El Estado en este tiempo

La conmoción producida por el virus Covid-19 echa luz sobre el rol que desempeña el Estado, en este caso desde la planificación y gestión para hacer frente a la crisis sanitaria que golpea al mundo. Entendiendo el rol del Estado como lo que éste hace por acción u omisión, es evidente que varía según las concepciones económicas, sociales y culturales de los gobiernos de turno. El propósito de este ensayo radica en evaluar el comportamiento de tres países de América para enfrentar la situación:

¿Cuáles son las medidas que están tomando? ¿De qué modo repercuten en la sociedad? ¿Han sido eficientes para reducir la curva de contagio? ¿Cuáles es la prioridad de los gobiernos?

Estas preguntas pueden encontrar respuesta en la intervención estatal frente a la pandemia, ya sea por medio de las instituciones encargadas de implementar las políticas públicas, ya sea evaluando el grado de cohesión entre distintas áreas del Estado, o en el peor de los casos, mediante la omisión de las anteriores.

Tomando como ejemplo a la República del Brasil, es posible notar que el rol desempeñado por el Estado subestima no solo a la pandemia, sino también a gobernadores de Estados provinciales que solicitan acción coordinada para enfrentar la crisis sanitaria. No obstante, a medida que los casos positivos aumentan, el mandatario brasilero contraría las recomendaciones básicas de la OMS, como el distanciamiento social, mostrándose en público e invitando al contacto. El factor principal que conduce al país vecino a un número de infectados alarmante, sin un sistema de salud pública preparado a los efectos, radica en la decisión de no frenar la producción económica a fin de no generar pérdidas. Mientras tanto, crecen los cacerolazos desde los balcones de los edificios en San Pablo, donde se registra la mayor cantidad de casos. Suenan las cacerolas indignadas exigiendo un Estado presente que gestione el cuidado de la vida porque de la recesión económica se vuelve, de la muerte no.

Una situación aún más crítica es la que atraviesa Estados Unidos con más de medio millón de infectados, sin contar las estadísticas poco alentadoras de la Casa Blanca que, ya hace varios días, preveían 240 mil muertes a causa del virus. Muertes que podrían haberse evitado de no ser por la ineficacia estatal a la hora de tomar medidas preventivas para resguardar la salud de sus ciudadanxs. Aunque decir ineficacia los exime de responsabilidad real, es decir, el mismísimo presidente Norteamericano dijo públicamente que EEUU no podía dejar de producir, no podía cerrarse. ¿Habrá pensado en algún momento en sus ciudadanxs? Al parecer, su discurso se basó únicamente en el Estado como mero aparato productivo, sin contar que quienes producen son sujetos de carne y hueso.

¿Cuál es el patrón en común entre Brasil y EE.UU?

Margaret Thatcher dijo una vez “La economía es el método, el objetivo es cambiar el corazón y el alma”. Desde una perspectiva histórica, durante el periodo de post guerra comprendido en la década del ´50, el mundo vivió un auge de Estados de bienestar. En este contexto, se generalizaron los seguros sociales para los asalariados, garantizando salud, previsión y asignaciones familiares. Cuando Thatcher afirma que la economía es el método, ¿lo hará pensando en el neoliberalismo? Más aún: ¿Con cambiar el corazón y el alma se estaría refiriendo al centralismo en el mercado y la flexibilización laboral?

Por lo menos así fue desde la década del `70 en adelante.

El rol del Estado en Argentina: “Una economía que se cae, se levanta. Una vida que se pierde, no se recupera más”

Ante este dilema, es interesante evaluar el accionar del endeudado Estado argentino, más precisamente las decisiones del Presidente de la república, Alberto Fernández, en conjunto con su gabinete. El decreto 297/2020 sucedido por el agravamiento de la situación epidemiológica a escala internacional, dispuso la adopción de medidas inmediatas para hacer frente a esta emergencia. “… nos encontramos ante una potencial crisis sanitaria y social sin precedentes, y para ello es necesario tomar medidas oportunas, (…) a fin de mitigar su propagación y su impacto en el sistema sanitario (…) las medidas de aislamiento y distanciamiento social obligatorio revisten un rol de vital importancia para hacer frente a la situación epidemiológica y mitigar el impacto sanitario del COVID-19(…) Que, con el objetivo de proteger la salud pública como una obligación inalienable del Estado nacional, se establece para todas las personas que habitan en el país o se encuentren en él, la medida de “aislamiento social, preventivo y obligatorio…”. Este fragmento del decreto ilumina la prioridad del Estado argentino, privilegiando a sus ciudadanos por sobre la depresión económica, aún en una situación crítica heredada por el gobierno depuesto. Las tareas coordinadas entre distintas áreas del Estado, en rigor al trabajo intersectorial que se viene desarrollando entre Ministerios, Estados provinciales y municipales, dan cuenta que el horizonte político busca cuidar a sus ciudadanxs.

El Estado Argentino parece haber encontrado en la política social el medio más eficaz para combatir las contingencias que causa el aislamiento. Sobre todo en pymes que producen bienes de consumo y dependen de sus ventas para el pago de los salarios, en monotributistas de diversas disciplinas que carecen de ingreso fijo, en economías familiares que se sustentan del día a día mediante la venta ambulante. Si bien el IFE (ingreso familiar de emergencia) es un paliativo que busca enmendar el parte económico y no contempla universalmente a muchos ciudadanxs que deberían percibir el ingreso, del mismo modo que no alcanza con los créditos para las pymes siendo la situación de este sector alarmante, todas estas medidas responden al carácter proteccionista que toma el gobierno poniendo el gasto público en función de sus ciudadanxs. El razonamiento es simple, de qué vale exponer a esxs trabajadorxs si lo que está en riesgo son sus vidas y la de sus seres queridos.

Una sociedad más justa como horizonte después de la pandemia

Volviendo al tiempo que nos ocupa, ante un mundo que enfrenta una pandemia sin inmunización aparente, con sistemas de salud que se preparan a los efectos mientras otros se encuentran saturados en medio de una crisis sanitaria, regresando a este abril del siglo veintiuno amenazado por la primera cosa que no puede controlar, es interesante pensar si el neoliberalismo no es el verdadero virus propagado hoy en tantos países de la región y el mundo. La pandemia que atraviesa la humanidad será quizá el baño de realidad que necesitan algunas sociedades para comprender cuál es el verdadero rol del estado y de este modo exigir que actúe en consecuencia.

No sabemos si esta situación que enfrenta el mundo devendrá en un cambio de paradigma, pero lo que sí podemos pensar es cuál será el rol del Estado y las demandas sociales luego de la crisis sanitaria. Indefectiblemente, los pueblos más golpeados por el virus deberían ser los primeros en repensar cuál es el modelo de Estado que desean: un modelo donde prima la economía, o uno donde la ciudadanía es el valor fundamental. Del mismo modo, aquellos Estados que privilegiaron la vida deberían tomar centralidad en lo que respecta a la gestión de ésta al mismo nivel que la gestión del mercado. Es decir, tomar injerencia en la gestión de la vida involucra la regulación no solo del trabajo productivo, sino también del trabajo reproductivo, de cuidado, de desarrollo humano. Es decir, un Estado que solo regule el trabajo productivo se verá deficitario, puesto que para el funcionamiento de éste es necesario que la sociedad se desarrolle.

Para gestionar la vida debemos empezar por reducir la desigualdad como elemento fundamental en pos de una sociedad más justa; donde, en caso de una cuarentena, todxs tengan cubiertas las necesidades básicas y no sea un privilegio de clase seguir comiendo y estudiando.

Si esta pandemia vino para hacernos repensar cuál es el rol del Estado, que sea en detrimento de los intereses privados y en función del bien común. Como dijo alguna vez Rodolfo Walsh: “En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad del pueblo, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su hermano.”

 

Texto: Nahuel Canteros. Tiene veintiséis años y vive en Santos Lugares. Actualmente, estudia “Lic. en administracion y gestión de Política Social” en la Universidad de Tres de Febrero. En paralelo, realiza un taller literario donde se forma como escritor de literatura popular haciendo lo que más le gusta: escribir.

Imagen: Leila Tanuz.

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