#ElMundoTodoDeVioleta / Derecho a cuidar y ser cuidadxs

El siguiente texto surge de la reflexión conjunta con compañerxs en situación de maternidad y cuidados, pertenecientes a la Colectiva Maternidades Feministas e independientes, de los intercambios en el grupo Maternidades Feministas y otros espacios cotidianos, donde lxs madres llevamos a cabo nuestros activismos, por ejemplo las plazas, la puerta de la escuela y las cocinas de nuestras casas, siempre rodeadxs de niñeces, ya que los espacios de militancia convencionales se desarrollan en momentos y lugares que suelen ser restrictivos y antiniñes.

Conversamos acerca del proyecto de la nueva gestión de gobierno con un área de cuidados, y algunas otras cuestiones que nos interpelan, dado que el sostenimiento de la vida diaria nos impide llevar adelante una militancia orgánica concentrando las temáticas que nos afectan, privilegio al que no accedemos por las diversificaciones y complejidades del rol materno y la sobredemanda social y familiar, fundamentalmente de los cisvarones padres, sobre nuestro rol de madres.

Los proyectos políticos planteados en torno a los cuidados apuntan a liberarnos de ellos más que a apuntalarlos o garantizarlos. Así es que se desvirtúa la idea de “cuidar” y se entiende por ella la necesidad de institucionalización de lxs niñxs o la profesionalización de quienes cuidan.

Institucionalización, por un lado, que jamás cubre las necesidades ya que las vacantes públicas suelen ser menores a la demanda, lo que obliga a tener que recurrir a instancias privadas, a la contratación de cuidadorxs particulares o a la buena voluntad de amigxs y/o familiares que puedan cubrir los cuidados, en su mayoría mujeres.

Por otra parte, me pregunto: ¿qué tipo de cuidados se brindan en estos contextos? ¿Cuánto se devalúa la trascendencia de las tareas de quienes cuidamos cuando se asume que queremos escapar de ellas para asumir un “trabajo de verdad”?

¿”Trabajo de verdad” sería definido según su importancia? O sea, ¿que cuidar en lo privado sería menos importante que otras (o las mismas) tareas en el ámbito público? ¿O la consideración de “trabajo de verdad” radicaría en la retribución económica?

Yo quisiera que el cuidado de mis propixs hijxs sea reconocido como un “trabajo de verdad”, por la trascendencia que tiene a nivel personal y social, y que sea retribuido económicamente.

Cuando hablamos de “socialización de los cuidados” o de los “cuidados como responsabilidad social” estamos diciendo que todxs cuidamos y que todxs educamos, no sólo las personas responsables legales por determinadxs niñxs. Cría el verdulero cuando opina frente a un niño sobre las tetas de la mujer que pasó y cría la vecina cuando acaricia o besa sin permiso ni consentimiento la cara de una niña.

Se equivocan cuando proponen repartir los cuidados equitativamente con el padre. Invalidan siglos de desigualdad en las tareas de cuidados y además encubren las diversas conformaciones familiares, que no son nuevas sino invisibilizadas, donde en su gran mayoría no hay un padre presente o lo hay pero con cuestionables ganas de aportar. Ignoran convenientemente la existencia de la carga mental y la sobredemanda que nos representa a las personas criadas para cuidar al proponer repartir cuidados con las personas que fueron criadas para ser cuidadas, según los roles de género hegemónicos escandalosamente vigentes. Invisibilizan siglos de cuidados unilaterales asentados sobre los hombros de las mujeres y naturalizados en un sistema patriarcal y capitalista, concepto que muchxs recitan como un eslogan romantizado, al creer que una supuesta “igualdad” -que no pedimos- se podría conseguir con un pase mágico, o una ley. Hablamos de un sistema de opresión con 5000 años de vigencia, no es un cuento de hadas.

Justifican la obligatoriedad de someternos a un rol esclavista en la supuesta existencia de la elección o el deseo. El subanálisis acerca de estos conceptos echa la “culpa” de la maternidad a las mujeres como si fuera la pollerita corta de la ecuación del abuso, porque “vos te lo buscaste” o “vos elegiste ser mamá”.

La maternidad es el engaño mejor orquestado de toda la humanidad, para perpetuarla. Te venden espejitos de colores que no se condicen luego con la realidad del ejercicio. Entonces condenan a lxs niñxs a ser cuidadxs casi en exclusividad por personas disociadas, desbordadas y agotadas, que lxs delegan a instituciones más que para repartir los cuidados, para poder respirar. Para poder salir a ganar el sustento. Para volver a cuidar, sobrecargadas siempre. Nada hay de deseante en esto. Sólo el deseo, más como una utopía de algún día tener un resto que nos permita cuidarnos a nosotras también.

¿Dónde quedan entonces los cuidados de calidad? ¿Cómo logramos que la crianza de las nuevas generaciones sea revolucionaria y pueda mejorar de a poco este mundo al que necesitamos empezar a cuidar de manera urgente para que no aniquile a la humanidad que lo corrompe?

“¡¿Alguien puede pensar en lxs niñxs?!”

Desde una mirada que lxs priorice, que lxs ponga en el centro, igual que a todas las personas dependientes y vulnerables del sistema que quedan relegadas y desamparadas tras eslóganes de cara bonita para realzar la imagen del político de turno, pero que no modifican ni un ápice de la realidad subjetiva, de la calidad de vida, la salud integral o una mínima proyección a futuro.

Lxs pibxs no son el futuro, lxs pibxs son/están aquí y ahora. Lxs pibxs, lxs viejxs, las personas enfermas, lxs diversxs funcionales y locxs que dependen de otrxs para sobrevivir son una inmediatez que nos estalla como bomba en la cara a quienes convivimos/trabajamos con ellxs, pero somos invisibles por la conveniente naturalización de nuestro rol.

El señalamiento hacia lxs “malas madres” es muchísimo más cotidiano que la reflexión acerca de la mentira del deseo materno en personas que ya parieron. Las críticas, además, hacen oídos sordos a la coyuntura en la que se desenvuelve el rol.

Hablemos del aborto, luchémoslo y consigámoslo para la libertad de todos los cuerpos con capacidad de gestar, pero hablemos también de lxs madres sin culpabilizarnos por una elección que rara vez pueda haberse hecho por fuera del formateo social, político, cultural y filosófico del sistema en que nacimos y crecimos.

La culpa nunca salvó a nadie, necesitamos responsables. Que dejen de tratar de liberarnos de nuestrxs propixs hijxs y a ellxs de nosotrxs, y empiecen a pensar de qué forma, tanto personal como políticamente podremos valorar el rol materno, colaborando con los cuidados de la vida desde sus inicios, para empezar a crear un mundo nuevo, más amable sobre todo con lxs más vulnerables de todo el sistema.

 

Texto e imagen: loana. mis amigxs me dicen Loa. soy sobreviviente de ASI y del matrimonio heterosexual. estudié recreación, ejercí la docencia y me especialicé en ESI. administro el grupo Maternidades Feministas y la página Des-Madre. el ejercicio de cuidados y el (lesbo-trans)feminismo resignifican continuamente mi existencia. sobre eso escribo y activo [el inicio de las oraciones y el nombre propio en letra minúscula ha sido pedido por la misma autora del texto].

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