“La leche materna constituye el primer acto de soberanía alimentaria” Entrevista a Valeria Wasinger, Presidenta de la Unión de Puericultoras Argentinas

Durante enero fue noticia la reunión que llevaron a cabo la Unión de Puericultoras Argentinas (UPA) y el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, a cargo de Victoria Tolosa Paz, donde se presentó una propuesta de trabajo para articular acciones en torno a la lactancia materna en el marco del Plan “Argentina contra el hambre”. Hablamos con Valeria Wasinger, Presidenta de la Comisión directiva de UPA, para que nos cuente las dimensiones de la articulación entre profesionales de la salud, que orientan el proceso de la lactancia, y el valor de la misma dentro de este sistema en el que estamos inmersas.

Contanos cuál es tu rol dentro de la Unión de Puericultoras Argentinas (UPA) y cuál es el trabajo que vienen desarrollando.

Soy parte de la Asociación Civil UPA, Unión Puericultoras Argentinas, que se formó en el año 2016 con el objetivo, fundamentalmente, de trabajar en pos del reconocimiento formal de nuestra profesión y llevar adelante acciones para la comunidad, relacionadas con la promoción y difusión de la lactancia materna; visibilizar nuestro trabajo, nuestro rol profesional y también para capacitarnos como profesionales y capacitar a otres. Es una asociación formada por Puericultoras egresadas y estudiantes de puericultura de todo el país.

¿Con qué impedimentos se encuentran a la hora de desarrollar su trabajo?

El principal impedimento que le da motivo al nacimiento de nuestra Asociación es que nuestra profesión no está regulada ni reconocida, lo que nos restringe espacios de trabajo, como por ejemplo el de la Salud Pública. Si bien el rol de la puericultora se ha hecho más conocido con el transcurso de los años y hay más demanda de las usuarias del sistema de salud, sobre todo privado, todavía no es un rol que esté presente en la salud pública, más allá de ciertos servicios que funcionan como voluntariado. Hoy en día, no tenemos posibilidad de que se nos nombre o concursar por un puesto de trabajo en el sistema público. Es decir, no estamos reconocidas formalmente, a pesar de que en la práctica estamos cada vez más instaladas. 

En segundo lugar, el hecho de que sea una profesión que no está regulada hace que, justamente, el trabajo que existe en su mayoría esté precarizado, que se dé en un marco informal de contratación. Además, al desarrollarse en el ámbito de salud privado es accesible solo para personas con posibilidad de asistir a sanatorios o clínicas privadas o, incluso, de manera privada en sus casas, para lo cual tienen que contar con los recursos.

En tercer lugar, no hay un claro establecimiento de lo que son nuestras competencias, qué incumbencias tenemos, las responsabilidades, qué sí y qué no podemos hacer. Creo que precisamente sería importante darle un marco legal al ejercicio de nuestra profesión porque tiene que ver con marcar esos límites, que nos permiten trabajar de manera segura a nosotras y les dan seguridad a quienes nos contratan.

El año pasado, el lema de la Semana Mundial de la Lactancia Materna fue “Empoderémonos, hagamos posible la lactancia”. ¿Por qué crees que llegamos a la necesidad de hablar de “empoderamiento” para amamantar? ¿Qué elementos juegan un rol importante para que sea posible?

Yo creo que se puede tomar desde varios lugares. Por un lado, puede ser el empoderamiento de cada mujer o persona que desee amamantar y, por otro, el empoderamiento necesario para las distintas personas que intervienen en este proceso y así lograr que la lactancia pueda ser posible. Siempre los lemas que se proponen internacionalmente generan un poco de ruido, porque no son adaptables a las realidades de todos los países (de hecho, el lema original generalmente se modifica o se adapta a uno nacional). 

En principio, creo que el empoderamiento no es algo que se pueda obtener de “un otre”. Es un proceso interno, con todo lo que eso conlleva, y que quienes acompañamos, en este caso a mujeres que amamantan y a sus familias, lo que hacemos tiene que ver con brindar herramientas, asistir técnicamente con cuestiones específicas, con escuchar, con desarrollar empatía con lo que a esa mujer le está pasando, pero no estamos empoderando a nadie. Es decir, no es algo que hace quien viene de afuera. 

Al tratarse de un proceso interno, a cada persona le lleva un tiempo diferente y está atravesado por cuestiones diversas que son muy subjetivas. Sí me parece importante que la lectura no sea (ni con la lactancia, ni con el parto, ni con nada que tenga que ver con procesos de salud sexual de cada persona) que el empoderamiento signifique una bajada de línea del tipo “lo vas a lograr si te empoderás y es solo cuestión tuya”; ése sería un mensaje equivocado. Porque una mujer puede estar totalmente convencida, informada y tener afianzado todo, pero si el contexto no acompaña, si no hay políticas públicas que puedan permitir, promover, facilitar y asistir a una mujer que quiera amamantar, no sirve de nada. Del mismo modo, podemos tomar muchos ejemplos. O sea, una mujer puede estar muy convencida de amamantar, puede ser su deseo, pero si tiene un trabajo rentado y tiene que volver a su trabajo, la licencia por maternidad es muy corta… No es imposible, desde ya, compatibilizar la vuelta al trabajo con la lactancia, pero requiere de mucho esfuerzo, de un esfuerzo extra de esa mujer para llevarlo adelante. Aún poniendo todo su esfuerzo en mantener la lactancia, cuando vuelve al trabajo, si no tiene un lactario donde extraerse leche o si no puede hacer uso de un tiempo para eso, por más esfuerzo que le ponga se le va a hacer muy cuesta arriba. Entonces, ahí hay otros factores que intervienen para que esa lactancia sea posible, más allá del deseo y empoderamiento de esa mujer. 

Lo mismo con las políticas públicas de salud: vemos que nuestro país adhiere a todas las recomendaciones internacionales que hablan de la lactancia materna como alimento exclusivo y adecuado para los primeros seis meses de vida, pero luego hay que apoyarlas con cuestiones concretas, como la extensión de las licencias, disponibilidad de lactarios en los puestos de trabajo, etc. Porque si nos quedamos solamente con poner carteles para la semana de la lactancia, hacer campañas publicitarias y de difusión, pero sin acciones puntuales, es muy difícil. Y la responsabilidad termina recayendo siempre y únicamente en la mujer o la persona que amamanta, lo cual genera culpa y frustración. La mayoría de las veces no tiene que ver con un problema individual, sino con falta de apoyo concreto de todo el entorno en diferentes estadíos: el cercano que puede ser el familiar, el laboral y el Estado. Porque si bien la lactancia transcurre en el ámbito privado e íntimo, necesita de mucho apoyo externo para poder ser posible. 

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Foto tomada del sitio oficial de UPA.

En época de crisis, como la que estamos viviendo, ¿por qué la lactancia materna puede ser entendida como una herramienta para afrontar el hambre? ¿Cuáles son los actores responsables para lograr que se lleve adelante?

La lactancia es una herramienta para afrontar el hambre porque es accesible, está disponible, no se necesitan grandes intervenciones a nivel salud con respecto a su práctica y los beneficios que trae son muy grandes y se notan en seguida. Pasa que sí requiere de mucho apoyo. Los actores responsables son, en principio, el Estado desde todos sus espacios, tanto en desarrollo como salud. Por ejemplo, en nuestro país las tasas de lactancia materna exclusiva al inicio de la vida son altas, pero tienen un fuerte decaimiento ya alrededor del tercer mes de vida y llegamos a los seis meses de vida con un porcentaje menor de 50%. También en un contexto de crisis económica como el que estamos viviendo, sabemos que las personas más vulnerables son les niñes y las mujeres; entonces, frente a esos números de vulnerabilidad es que se tiene que trabajar fundamentalmente. 

La leche materna como recurso no implica gastos, lo que no significa que no tenga un valor. Es decir, no implica gastos en cuanto a que está disponible, no hay necesidad de usar agua para prepararla, ni electricidad o gas para calentarla, no hay que hacer uso de mamaderas, ni tetinas. Si pensamos en la cantidad de gente que no tiene acceso al agua potable, que es lo que se necesita para preparar una leche de fórmula, es lógico que en un contexto así la primera medida sea apuntar a promover y fortalecer la alimentación de leche materna y la leche artificial quede como una alternativa de alimentación. Ésta última debería usarse en caso de que una mujer no pueda amamantar a su hije por alguna cuestión puntual de salud (por ejemplo, en nuestro país es el VIH) o por una cuestión de salud del bebé que no pueda recibir leche materna. Pero de ninguna manera debería ser la norma de alimentación.

Y hay que tener en cuenta que cuando la leche artificial es la alternativa de alimentación también se necesita un apoyo y una asistencia para educar a esas familias en todas las cuestiones respecto de ese tipo de alimentación: cómo se tiene que preparar una leche artificial, cómo se debe dar una mamadera a un bebé, cuáles son las condiciones de higiene en que se debe preparar esa leche, etc. 

Nosotras como asociación decidimos acercar nuestra propuesta y aportar nuestra mirada en el plan que se está llevando adelante, “Argentina contra el hambre”, porque nos parece importante que el tema de lactancia esté considerado. Es fundamental que se promueva en este contexto, ya que los beneficios son enormes y se ven en lo inmediato. Que además debe estar acompañado de profesionales de la salud que estén actualizados en la temática, que estén formados específicamente para eso, como las puericultoras que acompañamos, tenemos una mirada más integral del proceso y trabajamos interdisciplinariamente junto a todos los otros miembros de los equipos de salud materno infantil. La idea es que se puedan articular acciones concretas y asegurar un inicio de la alimentación más equitativo e igualitario para todes.

¿Por qué es importante entender la lactancia materna en términos de soberanía alimentaria?

En principio, porque es un derecho. La leche materna es un alimento y el derecho al alimento es un derecho de todes y debe estar garantizado. Desde ese marco, la leche materna constituye el primer acto de soberanía alimentaria. Es decidir cómo alimentar a un niñe con un alimento que es nutricionalmente adecuado y que se produce por fuera del mercado. Eso ya implica un acto emancipatorio y soberano.

También porque, como decía antes, es un alimento que es accesible, que está siempre disponible, que no tiene un impacto negativo en el medio ambiente, ya que se produce por fuera de cualquier industria, y no responde a intereses económicos en ese sentido. 

Si bien en nuestro país, como no sucede en otros lados, la leche materna no tiene un valor y es muy común escuchar que amamantar es “gratis” o se lo asocia a lo “económico” porque no tiene costo, por supuesto que tiene un costo. Amamantar tiene valor porque no es gratuito que una mujer ponga su cuerpo y dedique su tiempo a hacerlo. Creo que, en principio, es importante por eso, porque es una manera de decidir cómo alimentar a les niñes desde una base equitativa y adecuada que repercute en la salud, por ejemplo en la disminución de enfermedades. 

Además, tiene mucho impacto social, ecológico y económico, y desde ahí, en este contexto, es necesario repensar las políticas sobre lactancia materna. Para que también sea una práctica elegida realmente y no quede rondando esto de que “es esclavizante”, “es difícil” o que “implica un retroceso para la mujer” en términos laborales o personales. Todas esas cuestiones tienen que ver, justamente, con la falta de apoyo y con esta lógica que minimiza la importancia de los cuidados. 

Ahora tenemos un Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad desde el cual se está trabajando todo lo que tiene que ver con los cuidados y me parece que desde ahí se le puede dar una perspectiva feminista a la lactancia materna también. Necesita ser mirada desde el feminismo, corrernos de la idea de que es algo esclavizante, no solo a la lactancia, sino a la maternidad en general, desde una perspectiva en la que la mujer tiene un rol importante, pero que ese rol no se siga pensando como el instrumento de control de las mujeres y de sus cuerpos. 

Creo que todo esto (y me parece que es un buen momento de ponerlo sobre la mesa) tiene que ver con la dimensión política que tiene la maternidad con todo lo que conlleva: gestar, parir, amamantar, cuidar y que esa dimensión política significa visibilizar estas dimensiones, problematizarlas y empezar a pensar en ponerles un valor, el que tienen, porque repercuten en todo, lo social, lo político, lo económico. Así sacar a la maternidad del lugar de idealización y ponerlo en un lugar concreto y real en el que tenemos que involucrarnos todes.

 

Entrevista realizada por Lara Barneto.

Imagen: tomada de Escritura feminista.

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