Reflexiones sobre el poder mediático

El Poder como herramienta del análisis político (1)

¿Cuál es la forma del PODER? Si pudiéramos darle una entidad, ¿cómo lo identificaríamos en nuestra inteligencia? ¿Dónde lo ubicaríamos? ¿En una persona, en un grupo de personas, en un estrato social determinado, en el Estado, en todos ellos al mismo tiempo? ¿Qué situaciones de la realidad cotidiana nos remiten a la existencia de relaciones donde el poder asume protagonismo?

Analicemos en forma breve el fenómeno del poder. El poder, básicamente, es una relación entre unidades o grupos que conforman una sociedad. En esta relación, el comportamiento que tienen ciertas personas o grupos depende, en determinados contextos, del comportamiento que asumen otras personas o grupos. Los que controlan (C) inducen el comportamiento de los que responden (R).

Las relaciones de poder configuran un aspecto fundamental en el estudio de las características de un sistema político. Y efectivamente es así dado que el poder puede medirse, es decir, se puede mensurar la cantidad de poder que reside en cada individuo o grupo en determinado contexto histórico-social en relación a la influencia que éste o aquél tienen sobre las decisiones que toma un gobierno o Estado.

Por otra parte, existe un límite para el poder. La influencia de los controlantes sobre los controlados no es absoluta, lo cual deriva en que una porción relativa de individuos o grupos no responderán a tal influencia.

Asimismo, la distribución del poder configura las diversas características que asumen los distintos sistemas políticos. Una democracia denota una difusión extendida del poder hacia la mayoría social; por el contrario, una oligarquía denota una concentración del poder en pocas manos.

Indudablemente, contar con recursos económicos genera la posibilidad de acumular y concentrar poder. Sin embargo, también son necesarios otros valores no materiales que definen las estructuras de poder: respeto, bienestar, rectitud, popularidad, capacidad e ilustración.

El Poder Mediático como “colonizador de conciencias”(2)

Aún hoy, a pocos días de las Elecciones Presidenciales y con la esperanza de que la pesadilla que estamos viviendo llegue a su fin, me sigo cuestionando ¿por qué nos pasó Macri?

Una respuesta abarcadora sería utópica dada la complejidad del plan que la derecha neoliberal puso en marcha desde comienzos del milenio con el fin de lograr lo que finalmente sucedió: llegar al poder estatal a través del voto por primera vez en nuestra historia; dato no menor.

Inmerso en esa complejidad, se encuentra un factor del cual sí podemos realizar un análisis: el poder mediático comunicacional utilizado como herramienta destructora y, a la vez, creadora de subjetividad.

La caída del Muro de Berlín, a principio de los años 90, determina el fin del Comunismo Soviético y el triunfo del Capitalismo Occidental liderado por los Estados Unidos. Es el momento en que la famosa Globalización avanza a pasos agigantados estableciendo un nuevo orden mundial. De esta manera se va delineando, con excepción de ciertas zonas geográficas minoritarias, un nuevo sistema de relaciones que volverá a dividir el mundo en dos: países dominantes y países dominados.

El discurso dominante habla del fin de la historia y la muerte de las ideologías. Ya no hay caminos alternativos, hay que adecuarse al nuevo orden o asumir las consecuencias. Como nuestro actual Presidente dice regularmente: el camino es por acá y no hay plan B. Un nuevo orden natural domina la escena mundial y hay que acatarlo; no hacerlo conllevaría a un des-orden y tal cosa no es aceptable para los poderes concentrados.

Aquí es dónde gana protagonismo el poder mediático comunicacional que, en manos de los grandes poderes económicos, será utilizado para “colonizar conciencias” y mantener el orden: “El orden natural de las cosas es el orden que el poder les ha impuesto. Es el orden del poder. La impecable función del poder es llevar a los ciudadanos a creer que sus intereses expresan el orden natural de las cosas. (…) La sociedad del poder debe ser un espejo del poder. Y el poder (en la medida en que impone sus intereses como los intereses de todos, sus creencias como las de todos y sus códigos de represión como los que rigen para todos) se apodera de algo valiosísimo para perdurar: el sentido común. El apoderamiento del sentido común implica que todos dicen y creen lo que el poder les ha hecho creer y decir como si fueran sus propias creencias. Para esto –sobre todo en los tiempos que corren- el poder mediático es sustancial.”

Normalizado el sentido común, se crea el caldo de cultivo para la recepción de todo el bombardeo comunicacional que sólo tiene un objetivo primordial: desinformar con total impunidad. Puestas en escena, repetición incesante, noticias falsas (fake news), suposiciones infundadas, utilización constante de verbos en potencial, etc.

Y para idéntico fin es necesaria la hegemonía: “Monopolizar la información es la utopía de todo poder mediático. Y esto ya ha sido hecho. (…) Las voces alternativas son pequeñas y, por fin, superadas por el emisor hegemónico, quien las llevará a la quiebra o las incorporará al grupo monopólico.”

¿Por qué nos pasó Macri? En gran medida por el trabajo sin descanso que la hegemonía mediática liderada por el Grupo Clarín y su lugarteniente, La Nación, realizaron para inocular odio y dividir a la sociedad, colonizando el sentido común de una buena porción de la población que pasivamente absorbió el veneno; logrando que miles de ciudadanos que se vieron beneficiados por el modelo kirchnerista –cuyos dirigentes también tienen parte de responsabilidad al haber minimizado, en mi opinión, este contexto de beligerancia- se sintieran identificados con los intereses del poder real.

Pero, como mencionamos en el primer apartado, para el poder siempre existen zonas de no poder: “Hay zonas del sujeto que la emisión unilateral e incesante del emisor no llega a erosionar por completo. Al ser su arma predilecta la repetición, puede ser víctima del efecto paradojal de ese procedimiento. (…) El receptor accede a un estado de asco cuando las repeticiones lo abruman y advierte que están tratando de manipularlo. O –fatigado- quiere escuchar otra voz. Esa voz puede existir o no. La tarea constante del poder mediático es eliminar las frases disidentes, las que no se someten a la unicidad de su mensaje. Casi siempre triunfa.”

Soplan vientos de cambio que probablemente anuncien el advenimiento de la reconstrucción. Y no me refiero a la económica, sino a la social y ciudadana. Superar las divisiones, la famosa “grieta” atizada desde el divide y reinarás, es tarea fundamental para el resurgimiento. Nuestro país necesita como nunca del consenso.

El poder mediático hegemónico está intacto y al acecho, atento para inclinar la balanza siempre a favor de los intereses del poder real. Continúa inyectando violencia en la sociedad con el fin de blindar y sostener un modelo de gestión destructor y excluyente.

Como alguna vez vimos por este medio, el politólogo Norberto Bobbio señala que una de las promesas no cumplidas por el sistema democrático es la de lograr un ciudadano educado para sostener, reproducir y mejorar el sistema. Un ciudadano activo que cuente con herramientas suficientes para contrarrestar la manipulación del poder mediático hegemónico que, junto a otros poderes, atentan contra la buena salud de la democracia.

¡Atención! ¡A no olvidar que nos pasó Macri!

(1) Las citas de esta primera parte corresponden a: Dahl, Robert A. 1974. «Poder». En Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales, editado por David L. Sills, 1-17. Madrid: Aguilar.

(2) Las citas de esta primera parte corresponden a: Feinmann, José Pablo: “Filosofía política del poder mediático”, CABA, Planeta, 2013.

 

Texto por Fabián Pagani. Es porteño e hincha del Rojo. Trabaja como profesor de Historia en la escuela secundaria. Estudia Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de San Martín. Músico de nacimiento y bien nacional y popular.

Imagen: nuso.org

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