El neoliberalismo: de odios y grietas

Imposible concebir en estos tiempos que corren, y creo que desde los inicios de la vida humana, una sociedad carente de conflictos. Ocultos o visibles, manifiestos o reprimidos, los intereses encontrados de los diversos grupos sociales existieron, existen y existirán; y en todos los países del mundo más allá de sistemas políticos o estructuras económicas.

El Capitalismo Liberal domina prácticamente la totalidad del orbe. Por definición es un sistema que genera desigualdades sociales, económicas y, por ende, políticas. Las desigualdades provocan conflictos y dividen a la sociedad, es inevitable. La Democracia, en gran medida, surge como una herramienta –históricamente incompleta para mi gusto- para reducir esas desigualdades, favoreciendo la organización de amplios sectores sociales marginados y abriendo canales de comunicación social como medio de expresión de sus necesidades. Pero también, y como hemos visto a lo largo de las publicaciones de El Tresdé, Reflexiones sobre la Democracia, el sistema se funda en el disenso y establece las bases para una convivencia pacífica dentro de un contexto de diversidad. El disenso no es para nada negativo, al contrario, es el punto de partida para el crecimiento y la maduración social apelando a reconocimiento de las diferencias y a la predisposición para solucionarlas racionalmente.

Ahora bien, ¿estoy planteando algo nuevo con lo escrito hasta aquí? Absolutamente NO. El disenso, los conflictos de intereses y las divisiones son perfectamente visibles en cualquier sociedad, en cualquier país, en cualquier continente. ¿Por qué, entonces, ha tomado tanto auge entre lxs argentinxs el tema de “la grieta”?

Tomaré como referencia el excelente trabajo del sociólogo Saúl Feldman: “La conquista del sentido común”, Ediciones Continente, CABA, 2019, para esclarecer la estrategia seguida por el Pro-Cambiemos con el objetivo de inclinar la balanza electoral a su favor.

El odio hacia “el enemigo único”

 “Las sociedades neoliberales son odio fundadas y odio fundantes del orden. El odio es en ellas parte de la construcción de un sentido común básico: identificar grupos sociales como causantes de las fisuras sociales y, por lo tanto, enemigos.” (p.259)

Un primer paso consistió en presentar la división en la sociedad argentina como una anomalía insalvable generada por grupos sociales opositores al orden neoliberal. “La generación de odio hacia el enemigo único, señalados como responsables de los disensos” (p.259), fue el objetivo primordial esgrimido por el macrismo.

El odio pasa a ocupar el espacio de lo político, lo invalida a partir de la presencia de una parte de la sociedad que hay que eliminar indefectiblemente. El odio apunta a lo emocional antes que a lo racional y genera un estado que incluye el temor a la agresión y la necesidad de protección ante quienes disienten con el orden establecido. Por tal motivo, se presenta a la oposición como violenta, irracional, corrupta e inmoral convirtiéndola en responsable de todos los males que aquejan a la sociedad. Planteado este estado de situación, la eliminación de los opositores es inevitable como medio para proteger a la parte “sana” de la sociedad.

Primer paso cumplido. Se estableció el “enemigo único”: el kirchnerismo.

“Divide et impera”

Segundo paso: eliminación del enemigo único.

“Cualquier metodología, en esa tarea, se vuelve justificada. El lawfare en el ámbito judicial, el periodismo de guerra en el ámbito de la información, y la violentación de derechos en el ámbito social, pasan a segundo plano y se ignoran, o eventualmente se justifican dadas las circunstancias.” (p. 260)

La postura cínica de los comunicadores de Cambiemos, escondida tras el relato de terminar con las divisiones y “unir a los argentinos”, carga constantemente de odio las críticas hacia los “malos” ensanchando la grieta que ellos, como los “buenos”, vienen a reparar. El odio exacerba los ánimos y aumentan la distancia entre las partes de la grieta. Un mensaje conciliador no es funcional a los intereses dominantes que, apoyados en un porcentaje importante de la sociedad, esa parte antipopular, racista y “gorila”, buscan conquistar el sentido común resaltando lo político como inmoral e instalando que el conflicto social es antinatural y enfermizo. Lo politizado, lo crítico, es demonizado.

“En última instancia, el perverso vocablo ha velado y sigue velando la manipulación comunicativa que ejercen quienes lo ponen a su servicio, para agrandar la grieta que supuestamente se quiere eliminar, buscando, precisamente, borrar simbólicamente a las personas y a los grupos sociales críticos del actual ordenamiento social, cuando no materialmente.” (p.263)

Y…¿entonces?

Es imperioso revertir este estado de situación fratricida. Y no me refiero a los conflictos sino al uso perverso del concepto de “grieta”.

El enfrentamiento entre grupos sociales es inherente a todas las sociedades y, como en la nuestra, tiene profundas raíces históricas. No son producto del kirchnerismo como insiste en instalar Cambiemos. A partir del enfrentamiento entre El Puerto y El Interior a pocos años de la Revolución de Mayo de 1810, se establecieron dos proyectos contrapuestos de país. Ninguno, hasta el momento, ha logrado una hegemonía suficiente como para establecer un objetivo definido y, a partir de eso, un camino estable para su cumplimiento.

Pero la arista que más preocupa en esta confrontación social es la cultural y es la que el neoliberalismo insiste en avivar, dado que es su basamento para llevar adelante un proyecto económico exclusivo. El daño que ha causado a nuestra sociedad el concepto de Civilización o Barbarie acuñado por Sarmiento se puede respirar en la actualidad.

Es penoso ver cómo las redes sociales se inundan de insultos entre hermanxs. Esto de no poder hablar de política entre amigxs ya no es una opción. No hablar de política es no tener predisposición al diálogo como herramienta para dirimir diferencias y, entre todxs, apuntar a un desarrollo y crecimiento personal y social.

Es nuestra responsabilidad. Es nuestro trabajo. Un acercamiento entre compatriotas. Un convencimiento general en cuanto a que el destino de unxs también es el de otrxs. No somos enemigxs; ni piezas de un juego que sólo beneficia a quienes pretenden manejarnos como títeres para continuar satisfaciendo únicamente sus intereses de grupo.

Si no lo entendemos así, quizás no tengamos futuro.

 

Texto por Fabián Pagani. Es porteño e hincha del Rojo. Trabaja como profesor de Historia en la escuela secundaria. Estudia Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de San Martín. Músico de nacimiento y bien nacional y popular.

Fotografía: Ramiro Montaos. Fotógrafo autodidacta. Amante de la naturaleza, a la cual intenta captar en sus más pequeñas dimensiones. Curioso por los rostros que se eternizan en sus retratos.

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