Eso que llaman “cuidarse” es gordofobia

No cabe duda que la cuarentena obligatoria en esta especie de apocalipsis impensable desde hace un par de meses ha sacado lo mejor y lo peor de nosotres. Nos ha unido sí, nos ha hecho a la mayoría responsables y resulta que al final sí, somos solidaries y, por fin, estamos reconociendo el necesario trabajo de les profesionales de la salud.

También se ha extendido largo y tendido a través de memes, Tiktoks, Instagram lives, noticieros y chistes lo jodida que nos tienen la cabeza los ideales hegemónicos corporales. Siempre, claro, en tono de chiste y en nombre de la salud porque: ¿qué es más saludable que un cuerpo flaco? Nada, no importa cómo se haya llegado a esa apariencia, acá lo que importa es ser flaco.

Quiero aclarar que mi cuerpo está en un hermoso limbo, donde soy flaca para ser gorda y gorda para ser flaca. Así que voy a tratar de exponer lo que pienso con la distancia que me otorga el “privilegio” (que yo no elegí) de tener un metabolismo “correcto” para el sistema y sin la opresión que sufren todos los días los cuerpos gordos. 

En estos días que estamos encerrados en casa, hay un montón de personas que en medio de una pandemia mundial se dedica a seguir reproduciendo los discursos del odio a las corporalidades diversas. En un contexto donde la gente cae muerta como mosca y los cadáveres se apilan en medio de las calles de NY (en el primerísimo (?) mundo, donde viven los héroes de las pelis que salvan el mundo), o como en España o Italia donde los hospitales eligen quién vive y quién va a morirse a su casa (si la tiene), vos Influencer del mal, que representás a un montón de mujeres, creés que lo peor que te puede pasar es terminar gorda después de la cuarentena.

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Habiendo tantísima gente que no tiene opción de quedarse en su casa o que no tiene el privilegio de comer esa torta que a vos te da miedo comer, debería darte vergüenza exponer así lo limitado de tu universo, la poquísima empatía que expresás.  

¿Y por qué está mal hacer un chiste? ¿Por qué tanta exageración si quiero cuidarme e invitar al resto a que “no se deje estar”?  Porque estos chistes que suponen que vamos a engordar en esta cuarentena asumen y perpetúan la equivocada idea de que los cuerpos gordos son vagos, sedentarios, dejados, sucios, desprolijos o que son cuerpos enfermos, que no disfrutan la actividad física. Creanme, yo soy más vaga que Meg Boggs, quien entrena todos los días en su casa con o sin cuarentena. Soy más aburrida y poco sensual que la bomba de Lara del mal y como muchísima más mierda que la Señorita Bimbo que es vegana. También con cada LOL y emoji de risa con lagrimitas que enviamos estamos validando al maldito sistema hegemónico que todos los días nos dice que nuestro cuerpo no es suficiente, que tenemos que ser siempre algo más: más flacas, más curvilíneas, más rubias… Otras, otras que no somos. No importa cuánto tengamos que dejar de comer, ni cuántas horas tengamos que ejercitarnos para quemar calorías, o arrancarnos los pelos con cera hirviendo, eso no importa.

No solo me parece muy doloroso decir y pensar eso de cualquier corporalidad, sino que es súper peligroso. Se me revuelven las tripas cuando veo que una foto de Fedez, el marido de Chiara Ferragni, donde hay un photoshop de él y ella gordes después de la cuarentena, tiene 1 millón y medio de likes. Les gordes no sólo son su peso. Además de esa característica física que les hace tener una corporalidad más grande, son personas que sienten, que aman, que desean, que tienen una vida repleta de experiencias que excede a solo “pesar ciertos kilos”. No sé en qué momento nos tomamos les “flacos” la libertad de opinar sobre los demás cuerpos con el dedito acusador. 

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Nos invito a los cuerpos más cercanos a la norma a cuestionar lo aprendido a lo largo de los años en telenovelas de Cris Morena, noches de Video Match y ediciones de las “Ondas del verano”. No es tarde para empezar también a deconstruirnos y entender de una vez por todas que nuestro cuerpo no es un objeto, no es un adorno, no está hecho para complacer a nadie, sino que ASÍ COMO SEA es el vehículo tangible para realizar nuestros deseos. Un tesoro lleno de músculos, piel, papilas gustativas, genitales esperando vivir la existencia.

A quienes luchamos todos los días porque la diversidad corporal sea la norma que resistir, existir y frenar a todo aquel que esté fomentando este mensaje de odio, no nos queda más que frenarles el carro y decirles: te estás yendo al carajo, ahora comé. 

 

Texto: Samis Lapin. Soy Samis de Soltá la panza. Creamos con Mey un espacio digital seguro, donde muchas mujeres nos mandan fotos de su panza y la relación que han tenido con ella para representar diversidad corporal en los medios hegemónicos. Como Diseñadora y Comunicadora visual entiendo el peso de la imágen en los medios masivos de comunicación, por eso decidimos pelearle al instagram con sus propias armas y usar la imagen para el bien y la diversidad.

Portada: cuadro de Fernando Botero.

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