Acá nadie se salva solo: una “economía para la vida” o una “vida para la economía”

La pandemia mundial de COVID-19 y la respuesta del gobierno nacional, que decretó medidas sanitarias preventivas y varios beneficios para paliar la situación económica de quienes están más desprotegides, generó dos cuestiones de relevancia política: por un lado el gobierno obtuvo una aprobación de más del 90% respecto a su respuesta en materia de salud y, por otro, organizó la escena política detrás de esta adhesión uniendo apoyos de distintos electorados. Pero esa situación duró menos de 15 días y es que ni la cuarentena, ni la crisis sanitaria alcanzan para mitigar la lucha política. La mal llamada “grieta” nunca fue invento de alguien o un elemento coyuntural, sino la forma en que la política argentina se organiza.

En medio de la cuarentena nacional preventiva y obligatoria, la principal corporación empresarial a nivel nacional Techint decidió despedir a 1500 trabajadores. Una clara presión para que no se extienda la medida de distanciamiento social que afecta la producción y las ganancias corporativas. Sin duda la decisión del presidente Alberto Fernández de centrarse en el problema sanitario no dejó contentos a quienes apenas dos años antes habían aplaudido el “recorte político” que significó eliminar el Ministerio de salud, el de trabajo y otros 11 ministerios más. Esta medida tuvo réplicas en otras corporaciones, como Metalúrgica Mirgor (de Nicolás Caputo) que despidió 740 empleados. 

El ejecutivo respondió con fuerza a este ataque empresarial que busca condicionar sus acciones. No sólo mantuvo su decisión de extender el plazo de la cuarentena, sino que marcó la conciliación obligatoria para esos casos y prohibió los despidos por 60 días. El presidente ya había mencionado en varias entrevistas que entre la economía y la vida, elegía defender la vida y al decretar la extensión de la cuarentena remarcó que “una economía que se cae siempre se levanta, pero una vida que termina no la levantamos más”.

Las corporaciones no se quedaron atrás y usaron los medios masivos y los grupos opositores en redes sociales para lanzar una campaña “antipolítica”, erosionando el apoyo al gobierno y pidiendo recortes del gasto político y los sueldos de funcionaries.

¿Cuál es el verdadero contexto y el trasfondo para entender qué significa esta puja entre la economía y la vida? ¿Existe una puja tal? 

Economía sin barbijo

Hace apenas un mes la agenda de temas en la Argentina era bien diferente. El coronavirus sonaba de fondo mientras que luego de 4 años de macrismo neoliberal, el país luchaba contra una crisis sin precedentes. Con la deuda externa como problema central, la sociedad argentina bullía de discusiones económicas: un levísimo aumento del 3% a las retenciones de los grandes exportadores de soja (con efecto redistributivo en el mismo sector agropecuario) generó un lockout patronal por 4 días; los partidos políticos de la nueva oposición defendían las jubilaciones de privilegios de jueces queriendo detener todo cambio al modelo previsional macrista que tanto daño hizo al ingreso de nuestros adultos mayores; la negociación entre el Ministro de economía Martín Guzmán con las entidades financieras y los bonistas privados se reflejaba en la denuncia sobre la fuga de capitales y la cámara de diputados creaba una comisión para investigar quiénes y cómo se adueñaron de los dólares que hoy deben todes les argentines; la caída constante de la producción arrastrada desde el gobierno macrista excluía a amplios sectores de la población y el gobierno de Alberto Fernández lanzaba un importante plan contra el hambre y por el aumento del consumo interno. En el terreno financiero, se comenzaba a desarmar la bicicleta neoliberal que ahogaba la producción nacional bajando las tasas de interés y manteniendo la restricción cambiaria impuesta de manera forzada por el mismo Macri para evitar una devaluación. Este triste panorama se completaba con una tasa de desempleo del 8,9% (datos para el último trimestre de 2019 de acuerdo al INDEC), combinado con una tasa de ocupades demandantes (aquelles con un trabajo, pero que buscan otro) del 19%. En la Argentina de Macri, la pérdida de poder adquisitivo obligaba a les trabajadores en blanco a buscar nuevas fuentes de ingreso.

La necesidad de responder a la crisis creada por el neoliberalismo macrista obligó al gobierno a armarse de coraje desde el día cero, ya que los grandes ganadores del periodo anterior (o sea, los sectores de la economía concentrada y corporativa) no estaban dispuestos a responder con sus riquezas al caos social y económico que habían creado. En algún momento deberían ceder para recomponer la viabilidad del país, pero esperaban que se resuelva primero la deuda (de mejor o peor manera) para lograr imponer sus condiciones y reglas. Viendo el proceso de traspaso y concentración económica que significó el gobierno de Cambiemos parece evidente que pobreza y riqueza son dos caras de una misma moneda y para resolver el problema de la primera se debe tocar los intereses de la segunda. La riqueza de unos no sale da la nada sino que se genera por las mismas condiciones que se crea la pobreza de los demás.

La llegada de la pandemia a nuestro país frenó estas discusiones y organizó los recursos del Estado en pos de salvar vidas. El nuevo gobierno consiguió el apoyo de sectores de la oposición y al mismo tiempo no negociaba su mirada humana pensando primero en quienes están más desprotegidos.

El Estado presente y lo excepcional

La expansión del virus a largo y ancho del mundo está generando una crisis económica sin precedentes. Un paro casi total a la producción, la distribución y la comercialización de mercancías y de servicios como nunca antes que quiebra el relato neoliberal. Las recetas de un mercado libre y un Estado mínimo para resolver cualquier problema desaparecieron y tanto los pueblos como los empresarios buscaron en el Estado la intervención por medio de los sistemas públicos de salud y medidas contracíclicas para amortiguar el impacto de la crisis.

Esta pandemia significará una increíble destrucción de riquezas para el mundo. La incapacidad del libre mercado para responder a las necesidades básicas de salud y vida provoca una crisis en el modelo que hasta hace unos meses era indiscutido en gran parte del mundo. En este panorama las corporaciones tienen poco para ganar y mucho para perder. Mantener el margen de ganancia, descargando los costos sobre los sectores populares (con devaluaciones, despidos masivos, flexibilización laboral, ajustes al sector público) no es la más novedosa de las respuestas pero eso no significa que no lo intenten de nuevo.

El desembolso económico que los Estados nacionales están realizando puede desembocar en construir sociedades más solidarias y hermanadas aunque resulta un poco ingenuo pensar que un virus cambie la voluntad política. No hay que olvidar que cada crisis económica en el mundo se resolvió con un modelo más opresivo y predador y es poco probable que quienes detentan el poder lo sedan a voluntad: basta con ver las presiones de la canciller alemana Angela Merkel para evitar un salvataje europeo a los países más golpeados por el coronavirus o al presidente brasilero Jair Bolsonaro, insistir que la muerte de sus compatriotas no debe detener a la economía.

Ganar un poco menos

El gobierno argentino tiene una mirada humanista en oposición al monetarismo economisista del gobierno anterior. Por esto es que no le cuesta la decisión de beneficiar la integridad física de la población sobre la ganancia corporativa. Es que la pelea nunca fue entre vida o economía, sino entre una “economía para la vida” o una “vida para la economía”. Los despidos en Techint y Mirgor sólo demuestran que existe un sector dispuesto a romper cualquier tipo de lazo con la comunidad con tal de mantener un margen de ganancias. Ese sector que piensa que la vida de la población es sólo un bien más que se usa para incrementar su riqueza.

La pandemia del COVID-19 está modificando todas las economías del mundo pero cada una resistirá a su modo, rescatando los sectores productivos estratégicos y armando nuevas proyecciones. Dentro de ese juego, el gobierno argentino fue claro sobre que no tiene intenciones de que esta crisis se traslade a lo ya golpeados bolsillos de la clase trabajadora. Al insistir con el control de precios y con evitar despidos en el sector privado el presidente Alberto Fernández hace carne su aviso a las corporaciones “les tocó la hora de ganar menos”. 

Por otro lado, tampoco es cuestión de escapar al debate del gasto de la política argentina. De hecho desde que asumió el Frente de TODES se impulsaron cambios concretos en este sentido y que fueron resistidos por la oposición neoliberal. Ahora el gobierno recoge el guante pero debe ser inteligente en la respuesta: la antipolítica ya tuvo su gobierno y nos dejó en la peor crisis de nuestra historia; el recorte al gasto público en nombre del “déficit cero” perdió las elecciones y sólo nos queda imaginarnos que sería de nuestro país sin un ministerio de salud. El presidente de la nación fue muy claro al pedir que no opongamos economía y vida. De lo que se trata en verdad es de expandir la regla de la solidaridad, de llevar cada rincón del país el precepto moral de que la economía debe estar al servicio de la vida plena y feliz para cada compatriota y no al revés.

 

Texto: Pablo Diz. Laburante y militante político de la Plataforma por una Nueva Mayoría en el Frente Patria Grande.

2 comentarios sobre “Acá nadie se salva solo: una “economía para la vida” o una “vida para la economía”

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: