#3poemas1poeta / Delmira Agustini: el deseo poético

Delmira Agustini (1886–1914) fue una gran poeta, pero las circunstancias de su/ vida eclipsaron su obra. Fue la primera mujer uruguaya en divorciarse legalmente en 1913. Un año después, a Delmira la mató su ex esposo, Enrique Job Reyes. Las fotos del crimen se publicaron en primera plana en los periódicos montevideanos, para regocijo de la aristocracia pacata del momento. A lo largo de casi un siglo –con airosas excepciones– se leyeron sus poemas como si hubiesen anticipado la muerte trágica, como si ella «se lo hubiera buscado».

Pero el valor poético de Agustini no puede reducirse a ello. Modernista y admiradora de Rubén Darío, fue la primera poeta en apropiarse del deseo, la primera en hacer de su cuerpo un poema, o del poema un cuerpo femenino deseante. De un modo magistral, su poesía trabaja los motivos y los símbolos clásicos del modernismo –el cisne, los sentidos desbordados, el vampiro y la femme fatale, entre otros– y los aborda corriéndose del lugar de enunciación establecido por su corriente estética. Por esto, artistas como Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou e Idea Vilariño la reconocieron como la fundadora indiscutible de la poesía erótica femenina en Latinoamérica.

***

De Cantos de la Mañana (1910)

El vampiro

En el regazo de la tarde triste
Yo invoqué tu dolor… Sentirlo era
Sentirte el corazón! Palideciste
Hasta la voz, tus párpados de cera,

Bajaron… y callaste… Pareciste
Oír pasar la Muerte… Yo que abriera
Tu herida mordí en ella –¿me sentiste?-
Como en el oro de un panal mordiera!

Y exprimí más, traidora, dulcemente
Tu corazón herido mortalmente,
Por la cruel daga rara y exquisita
De un mal sin nombre, hasta sangrarlo en llanto!
Y las mil bocas de mi sed maldita
Tendí a esa fuente abierta en tu quebranto.

…………………………………………….

Por qué fui tu vampiro de amargura?…
¿Soy flor o estirpe de una especie obscura
Que come llagas y que bebe el llanto?


Lo inefable

Yo muero extrañamente… No me mata la Vida,
No me mata la Muerte, no me mata el Amor;
Muero de un pensamiento mudo como una herida…
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor

De un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,
Devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
Que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?…

Cumbre de los Martirios! … Llevar eternamente,
Desgarradora y árida, la trágica simiente
Clavada en las entrañas como un diente feroz!…

Pero arrancarla un día en una flor que abriera
Milagrosa, inviolable!… Ah, más grande no fuera
Tener entre las manos la cabeza de Dios!!

 

 de Los cálices vacíos (1913)

 Otra estirpe

Eros yo quiero guiarte, Padre ciego…
Pido a tus manos todopoderosas,
Su cuerpo excelso derramado en fuego
Sobre mi cuerpo desmayado en rosas!

La eléctrica corola que hoy desplego
Brinda el nectario de un jardín de Esposas;
Para sus buitres en mi carne entrego
Todo un enjambre de palomas rosas!

Da a las dos sierpes de su abrazo, crueles,
Mi gran tallo febril… Absintio, mieles,
Viérteme de sus venas, de su boca…

¡Así tendida soy un surco ardiente,
Donde puede nutrirse la simiente
De otra Estirpe sublimemente loca!


La ruptura

Érase una cadena fuerte como un destino,
Sacra como una vida, sensible como un alma;
La corté con un lirio y sigo mi camino
Con la frialdad magnífica de la Muerte… Con calma

Curiosidad mi espíritu se asoma a su laguna
Interior, y el cristal de las aguas dormidas,
Refleja un dios o un monstruo, enmascarado en una
Esfinge tenebrosa suspensa de otras vidas

 

Fiera de amor

Fiera de amor; yo sufro hambre de corazones.
De palomos, de buitres, de corzos o leones,
No hay manjar que más tiente, no hay más grato sabor.
Había ya estragado mis garras y mi instinto,
Como erguida en la casi ultratierra de un plinto,
Me deslumbró una estatua de antiguo emperador.

Y crecí con entusiasmo; por el tronco de piedra
Ascendió mi deseo como fulmínea hiedra
Hasta el pecho, nutrido en nieve al parecer;
Y clamé al imposible corazón… la escultura
Su gloria custodiaba serenísima y pura,
Con la frente en Mañana y la planta en Ayer.

Perenne mi deseo, en el tronco de piedra
Ha quedado prendido como sangrienta hiedra;
Y desde entonces muerdo soñando un corazón
De estatua, presa suma para mi garra bella;
No es ni carne ni mármol: una pasta de estrella
Sin sangre, sin calor y sin palpitación…

Con la esencia de una sobrehumana pasión!

 

Nocturno

Engarzado en la noche el lago de tu alma
Diríase una tela de cristal y de calma
Tramada por las grandes arañas del desvelo.

Nata de agua lustral en vaso de alabastros;
Espejo de pureza que abrillantas los astros
Y reflejas la sima de la Vida en un cielo!…

Yo soy el cisne errante de los sangrientos rastros,
Voy manchando los lagos y remontando el vuelo.


El cisne

Pupila azul de mi parque
Es el sensitivo espejo
De un lago claro, muy claro!…
Tan claro que a veces creo
Que en su cristalina página
Se imprime mi pensamiento.

Flor del aire, flor del agua,
Alma del lago es un cisne
Con dos pupilas humanas,
Grave y gentil como un príncipe;
Alas lirio, remos rosa…
Pico en fuego, cuello triste
Y orgulloso, y la blancura
y la suavidad de un cisne…

El ave cándida y grave
Tiene un maléfico encanto;
–Clavel vestido de lirio,
Trasciende a llama y milagro!
Sus alas blancas me turban
Como dos cálidos brazos;
Ningunos labios ardieron
Como su pico en mis manos;
Ninguna testa ha caído
Tan lánguida en mi regazo;
Ninguna carne tan viva,
He padecido o gozado:
Viborean en sus venas
Filtros dos veces humanos!

Del rubí de la lujuria
Su testa está coronada;
Y va arrastrando el deseo
En una cauda rosada…

Agua le doy en mis manos
Y él parece beber fuego;
Y yo parezco ofrecerle
Todo el vaso de mi cuerpo…

Y vive tanto en mis sueños,
Y ahonda tanto en mi carne,
Que a veces pienso si el cisne
Con sus dos alas fugaces,
Sus raros ojos humanos
Y el rojo pico quemante,
Es solo un cisne en mi lago
O es en mi vida un amante…

Al margen del lago claro
Yo le interrogo en silencio…
Y el silencio es una rosa
Sobre su pico de fuego…
Pero en su carne me habla
Y yo en mi carne le entiendo.
–A veces ¡toda! soy alma;
Y a veces ¡toda! soy cuerpo.-
Hunde el pico en mi regazo
Y se queda como muerto…
Y en la cristalina página,
En el sensitivo espejo
Del lago que algunas veces
Refleja mi pensamiento,
El cisne asusta de rojo,
Y yo de blanca doy miedo!

 

Por Lucas Foggia. Soy investigador de Literatura latinoamericana y docente en escuela media y terciario en la provincia de Buenos Aires. Participo en un grupo de investigación de la facultad de Filosofía y Letras de la UBA sobre poesía modernista y hace tres años me dedico a analizar la obra de Delmira Agustini. Yo también escribo poemas madrugados para calibrarme la mirada.

Sección coordinada por Melisa Papillo.

 

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