Aguafuertes bonaerenses / Ciudad Jardín / Ciudad Jardín no es una metáfora

Ciudad Jardín no es una metáfora. Es un barrio. Un barrio al que su nombre le sienta bien. Da a entender un fragmento de su existencia, que no es poco. Sin embargo, aunque Ciudad Jardín sea esas dos cosas juntas –una ciudad pequeña y un gran jardín conjugados- es también mucho más.

Frenemos acá. No voy a vender una localidad del Conurbano. No soy agente inmobiliaria. Ni me enamoro tanto de algo como para enceguecerme. No elegí mudarme a Ciudad Jardín, como mis padres hace cuarenta años. Nací acá, me mudé acá porque pude y ya. Pero sí digo que…

..hay una lista de bellezas de Ciudad Jardín que se aparecen con las estaciones del año: el todo colorido que ahorita viene brotando, el olor a jazmines del aire cada 15 metros; así en otoño las veredas cubiertas de hojas y el aroma a hogares encendidos. Las plazas agitadas hasta el últimísimo rayo de sol, la plaza de mi esquina desierta para nosotras en la mañana. Algo que creo sólo unxs pocxs seguimos atentxs: los pájaros carpinteros pitando el año entero. (¿Notaron cómo se vienen reproduciendo las cotorras en Ciudad Jardín, a la inversa de las palomas atacadas intencionalmente por las aves rapaces que otro tipo de rapacidades de este barrio adiestran o mandan o algo?). Bueno, la lista de las bondades de mi barrio es más larga. Tiene algo de pueblito de vacaciones. Es bastante disruptivo estéticamente respecto de las localidades aledañas, cuya urbanización tiene colores más grises, centros comerciales extensos, una arquitectura más improvisada en sus orígenes, blabla.

Pero ahora lo que vine a escribir. ¿Qué es Ciudad Jardín para mí sino la contradicción constante entre el gusto y el desprecio?

Contradicción entre disfrutar del espacio embellecido en que quiero permanecer y la cantidad innumerable de gorilas que se sueltan a las calles cada año. ¿A que conocen a alguien que se mudó a Ciudad Jardín diciendo que era por los árboles, pero en el fondo, era para hacerse el ascendido social?

Contradicción entre el encuentro callejero con tanta gente que conozco y quiero, así espontáneamente, el grito desde la bicicleta, el mate que se te convida de pasada en la plaza, y en el lado opuesto,  las insistentemente nerviosas comisiones de seguridad que por años quisieron cuidar más la propiedad privada que los derechos humanos .

¿Qué es Ciudad Jardín para mí? La contradicción, decía, entre lxs sobrevivientes de los setentas que cuidan su naturaleza viva, su cultura viva, su transformación comunitaria en pos del reconocimiento de lxs otrxs, a contramano del individualismo mercantil. Lxs herederxs de sus ideales que acá andamos copando barcitos y esquinas soleadas, que andamos criando con convicciones a nuestrxs hijxs. Y al mismo tiempo -acá la contradicción-tras las murallas vacías, las familias indiferentes, el triunfo del neoliberalismo.

Ciudad Jardín lucha en su dualidad. Es actividad cultural inclaudicable, un festival de cine, un cine que volvió al barrio, un festival de teatro, una biblioteca popular que trata de remontar vuelo, eventos autogestivos en las calles, feria artesanal, historia de arte. Y al mismo tiempo, es gente queriendo lucir lo que tiene en vez de lo que es. Y al mismo tiempo es la porción fascista asumida y la porción fascista sonrojada.

Ciudad Jardín es toda la gente que camina tocando timbres para pedir ropa y comida también, bajo el frío o el domingo;  aunque yo creo que vienen acá a pedir a lxs que nos acomodó la suerte que seamos menos meritócratas y más humanos, que no les respondamos sin mirar.

Ciudad Jardín es toda la frivolidad. Y además,  la solidaridad. Hay un barrio, hay vecinxs y hay miserias como en todas partes, pero con cierto disimulo que no se puede, al menos a quienes compartimos estos ojos, tapar con pertenencias materiales.

Voy a recorrer lugares de Ciudad Jardín. Mejor dicho, voy a re-recorrer este barrio para seguir escribiendo en el detalle. Para ir a la observación sin dejar la contradicción con la que fogueo mi vida en estas tantas curvas laberínticas.

 

Por Pamela Neme Scheij. Integrante del equipo coordinador de El Tresdé, licenciada y profesora de Letras, docente, poeta, madre, compañera y feminista.

Fotografía Ramiro Montaos. Fotógrafo autodidacta. Amante de la naturaleza, a la cual intenta captar en sus más pequeñas dimensiones. Curioso por los rostros que se eternizan en sus retratos.

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