Es tiempo de soltar la panza

SOLTÁ LA PANZA es una cuenta de Instagram, sólo si hablamos al voleo; porque es mucho más, incluso con su historia breve e incipiente, pues plantea una problemática colectiva y una proyección de comunidad para abordar cada subjetividad, en cuanto cuerpo que la contiene. Este espacio virtual invita a mostrar nuestro cuerpo y decir por qué solemos o solíamos ocultarlo, disimularlo, obligarlo a parecer lo que no es. Sus creadoras dicen que SOLTÁ LA PANZA es una invitación. El Tresdé las sigue y quiso saber más. Mirá.

¿Cuál es la propuesta de SOLTÁ LA PANZA?

En SOLTÁ LA PANZA, tomamos la panza como un símbolo, en realidad es el cuerpo, pero tomamos la panza como un símbolo porque hay algo muy fuerte con el “meté la panza”, que tiene que ver con aparentar ser lo que no se es; para alcanzar a ser lo que no se es, pero se desea ser porque nos lo vendieron. Queremos hacer una invitación a partir del “meté la panza”, “metamos la panza”, ocultemos eso que somos y, en contraposición a eso, invitamos a “soltar la panza”. A relajar y vernos como somos. Primero, vernos a nosotres mismes en esa foto que envían a la cuenta para ser publicada; en esa imagen que nos sacamos y que subimos y ver “ah, yo soy ésta”, porque también hay mucha distorsión en lo que une es o no es, básicamente porque siempre creemos que nuestros cuerpos son “inadecuados”. Primero, entonces, vernos nuestra panza, nuestro cuerpo, el que tengo, el que siempre voy a tener, ésta soy yo. Y segundo, llenar el espacio de panzas reales, diversas, para ser, humildemente, una resistencia a todas esas otras imágenes que nos entran por los ojos. Que nos entren por los ojos también panzas de verdad, cuerpos de verdad, nuestros cuerpos.

Queremos saber un poco más sobre ustedes, como impulsoras de esta apuesta, y por qué encararon SOLTÁ LA PANZA.

El espacio de SOLTÁ LA PANZA lo creamos nosotras dos, Mey y Samis, pero lo abrimos a ver qué pasaba y es de todes. Somos Mey, ilustradora y mamá de un bebé, y Samis, diseñadora gráfica y también madre reciente. Compañeras y amigas. La idea es llenarlo entre todes de fotos de panzas de verdad, de nuestras panzas, pancitas, panzotas. Y estar ahí ocupando los espacios que existen, pero que siempre están ocupados por quienes bastante perversamente los llenan de mercancías que nos quieren vender, donde también son puestos los cuerpos de las mujeres. Nosotras queremos ocupar el espacio visual. Es un lugar pequeño, pero valioso. Como ambas somos trabajadoras de la imagen, sabemos que el peso que tiene una imagen es muchísimo y cómo ésta se utiliza para decir muchas cosas. Y queremos hacer uso del espacio de la imagen para el bien, para aportar sororidad y amor. Y para compartir entre todas lo que nos pasa, cada una desde su lugar. 

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Desde que tenemos la cuenta, pudimos ver que todas la pasamos para el culo desde que somos chicas en relación a nuestro cuerpo, cada una en mayor o menor medida y desde su particularidad. Desde ser tan tan flaquita y ser el centro de burlas y comer y comer y atiborrarse de comida para poder engordar y que ese cuerpo sea “más atractivo” para los demás y no lograrlo. Desde pasar por un accidente que deja marcas en un cuerpo y que lo vuelve desagradable ante los ojos de los demás. O ser gorda desde toda la vida y aspirar a bajar de peso y llegar a ser flaca y nunca lograrlo y lastimarse en ese camino, haciendo cosas que atentan contra el cuerpo. Desde tener un cuerpo delgado y de todas formas no estar contentas con él porque igualmente no coincide con la imagen que nos venden. “Soltar la panza” es romper con eso y es tan fácil, pero no es tan fácil. No pretendemos banalizarlo, todo lo contrario.

Es tan sensato lo que dicen y tán rápidamente nos identificamos con esa incomodidad, ese dolor, esa sensación de injusticia, que quisimos involucrarnos y compartir este proyecto, sumar más apertura a este camino que entre todes estamos llevando adelante, para visibilizar, poner en cuestión y transformar.

Es que estamos siempre tan rodeades por todos lados, todo el tiempo, sin parar desde que nacemos hasta que morimos, de imágenes de cuerpos que en realidad no son los cuerpos que vemos al caminar por la calle, ni son los cuerpos que tenemos, ni son los cuerpos de nuestras amigas, ni de nuestras madres, ni de nuestras hijas, no son los cuerpos de nuestras mujeres cercanas, reales. Son cuerpos que están muy lejos de ser lo que algún día vamos a ser y de lo que somos, pero están puestos en un lugar de valor tan fuerte a través de los medios de comunicación y de la publicidad, que son los cuerpos que nos venden, los cuerpos con los que nos quieren vender cosas, e incluso los cuerpos mismos que nos quieren vender. 

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En esta sociedad de consumo en la que vivimos, aunque queramos o no, estamos insertes en ella y queremos consumir esos cuerpos, los compramos; llegando a tal punto en que no nos damos cuenta que esos cuerpos que vemos en las gráficas, en la tele, en las fotos de las publicidades, en los medios de comunicación no son cuerpos que tengan que ver con nosotres. Entonces, las mujeres nos pasamos la vida entera aspirando a tener algo y a ser algo que nunca vamos a ser. Es un sistema bastante perverso en el que entramos, aunque no queramos; porque se nos llenan los ojos de esas imágenes, aunque no queramos;  porque están ahí, porque las consumimos, aunque no queramos. Y el sistema es así a tal punto que un día creemos que eso está bien, nos la creemos y eso obviamente trae muchísima angustia porque no somos eso. Entonces, la mirada nuestra está siempre puesta ahí, en un objetivo inalcanzable y eso, como mínimo, es injusto. 

Samis, hacés referencia a este cambio de paradigma vinculado a tu experiencia de la maternidad. Contanos. 

Sí, me movilizó muchísimo ser madre y cambió totalmente la relación que tuve con mi cuerpo y la que me gustaría que Ámbar, mi beba, tuviera con su cuerpo. La maternidad me puso en un lugar de cuestionamiento: qué le voy a enseñar a esta chica. La percepción del cuerpo, cómo tratar a les demás, el valor que une aprende a tener sobre une misme, que lo aprendemos de cómo nos criamos. Estoy reaprendiendo y rearmándome. SOLTÁ LA PANZA lo creamos con esa esperanza.

¿Cuál ha sido hasta ahora la recepción de su propuesta? 

Desde que abrimos el espacio de SOLTÁ LA PANZA, tuvimos una recepción muy linda. Evidentemente, estaba esa necesidad de decir BASTA, aunque sigamos mirando esos cuerpos que nunca vamos a tener. Porque soltamos la panza hoy, pero una parte nuestra puede seguir buscando parecerse a esos modelos. Son muchos años de consumir esa imagen impuesta, de aspirar a ella. SOLTÁ LA PANZA es una puerta. Conectarnos entre nosotres, contar nuestras historias, exponernos es un primer paso para empezar un nuevo camino en que podamos aceptarnos más y querernos como somos, con lo que traemos y lo que somos. 

Además de un montón de fotos e historias, algunas muy fuertes, también recibimos dos o tres críticas que nos resultaron buenísimas, porque estamos tocando temas muy complejos, historias personales, y a veces hasta el uso del lenguaje se vuelve sensible. Aprendimos escuchando esas críticas. Una de ellas nos planteaba que las panzas publicadas debían ser todas panzas gordas y nos preguntamos por qué. Y luego entendimos que son las panzas que más sufren opresión por estar más aún por fuera de lo que se acepta. Ahora lo entendemos mejor, aunque nosotras no somos parte de la militancia gordx. Y reflexionamos y quisimos profundizar que en SOLTÁ LA PANZA hay espacio para todas: hasta la de panza flaca que te cuenta que la pasa para el orto, porque toda la vida le dijeron que era una flaca sin gracia, que no iba a garchar nunca, que tenía cuerpo de nena, etc. Y en otro plano, una piba con panza gorda, a la que toda la vida le gritaron “gorda”, que nunca se pudo comprar ropa de su talle, que siempre la insultaron, etc. también tiene acá su foto, su historia. 

Estamos agradecidas a todes les que nos han mandando sus panzas, por animarse a esa exposición. Evidenciando que todes nos sentimos, de alguna manera, atrevesades por esta sensación de nunca alcanzar el objetivo y eso demuestra que claramente es el modelo el que está mal y que necesitamos un cambio y empezar a ver que lo plural es todo bello y todo válido. Que tengamos el cuerpo que tengamos, merecemos todes disfrutar y ser felices, merecemos agarrar la vida. 

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Cuéntennos sobre el capítulo de las mil fajas para apresar y disimular la panza, que han publicado.

Samis: a mí, a lo largo de la vida, mi vieja me fue regalando diferentes fajas. Algunas más o menos cómodas, tipo ciclista para contener la panza un poco, hasta unos artefactos tipo de tortura de la inquisición. Por ejemplo, tengo una que tiene un agujero en medio para hacer pis, horrible. En mi casa, siempre hubo esta idea de que era feo tener panza; mi abuela decía: “párate derecha y mete panza”. Esto se pasó de generación en generación. Y mi vieja, cada vez que la veo, me cae con un par de fajas. En un momento, cuando yo vivía en México, soy mexicana (hace 15 años vivo en Argentina), me parecía lo más normal del mundo usar faja para que no se me vea la panza. Yo se lo agradecía porque la ropa me quedaría mejor. Eventualmente, me empecé a dar cuenta de que era una ridiculez; no sólo estaba alimentando a una industria millonaria que nos oprimía, sino que era exhaustivo usarlas. Tengo anécdotas de no haber podido comer o tomar bebida por cuánto me apretaba la faja y me dolía, me oprimían la vejiga. Estuve hablando con muchas otras chicas que también habían pasado por lo mismo. En Argentina, esto es más flexible; pero en México, no. Allá la belleza es pulposa, está bien tener curva y se usan esas medias que te agarran toda para lograr las curvas necesarias para la norma. 

Nos gusta pensar la faja como símbolo de opresión, porque literalmente te está oprimiendo; quisimos mostrar lo ridículo de aguantar la respiración por horas para tener una panza chata, es una cosa falsa, es como el calzón de Brigitte Jones: al final, cuando estás en cueros, se te ve la panza, ya está. Es momento de soltar la panza, de rebelarnos: “faja, te vas y ya nunca más me vas a apretar”.  

A modo de cierre y con el objetivo de prender el fuego de la pregunta y la rebeldía afuera, a quienes las lean, ¿volvemos sobre la idea que comparten en su Instagram y que nombramos más arriba, de que debemos “llenar el mundo de panzas reales”? 

Queremos hacer uso del espacio de la imagen para el bien y para el amor. Hagámoslo nosotras que somos personas reales, mujeres con nuestras historias, con nuestros cuerpos, con nuestras tristezas y alegrías, con nuestra aceptación. Primero, mirémonos nosotras y después, que nos miren afuera también. Llenemos el mundo con panzas reales, con personas reales. Cuando esto pasa, aparece la diversidad, aparecemos todes, que somos distintes. 

Cuando decimos que queremos llenar el mundo de panzas libres es que queremos invitarlos desde este ínfimo espacio de resistencia a que empecemos, todos los días, a tratarnos un poco mejor. A que entendamos que el cuerpo que tenemos es un tesoro, que no está hecho para agradar, ni está hecho para gustarle a nadie, ni es un ornamento. Nuestro cuerpo es lo único tangible que tenemos para realizar nuestros deseos y debemos tratarlo bien, no importa cómo sea ese cuerpo. Por eso, que liberen esas panzas. Como somos, estamos bien. Como somos, merecemos amor y disfrute. Como somos, tenemos derecho a ser felices, a vivir experiencias. Lo vamos a hacer muy de a poquito quizás, porque tenemos tan internalizado y enraizado en la cabeza que solamente cumpliendo ciertas características, podremos llegar a serlo, que esto va a costar. Y no quisiéramos que esto se confunda con un mensaje de positividad y autoamor porque eso sería otro mandato. Sabemos que el mundo es difícil, que está duro, que no todos los días nos gustamos, que no todos los días nos sentimos bien con nosotres. Hay días que nos sentimos horribles, hay días en que la gente nos dice cosas feas en la calle, en nuestros propios hogares, aunque sea desde el cariño (como la madre de Samis regalándole fajas). Debemos saber que hay un montón de otres compañeres que se sienten igual y compartir con elles, ayuda a ver lo bueno que hay en cada une.

 

Entrevista realizada por ElTresdé.com

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