Este adiós no es un hasta luego*

Siento el cansancio del año que termina y me pongo a rastrear por qué tanto agotamiento. Enseguida, me doy cuenta de que no fue un año, fueron cuatro años que le hicieron marcas al cuerpo y al pensamiento. Los vestigios de la historia personal y social. El hambre que yo no pasé y vos sí. La pyme que cerramos con mi compañero contra nuestra voluntad, los laburos que viste vaciar. Los derechos que a mí no me quitaron y que a vos te vulneraron y viceversa. El cinismo que nos televisaban cada día. El año que esta vez no terminará un 31 de diciembre, sino entre un 9 y un 10, con los cierres y las asunciones donde depositamos la esperanza de justicia social.

Busco en estos cuatro años larguísimos y encuentro que fue tanta la resistencia individual y colectiva que, aunque los golpes desconaron todo lo imaginado, somos un pueblo sorprendentemente potente para sostener cimientos y reconvertirnos. Somos un pueblo diverso y sabio, porque intentamos no entregarnos aunque nos quieran torcer los huesos diariamente.  Siento por fin más esperanza en nosotrxs incluso, en gran parte de nosotrxs, que en cualquier dirigencia política (los primeros años de estos cuatro sentía mucho resentimiento, varixs me comprenderán; pero pude revertir eso que me dejaba débil y semiparalizada). También confío en que un sector de la dirigencia que nos gobernará está amasada con esta materia prima popular y diversa, resistente y sabia, generosa y aguerrida, preocupada por el poder popular, no por el culo caliente en un sillón para repartirse papelitos coloridos, ni por la tranza entre amigotes ricachones.

Hoy es 9 de diciembre y con la temperatura del incipiente verano, suben las ganas de hacer todo de vuelta, todo mejor. Aprendimos a lo bestia estos cuatro años, ¿sienten lo mismo? Yo creo que entendimos mucho mejor aquello que habíamos dejado medio flojo, medio en reposo. Yo creo que aprendí lo que gran parte de lxs argentinxs también aprendieron: que ninguna batalla está acabadamente ganada nunca; que el movimiento debe ser constante y progresivo o seremos una y otra vez atacadxs por los jefes del capitalismo mundial con sus variadas caretas. Aprendimos que debemos ser menos indiferentes, porque lo que no me socava el suelo hoy, lo hará mañana. El disfrute debe ser para todxs o se cae por su propio peso; pero no hay posibilidad de disfrutar sin hacer a la vez, si no estamos atentxs, atentísimxs y preparadxs para lo peor y lo mejor. Fueron muchos los días en estos cuatro años en que sentí bronca, agotamiento, resignación, pero siempre alguien en su presencia física o simbólica me ayudó a levantar cabeza y transformarme, resignificar, encontrarme con otrxs con quienes nos ayudaríamos en esto de allanar caminos.

¿Qué tenemos entre manos ahora? Presente y futuro en forma de trabajo, esfuerzo, posibilidades y alertas. En nuestro contexto latinoamericano de odios imperialistas y resistencias populares, debemos ser lo suficientemente valerosxs para acompañar a quienes quedaron caídxs en la miseria material y sin derechos; debemos ser lo suficientemente lúcidxs para cooperar en cada espacio que transitemos, para accionar organizadxs y así pensar nuestras realidades, juntxs y organizadxs. En esta nueva oportunidad que tenemos de ser mejores, de nada sirve la crítica viciosa y vacía, la tibieza o el miedo: debemos exigir y exigirnos de manera estratégica, pero prudente, ser piadosxs pero no parciales, buscar la radicalidad que deje afuera sólo a lxs que siempre prefieren decapitar al pueblo que está subsistiendo, aprendiendo, avanzando.

En este cansancio extenso, me siento llena de deseos para el año que comienza en Argentina mañana mismo. Cierro los ojos por unos minutos y al finalizar, escribo estas líneas que los erigen: que el hambre sea sólo una palabra, que logremos erradicarlo sin eufemismos y sí con pragmatismo; que no cedamos ante las mentiras por miedo; que seamos protagonistas de los cambios y que estos sean inclusivos, no egoístas. Deseo que el nuevo gobierno nacional no ceda ante los poderes que nos derrocan como pueblo cada tanto; que los dólares necesarios no lleguen a costa de nuestros territorios y recursos nunca más; que construyamos algo nuevo y poderoso, de verdad, sin medias tintas, porque los aprietes nos seguirán cayendo como una tormenta pero ya sabemos cuánto podemos soportar; la historia nos ampara. Deseo que las movilizaciones sigan en las calles pero desde y para la alegría, no aguantando represiones y tergiversaciones de nuestras verdades. Deseo que este año el aborto sea legal, seguro y gratuito y que festejemos días y días nuestro triunfo. Deseo que sigamos repensando las casas, los trabajos, las escuelas, los barrios en clave feminista. Que cada vez haya más redes de reflexión y acción en ese sentido, así como de apoyo colectivo. Sigo deseando memoria, verdad y justicia por aquellxs y por nosotrxs. Sigo deseando castigo en el marco de la democracia para aquellos y para estos. Que este texto sea continuado con los deseos de cada unx que lo lea. Eso deseo: que seamos deseo y acción cooperativa, que seamos valientes y amorosxs, justxs y soberanxs para amarnos, para alimentarnos, para educarnos, para trabajar los campos y las ciudades, para proyectarnos como una Patria Grande como pueblos, mucho más allá de nuestros gobiernos. Deseo que el deseo nos invada y movilice y que el cansancio sea una sensación siempre reversible porque, justamente, hay deseo.

¡Feliz fin del macrismo! ¡Feliz nuevo comienzo, pueblo argentino! ¡Qué se aproveche!

 

*Este texto podría desarrollarse hacia vectores infinitos si repasáramos y analizáramos cada medida perversa del gobierno de Cambiemos, cada marcha multitudinaria a sus decretos y derroches, cada victoria parcial que como pueblo logramos estos cuatro años, etc.; sin embargo, estamos felices, con memoria siempre, pero con ánimos de darnos ánimos y festejar. Sepa lectorx comprender nuestro estado jocoso y esperanzado y complete en su mente todo lo que aquí falta.

Texto: Pamela Neme Scheij. Integrante del equipo coordinador de El Tresdé, licenciada y profesora de Letras, docente, poeta, madre, compañera y feminista.

Fotografía tomada de redes sociales

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