Las cárceles por fuera de los medios hegemónicos: entrevista con Pablo Cabrera

Mucho se ha hablado, en medio de esta pandemia, sobre la cuestión carcelaria y las implicancias que tendría sobre la sociedad la aprobación de los pedidos de arresto domiciliario para personas privadas de su libertad. 

En este contexto, charlamos con Pablo, militante del Movimiento de Trabajadores Excluidos. Él es un interno de la Unidad 39 del Servicio Penitenciario Bonaerense. Actualmente, está cumpliendo su condena en aislamiento domiciliario, como parte del derecho de salidas transitorias que obtuvo desde 2015, para poder trabajar fuera del penal. Al momento de la entrevista, se había realizado una mesa de diálogo en el Penal de Devoto. La segunda convocada y también la segunda abortada. La imposibilidad de llegar a acuerdos se da por la ausencia de jueces y funcionarios que puedan dar respuesta y decidir cuál es la situación en que van a seguir los internos.

Si bien la Unidad Penitenciaria de Ituzaingó y la de Devoto pertenecen a diferentes jurisdicciones, los problemas de uno se repiten en el otro: la sobrepoblación carcelaria y sus consecuencias. El hacinamiento, la falta de privacidad, mala alimentación, falta de salud, la violencia institucional e intrapersonal y el creciente deterioro del mobiliario, entre otras. “En la cárcel no hay nada. Comer un arroz o una polenta, platos sin proteínas, sin verduras, sin frutas, no son una buena alimentación. Y realmente, ellos (los proveedores de la comida) cobran por cada uno de nosotros (…) Todos los problemas de salud te los solucionan con un ibuprofeno. Ésta es la situación (…) Por cada uno de nosotros cobran miles de pesos por mes, más que un salario mínimo, pero eso no se ve reflejado en la comida. Por esos montos deberían darnos las sábanas, frazadas, artículos de higiene, comida, pero no nos dan nada. Si no te lleva tu familia, vas a comer lo que te puede dar un compañero. La situación es infrahumana”, menciona Pablo. “Desde el vamos te pueden impedir desde abrirte la puerta, abrir el candado, para poder ir a estudiar, hacer un ejercicio. Siempre hay un pero para el servicio. Les molesta que vos estudies, que tengas un libro, que le hagas un reclamo que saben que es legítimo”.

Por otro lado, a contramano de lo enunciado por disposiciones internacionales, el Poder judicial dispuso restringir todo tipo de beneficio de salidas que tuvieran los internos, manteniéndolos en condiciones que hacen imposible cumplir las indicaciones dadas por el gobierno Nacional para evitar el contagio del COVID-19. Muchos reclusos se vieron afectados por esta medida; uno de ellos fue Pablo que, tras gozar durante 5 años de la salidas laborales, de un día para el otro se vio obligado a permanecer en la unidad sin saber cuándo volvería a su hogar. 

La imagen de un grupo de internos en el techo del penal de Devoto recorrió la pantalla de todos los canales y portales de noticias. Ese reclamo, como el de tantos otros que se estaban realizando en diversas cárceles de la provincia con el solo fin de pedir que se tomaran medidas urgentes para proteger la salud de la población carcelaria, fueron totalmente tergiversados, infundiendo miedo y desinformación entre la ciudadanía.“Hoy, en la actualidad, los compañeros se están manifestando pacíficamente. No es como te lo muestran en la tele, todos agarrándose a puñaladas”. Pablo comenta que dichas acciones, como también la huelga de hambre, son los últimos recursos que tienen cuando los reclusos ven que los medios legales y administrativos fueron desoídos. A diferencia de lo que representa el imaginario social, la solidaridad, camaradería y organización son aspectos que se encuentran presentes en el día a día de la cárcel para abordar los problemas cotidianos. 

Entre los aportes interesantes de la entrevista, se destaca que se corre del discurso mediático hegemónico para darnos a conocer una realidad alternativa: el contexto de aislamiento, antes que implicar una salida masiva de presos en la cárcel, implicaba un deterioro aun mayor de condiciones que ya eran pésimas y que han permanecido por años desatendidas. Además, al ver esta realidad en que se encienden tantas alarmas por la exigencia de derechos –ya sea para no perder salidas transitorias, la posibilidad de tener visitas, para cumplir la cuarentena en el contexto del hogar que beneficiaría, entre otres, a mujeres que cumplen condena con niñes pequeñes o embarazadas- nos damos cuenta por qué el debate y las reformas necesarias están trabadas. Este marco discursivo cercena la posibilidad de tener un debate real y sincero sobre el problema de las cárceles, que no se va a acabar cuando termine la pandemia.

Experiencia en la economía popular

Pablo, desde hace unos años, trabaja con su familia en la cooperativa de reciclado que fundó. Éste no fue su primer trabajo. Después de conseguir las salidas laborales, pasó por otras experiencias de trabajo. Él, como tantos otros, eligió el reciclado por necesidad. Para aquellas personas que se vieron privadas de su libertad, el trabajo formal es algo imposible de alcanzar; por lo tanto, la economía popular y el trabajo cooperativo surgen como alternativa.

“Nunca me imaginé que iba a terminar juntando cartón”, comenta. Esta experiencia comenzó recorriendo el barrio, levantando el cartón, plástico, naylon. Poco a poco, fue vinculándose con supermercados y otros comercios de Tres de Febrero para coordinar la recolección de esa materia prima, lo que muches llaman “basura” pero deviene en fuente de trabajo para otres: les recicladores urbanos.

“Empezar a participar en el MTE me ayudó a entender que no estoy solo en esto y de que hay un montón de compañeros en la misma”, señala sobre la organización colectiva de la economía popular. Quizás ésta sea de las experiencias que más debiéramos valorar sobre la organización social de estos movimientos, que proveen espacios cooperativos a poblaciones que, como en el caso de Pablo, “salen con las manos atadas” –en referencia a la ausencia de políticas postpenitenciarias. 

Esta experiencia puede constituirse en un ejemplo de la falta de integralidad en las políticas de seguridad vinculadas con las políticas carcelarias. La invitación es a prestarle menos atención a las grandes fakes y a mirar con más atención las experiencias cotidianas.

 

Entrevista y redacción: Florencia Romero. Originaria de Loma Hermosa. Politóloga de UNSAM. Estudiante de posgrado en UNPAZ. Militante del campo popular. Feminista. Fernando de Moura. Oriundo de Santos Lugares. Abogado y militante del MTE.

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