Golpe de Estado en Bolivia

Ayer se consumó el golpe operado por la derecha en el Estado plurinacional de Bolivia. Ante el silencio de la derecha continental y organismos multilaterales, se vuelve a trastocar el orden constitucional, siempre para reforzar los intereses imperiales en la región.

Luego de las elecciones en las que Evo Morales Ayma consiguió una nueva victoria (hay que recordar que el origen de la reacción desestabilizadora está en el debate sobre porcentaje con el que el candidato ganó), varias organizaciones civiles y religiosas pertenecientes, en su mayoría, a la región de la media luna comenzaron a movilizarse, causando estragos, atacando a personas vinculadas al MAS (Movimiento al Socialismo), saqueando casas y edificios institucionales, golpeando a dirigentes políticos, como también a personas de los pueblos originarios y asesinando personas en las calles sólo por cuestiones raciales. Los golpistas centraron su hostigamiento en líderes del gobierno y sus familias, la violencia fue ocultada por los medios y las organizaciones transnacionales de la región funcionaron para impulsar el golpe más que para frenarlo y apaciguar el clima hostil.

Mientras este proceso ganaba terreno ante la pasividad de las fuerzas policiales y armadas, que primero no actuaron y luego lo apoyaron abiertamente, también se fue trastocando el “objetivo” que buscaban. Primero fue la llamada a balotaje, después la anulación de los comicios y una nueva primera vuelta, más tarde se cambió por una primera vuelta sin la participación de Evo y al final, directamente, la renuncia de Morales. Cuando las FFAA tomaron partido públicamente a favor del golpe, el objetivo quedó al desnudo: la acefalía del país, ningún miembro del MAS podría tomar la dirección política y obligaron a renunciar a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial para encarar un proceso marcado desde un origen como antiderechos, bajo amenazas de muerte y ataques violentos.

UN ATAQUE CONTRA UN GOBIERNO Y UNA FORMA DE VIVIR

Los procesos tienen líderes y referentes que son indiscutibles y con su mera presencia gravitan los anhelos y esperanzas del pueblo. Evo Morales Ayma y Álvaro García Linera fueron obligados a renunciar a su mandato como parte del ataque al proceso de crecimiento y expansión económica, civil y política como nunca antes se dio en Bolivia. La demanda de acefalía demuestra el interés en la proscripción de facto y la búsqueda de dar por tierra el modelo social y económico que generó crecimiento sostenido mientras que sacaba de la pobreza a millones de bolivianos.

Por otro lado, la violencia racista pone en evidencia un odio de clase que pretende la exclusión política de los pueblos originarios y de diferentes sectores sociales, y al mismo tiempo que se desarme la política organizada desde la participación popular. No existe forma de malinterpretar estos intereses luego de que, tras la obligada renuncia del ejecutivo, la violencia racial y política contra el masismo no frenó en la madrugada de este lunes.

UN GOLPE A TODA AMÉRICA LATINA

Luego de 2015 la región parecía entrar en un proceso de resistencia: el avance de la derecha logró conseguir victorias importantes con las elecciones argentinas, el golpe en Brasil contra Dilma Roussef (y la posterior elección de Bolsonaro como presidente) y la traición de Lenin Moreno en Ecuador. Pero las políticas neoliberales que se impulsaron con esos aires de “cambio” no tardaron en mostrar al rey desnudo. Las crisis económicas y políticas, junto a los retrocesos masivos en materia de derechos laborales y humanos, fueron la carta de presentación de los nuevos gobiernos.

En este 2019 queda claro que toda la región está en una puja abierta por el destino de sus pueblos. Ni restauración progresista ni la noche neoliberal que se anunciaba hace apenas cuatro años. La crisis en Ecuador y en Chile, junto a la derrota en primera vuelta del macrismo en Argentina establecieron que no existe tal cosa como una hegemonía neoliberal. La liberación de Lula también expone a Bolsonaro como un presidente que sólo accedió al gobierno por la proscripción del líder del PT.

En este contexto el golpe en Bolivia es la declaración de todas las derechas de la región: el juego democrático se juega sólo mientras convenga. La renovación de las fuerzas reaccionarias resultó un mito que ante la mínima posibilidad no duda en volver a la violencia racista y misógina, a lo irracional de poner una biblia sobre la bandera y a realizar golpes sangrientos. La región se encuentra en una pugna abierta entre dos modelos sociales y ninguno logró imponerse con claridad luego de la crisis del bloque progresista en 2015. El golpe en Bolivia contó con el apoyo de militares, policía y asociaciones políticas y religiosas reaccionarias, y demuestra, hoy más que nunca, que los valores democráticos le pertenecen al pueblo y a sus organizaciones.

 

Texto: Pablo Diz.

Imagen: Diario Ciento Ochenta.

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