que seas un ganador con las minas, que tengas plata, que sepas mucho de muchas cosas y tengas mucho sexo con muchas mujeres; también deberías lograr ser  fuerte, propietario y agresivo por sobre todo, porque cuando todo lo demás falta (la guita, las minas, los músculos), podés demostrar con agresividad qué clase de hombre sos. ¿Sabías que los varones deprimidos son más agresivos? (Meller, 2012) Porque la depresión en varones tradicionales no se expresa tirándose en la cama a llorar, sino con la única herramienta que se les permitió adquirir y desarrollar para expresar todas las emociones, la agresividad. Además de mandatos, tenés prohibiciones: no poder parecer mujer, ni bebé, ni homosexual y, yo agrego, que también tenés prohibido ser viejo y enfermarte. Varón es igual a = PODER, TENER, SABER, HACER. En la actualidad, muchos de estos mitos se sostienen de manera lavada o disfrazada, pero ahí están.

Los varones tradicionales mueren en su juventud por consumo de sustancias y peleas con pares o con fuerzas de seguridad y en la adultez, por problemas de salud no detectados a tiempo (Tajer, 2009). Los varones no aprenden de cuidado, ni autocuidado, solo aprenden a ser cuidados por otres, generalmente mujeres. Muy difícilmente puedan cuidar a otres si no pueden cuidar de ellos mismos. ¿Los varones están biológicamente preparados para cuidarse y cuidar? ¡Claro que sí! Los varones no tienen ningún impedimento físico para cuidarse o cuidar a otres. Pero, desde pequeños, se les explica que ellos están para otras cosas, ¡más importantes! Porque criar y cuidar no es importante en este sistema; recordemos que son tareas que se desvalorizan e invisibilizan.

En el afán de ser productivos y mostrar potencia y resistencia, los varones están disociados de lo que pasa en su organismo y sus emociones, no pueden detectar los avisos que les da el cuerpo. Y cuando llegan a la consulta médica es porque los síntomas nos les permiten seguir produciendo (Tajer, 2009).

En las nuevas generaciones de masculinidades, con el impulso desde los movimientos feministas, hay una habilitación a construir vínculos de cuidados y autocuidado, como base para la redistribución en tareas, crianza, vínculos más equitativos y la erradicación de la violencia como modo de expresión. Pero me pregunto, estos cambios ¿son por ética o por miedo a las represalias? Conviven estas actitudes deconstructivas con el avance de los feminicidios. Es ahí cuando tenemos que poner especial atención a que no sea “lo viejo reciclado”.

Volvamos a las preguntas iniciales. ¿Por qué aumentan los feminicidios? ¿Por qué la violencia de género es cada vez más aguda? ¿Tiene que ver el covid-19 con esto? ¿Qué relación tiene esta realidad con la construcción de las masculinidades hegemónicas?

La división sexual de la cuarentena está creando un nuevo orden mundial para los ámbitos público y privado. Las masculinidades tradicionales ingresan masivamente al ámbito privado sentimentalizado, pero a su vez presentan muchas resistencias; es así que encontramos varones mayores que siguen circulando por el mundo público hasta las últimas consecuencias, negándose a resignar el ámbito que les pertenece. A esto se suma que son también quienes realizan menos consultas médicas y a quienes el mandato de ser productivos los lleva a convertirse en “varones máquinas”, desoír los síntomas y las señales que el cuerpo da ante malestar o agotamiento; el mandato para estos varones es “aguantar”, producir y ser fuertes, siendo muy poco habituales las prácticas de prevención.

Los varones tradicionales tienen serias dificultades para cumplir con el aislamiento social por negarse a dejar de habitar el mundo público. El estar en el mundo privado les recuerda que no están siendo productivos en el mundo público, no pueden llevar dinero a sus hogares; a esto se suma que muchas veces aumenta el consumo problemático de sustancias y alcohol. El efecto puertas adentro es reafirmar su masculinidad ejerciendo poder y violencia sobre quienes considera inferiores y de su propiedad, siguen siendo propietarios y dominantes. Cuando no pueden ser dueños de nada, aún pueden seguir siendo dueños de los cuerpos y subjetividades de quienes conviven con ellos.

No es la intención de este escrito poner a los varones tradicionales en el lugar de víctimas o justificando la violencia que ejercen hacia otres. Sino arrojar panoramas que muestren cómo construcciones históricas, políticas, económicas y hasta médicas, tienen un efecto directo en el modo en que vivimos y nos vinculamos con otres. Pensar en construcciones históricas nos permite pensar en deconstrucciones posibles, lo que a su vez nos abre la posibilidad de pensar también en otros modos de ser varón, otros modos de construir masculinidades.

Referencias:

–  Meler, I. “Las relaciones de gènero: Impacto en la salud mental de mujeres y varones” en Hazaki C., 2012. La crisis del patriarcado. Topia, Bs. As.

– Martinez, E., 2019. Patriarcado para principiantes. Recuperado en: https://diariofemenino.com.ar/patriarcado-para-principiantes/

– Schmukler B., 1982. “Familia y dominación patriarcal”. En León, Magdalena (comp.) Sociedad, subordinación y feminismo. Bogotá: ACEP

– Costa, M. L., 2020. “Habitar lo privado”. Red de Psicologxs feministas. Recuperado en: https://www.redpsicologxsfeministas.com/post/habitar-lo-privado

– Costa, M. L., 2020. “¿Existen las nuevas masculinidades? Capacitación para Agrupación Envido.

– Avalos L., 2019. Masculinidades Hegemónicas. Red de Psicologxs feministas. Recuperado en: https://www.redpsicologxsfeministas.com/post/masculinidad-hegem%C3%B3nica

– Tajer D., 2009. Heridos Corazones. Vulnerabilidad Coronaria en Varones y Mujeres. Paidos, Bs.As.

[1] Se utilizará una escritura en lenguaje incluyente, la misma considera la totalidad de existenciarios e identidades sexo genéricas evitando el anclaje en la lógica binaria. La elección de la letra E considera también la posibilidad de lectura con una sonoridad posible en los sistemas de lectura para personas ciegas.

[2] El patriarcado es una forma de organización política, económica, religiosa, ideológica y social basada en la idea de la autoridad y superioridad de lo masculino sobre lo femenino, que da lugar al predominio de los hombres sobre las mujeres, el marido sobre la esposa, del padre sobre la madre y los hijos e hijas, y de la descendencia paterna sobre la materna. La superioridad de lo masculino sobre lo femenino se expresa en las diversas normas, costumbres e instituciones que regulan la vida de las personas en las sociedades organizadas bajo el esquema cultural del patriarcado. (Martínez,2019)

[3] “Da cuenta de una trama de poder que se esconde en esa construcción social llamada masculinidad y que intenta invisibilizar el sistema de opresión” (Avalos, 2019)

Texto: María Luján Costa. Licenciada en psicología (Universidad de Buenos Aires). Docente Cátedra “Introducción a los estudios de género” (Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires), Red de Psicologxs Feministas.

Ilustración: Leila Tanuz. 

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