Hasta las tetas, el cuerpo como herramienta de denuncia

El jueves pasado se celebró la 20° Entrega de los Grammy Latinos en Estados Unidos. Con la ostentación desmedida que caracteriza a este tipo de eventos, acordes a las representaciones del “éxito” y el “glamour” yanki e inversamente proporcionales al grado de pobreza en que se encuentra Latinoamérica, los premios se llevaron adelante no sin algunos sobresaltos.

A uno de ellos lo protagonizó la cantante y compositora chilena Mon Laferte, quien ganó como Mejor álbum de música alternativa por su último trabajo “Norma”. Pero no fue noticia por el reconocimiento de la academia, sino por su manifestación contra la represión en Chile cuando posó para las fotos con una leyenda pintada en el pecho desnudo que decía “En Chile torturan, violan y matan”. 

La “polémica”, por supuesto, no fue exponer a Piñera frente a la opinión pública internacional como el presidente antipueblo que es, que permite la violación de derechos humanos y la persecución política, no. El problema fue que Laferte mostró las tetas y eso es “zarparse” para un mundo hipócrita que cosifica y consume cuerpos, tetas y culos como objetos de mercado, pero que frente a las vejaciones del autoritarismo se mantiene callado. 

“Mi cuerpo libre para un patria libre”

Así tituló Laferte su repudio en la alfombra roja, relacionando dos territorios en disputa de poder: los cuerpos y las patrias latinoamericanas. Más allá de que su denuncia apuntara solo a Chile, en el resto del continente las demandas son las mismas aunque con matices diferentes. Y eligió un modo puntual de hacerlo: usando la piel de lienzo, sin cartel ni megáfono, ni grito, en tetas, las que molestan por sobre todas las cosas cuando se liberan de sujeciones y exigencias machistas. Obvio, la noticia fue esa. 

Ni siquiera lo fue que durante su discurso de agradecimiento leyera un poema de La Chinganera sobre el dolor por Chile: “Chile me dueles por dentro/ me sangras por cada vena/ me pesa cada cadena/ que te aprisiona hasta el centro/ Chile afuera, Chile adentro/ Chile al son de la injusticia/la bota de la milicia/ la bala del que no escucha/ no detendrá nuestra lucha/ hasta que se haga justicia”. 

Resulta significativo que una artista latina se manifieste en espacios donde nuestra cultura es la “atracción” y mano de obra barata de un pueblo racista y xenófobo como el estadounidense. Estados Unidos que se ha caracterizado (y lo sigue haciendo, con muchísima fuerza, si no miremos la intromisión de la OEA en el Golpe de Estado en Bolivia) por ahogar a los pueblos latinoamericanos, a través de gobiernos neoliberales y golpistas que han regado sangre cada vez que pudieron. El hecho de denunciar a Piñera en primera plana rompe con el pacto de silencio y tergiversación de la información de los medios masivos de comunicación afines a los gobiernos de turno que no están diciendo lo que está pasando realmente. Incluso, desde los organismos de derechos humanos de Chile se vienen denunciando abusos y violaciones a mujeres por manos del ejército. Y por más triste que sea, no es casual que en medio de un momento histórico donde los feminismos están luchando contra las desigualdades de este sistema patriarcal, se intensifiquen estos mecanismos disciplinadores. 

#EstoNoPara

La lucha por la despenalización del aborto puso en evidencia el atraso cultural e histórico en el que estamos sumergidas, traspasando las fronteras y transformándose en un emblema internacional por la libertad de elegir sobre nuestros cuerpos. Ante esta situación, como reacción se produjo un avance feroz del movimiento pro-vida y los sectores más conservadores en toda la región, no solo expresándose contra el aborto, sino también contra las libertades de la vida democrática. 

Las repercusiones fueron intensas, sin ir más lejos en nuestro país se conformó el partido celeste de Nos, con Gómez Centurión y Hotton a la cabeza, que llegó hasta las elecciones presidenciales con una demostración de apoyo importante de los sectores antiderechos. En Brasil, son conocidas las relaciones de Bolsonaro con la iglesia evangélica que apoyó su candidatura y guía las políticas de exclusión de género y el retroceso de los derechos humanos. O por ejemplo, hace una semana fuimos testigos de la quema de la bandera wiphala, símbolo del respeto a los pueblos originarios, y el siguiente apoyo de la biblia sobre la bandera nacional, a minutos de tomar la casa de gobierno con el apoyo de las fuerzas armadas. Es decir, la región está convulsionada y el retroceso cultural al que nos quieren llevar nos afecta no solo como naciones libres sino también como los sectores doblemente oprimidos que somos. Entonces no es casual que todavía tengamos que mostrar las tetas para que nos miren y atiendan de algún modo a nuestros reclamos políticos por la soberanía sobre nuestros cuerpos. En el mismo gesto se condensan ambas cuestiones: Laferte estaba repudiando a la represión chilena y también llevaba un pañuelo verde, símbolo del movimiento feminista de la 4ta ola. Es decir, vuelve sobre una certeza cada vez más clara: decidir sobre nuestros cuerpos es una batalla que aún dista de estar terminada.

Al igual que nuestros pueblos latinoamericanos que están enfrentando una nueva embestida del neoliberalismo más reaccionario y expreso que ha tenido en los últimos años, nuestra lucha es cada vez más explícita.

 

Texto: Lara Barneto. Integrante del equipo coordinador de El Tresdé. Es Licenciada y Profesora en Letras. Trabaja como docente y milita en Mala Junta y Nueva Mayoría en el Frente Patria Grande.

Imagen: AFP 

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