Un límite te pido

Buen día de lxs trabajadores aisladxs en nuestra casa o arriesgando la vida por otrxs o arriesgando la vida por las ganancias de un patrón –que se excita subiendo y bajando frenético el dedo gordo -.

Buen día de lxs trabajadorxs de la crisis y la lucha por sacar la cabeza a la superficie de esto que no sabemos bien qué es, pero que tiene tufo a duradero.

Buen día de lxs trabajadorxs a quienes hacemos de los hogares eso mismo, un hogar, fregando el inodoro para aplacar los gérmenes, entibiando cada comida que logramos llevar a la mesa, lavando traseros o abrazando por las noches; recordando siempre qué hay que hacer al día siguiente para seguir manteniendo este mundo en pie, gran parte en favor de lxs dueñxs que quieren continuar produciendo gracias a nuestras horas, a nuestros esfuerzos, a nuestra invisibilidad.

Buen día de lxs trabajadorxs a quienes, a pesar de las contradicciones y las caídas, entramadxs y con convicción, le metemos cuerpo a las aulas, a las calles, al reciclado de la basura para evitar colapsar a esta naturaleza re podrida de nosotrxs, a quienes curan lo dañado, a quienes protegen y activan para una humanidad digna en cada rincón.

Un inicio, unas disculpas

Bueno. Luego de este inicio de texto confrontativo y triste, donde quise sacarme apenas un poco de mi indignación y dar cuenta otro poco de lo que me moviliza a rebelarme cuanto pueda cada día, quiero serenarme parcialmente y hablar de modo reflexivo. También quiero hacer dos salvedades: mis palabras no surgen de una investigación sociológica; soy una tipa que está siendo atravesada a lo bestia por esta realidad y me leo y leo a mi círculo de gente y trato de pensar y conocer más allá y digo, hoy, lo que puedo, recortado y sin ningún ansia de verdad. La otra salvedad: el sesgo de clase en mis palabras, como en las de cualquiera, va a estar presente, lo está, y por eso quiero pedir disculpas; porque mientras yo escribo calentita en mi cocina, hay compañerxs con la panza rugiente y las ollas ya están bullendo para que alcancen a almorzar o cenar en algún comedor; porque hay compatriotas encerradxs en cárceles letales, hacinadxs y juzgadxs aún más en estos días por una parte de la sociedad que se prende a la tv como al alcohol. Quiero pedir disculpas a todxs aquellxs que no vaya a nombrar en estos párrafos. Ante todo, mi respeto y mi abrazo hoy y cada día, grande y fuerte el abrazo y el respeto, tanto como mi desprecio por lxs miserables que gobiernan parte de Latinoamérica y parte de las potencias mundiales; dientes afuera a los dueños de las corporaciones que continúan facturando la explotación de las personas para acumular poder. A ellos, nada; para nosotrxs, todo.

IMG-20200501-WA0054

Veo, veo en medio de la urgencia

Si bien las conjeturas se van apilando, las personas vamos sufriendo y todxs intentamos adaptarnos para no sucumbir, la pandemia del COVID-19 nos escribe cada mañana en letra mayúscula y resaltada cuán difícil se puede volver todo para todxs. Ya no sólo para lxs empujadxs al abismo por el capitalismo, sino para los pueblos en su totalidad. Cómo se va volviendo más y más obscena la explotación de siempre en este sistema de las desigualdades y cómo se va transfigurando esa misma opresión en función de esta realidad claramente nueva, claramente incierta. ¿Cuánto durarán los aislamientos y los cuidados extremos? ¿Qué nos quedará luego si no sabemos cuándo será luego? ¿Qué estaremos haciendo y aceptando hoy que quedará trazado a futuro para su continuación? ¿Cuáles son las preguntas que nos hacemos más allá de obtener o no ya mismo su respuesta? ¿Cómo nos organizaremos para evitar la enajenación total de nuestras cabecitas sensibles? ¿Con qué parámetros criaremos y educaremos, sin disimular la incertidumbre y el miedo? ¿La creatividad? ¿Cambiará rotundamente sus costados y sus fines? ¿La libertad? ¿La libertad? ¿La libertad?

Quienes conservamos, en Argentina, nuestro trabajo a pesar del macrismo o bien, quienes pudimos reinventar algo para subsistir, nos vemos hoy, primero de mayo de 2020, en una mejor situación, sí, que quienes prepandemia perdieron su fuente de ingresos y mejor también que quienes, en esta situación de emergencia, quedaron frenadxs, sin un mango. Sin embargo, la desesperación llegó a todxs -no por igual, porque la lija es la lija y la emocionalidad es enorme pero siempre se soporta mejor con la panza llena y las pantuflas puestas-, pues ya podemos vislumbrar la potencia arrolladora de eso con que el sistema capitalista nos viene caminando hace décadas: la meritocracia. Sería, en este contexto, algo así como “todo bien con el Estado y sus decisiones, pero acá vas a tener que demostrar doblemente qué bien te rompés el alma para ganarte tus migajas”. Quiero decir, en este nuevo contexto en que, como dijo mi compañera de El Tresdé, Lara, “se metió el mundo a casa”, quienes continuamos trabajando para otres desde ese centro de la vida, nos vemos forzadxs de manera más o menos directa (diferente, pero parecido a quienes deben salir a trabajar en contra de su voluntad y seguridad sanitaria porque el patrón jamás le buscará la vuelta para que todxs ganen algo….no hay solidaridad salvo excepciones) a demostrar en loop, a dejar horas y traseros aplastados más aún que si estuviéramos en los comercios, en las aulas, en los bancos, en las empresas, en donde sea que cumplamos funciones a cambio de dinero.

Hay un recrudecimiento, a veces con careta de amabilidad, de las exigencias y la falta de empatía, un refuerzo de la coerción. Si estás en tu casa y querés percibir tu tonto sueldo, vas a tener que hacer todo esto y esto y esto también; si no, hay gente en la lista de espera. O bien, si estás en tu casa y no querés ser levantadx en peso y como consecuencia, arriesgar tu tonto sueldo, vas a tener que decir sí, sí, me conecto; sí, ya te lo soluciono; sí, ya participo del millón de videollamadas y de las planillas y y y y y contené tu nerviosismo y tus ojos cansados porque esto va a seguir y si no, arriesgate a subir al tren, contagiarte y bueno, vos fíjate.

Como un quiste de esa individualización del esfuerzo, de esa negación de la batalla colectiva, a partir de la cual, siempre con trampas nuevas, se nos busca aislar y someter, aparece el gusanito caminador de la conciencia, que le da coletazos a nuestra incertidumbre, nuestras urgencias y nuestros miedos. Entonces, el pequeño imperceptible ser nos recorre y empezamos a interiorizar la explotación. Esta nueva era de refuerzo del teletrabajo nos va a encontrar taradxs u organizadxs y lúcidxs o nos liquidará peor que en la oficina o la fábrica. El gusanito de la autoexplotación se quiere implantar y sólo nosotrxs podemos patearle la cabeza. ¿Cuántas horas vamos a permitir que nos exijan? ¿Ante cuántas órdenes sin sentido vamos a sucumbir como zombies? Si estamos reconociendo los hilos de un contexto desesperante para todxs, ¿por qué nos bancamos no decir nada cuando nos intentan obligar al desquicio? ¿Y si nos animamos a rebelarnos contra el látigo que nos fuerza a “demostrar que”? Algo así como cuidarnos y poner límites, ¿es tan descabellado? Sí, en este sistema sí. ¿Podemos modificar esas conductas con nuestra puesta de límites, respetuosos, argumentados, pero puestos al fin? No sé, depende a quiénes tengamos adelante y su nivel de poderío, ¿no? Depende también de cuántas flautas de pan precisemos sobre la mesa y con cuánto margen de error podamos jugar en ese casino –la clase, sí, la clase, el capital material y simbólico, los estigmas y los prejuicios, a favor o en contra según qué y quién-.

Lo ineludible: mujeres, cuidados y hogares

Ahora bien. Si entró el mundo a casa, se me ocurre, no sé qué les parece, que le mostremos a ese mundo qué ocurre en las casas. ¿Tiempo libre y comodidades varias? No, papá, no todo, no siempre. Las casas o lo que pueda oficiar de casa siempre es un botón de la complejidad del mundo. Pero el mundo tiene que ver que ese centro de la vida le aporta los seres más íntegros para su funcionamiento –que tantísimas veces, ese mundo devuelve con desprecio, una vez que los denigró-.

IMG-20200501-WA0056

El mundo debe ver que no puede trasladarse a sí mismo adentro de las casas sin consecuencias, sin desvelos; que allí se inicia todo, pero que ese todo hay que sostenerlo a base de horas de cuidado y esfuerzo. Y aquí quiero entrar, al menos brevemente, a aquello que espero, ay por favor, espero, podamos visibilizar suficientemente en este día de lxs trabajadorxs en medio de la crisis sanitaria: que en las casas, mayoritariamente las mujeres, sostenemos el mundo que ahora se nos metió hasta las tripas. Que nuestras tareas dentro de las casas son la planta de los pies del mundo y que sin ellas, ese mismísimo mundo no sabría ni cómo limpiarse sus desperdicios. Todo lo que brilla no es oro, es trabajo y quienes hacemos real ese brillo somos lxs que, primero adentro y luego afuera, hacemos ese trabajo.

Soplemos las velitas

Un deseo para el futuro cercano: que este delirio que estamos atravesando no sea en vano. Que lxs trabajadorxs de todos los espacios y, especialmente, lxs trabajadorxs más precarizadxs e invisibilizadxs, puedan ganar podios de alta voz, de decisiones, de avance de su lucha organizada. Y quienes aún están asiladxs en LA MENTIRA, creyendo en la meritocracia, que se les cruce a tiempo un chorro de agua fría en la cara para dejar de pensar como sus opresores.

Un deseo más: que el mundo que se metió en nuestra casa salga rebelde a nuestro favor. Que no nos autoexplotemos. Que el pueblo, por fin, gobierne las voluntades y no sometamos nuestro cuerpo y nuestras mañanas de sol a los señores que nos madrugan más allá de las fronteras y a sus serviles que ponen la jeta. Deseo más de una cosa, no quise mentir, pero esta realidad me pasa por encima y me pone guerrera y triste a la vez, me enoja y me da calma al ver de qué lado de la mecha me encuentro. Deseo que los próximos años, en el día de lxs trabajadorxs, hagamos más que una revisión histórica, compartamos mucho más que un meme en redes sociales; deseo fuertemente que en los próximos primeros de mayo estemos todxs, con o sin barbijos, festejando en las calles que nos dimos cuenta, que ya fue, nos dimos cuenta y no regalaremos más nuestro poder.

Collages: Carla Álvarez. Profesora de artes visuales, artista y mamá. Acompaña niñxs-adolescentes en aulas y espacios de taller -Taller Crisantemo-. Sus imágenes surgen como la necesidad de un grito propio y colectivo.

Texto: Pamela Neme Scheij.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: