#3poemas1poeta / Carina Rita Medina

Carina Rita Medina nació, y espera no morir prontamente (como su tía Elba, que “se fue joven”), en 1979, en Córdoba. Es cabra y virgo, tiene 4 hijes, un amor y una amiga-hermana. Es profesora en Letras, escritora, gestora cultural, experta en budines de banana. Publicó La Causa de las Cosidas (Tanta Ceniza Editora, 2019), No andarse con chiquitas (Suri Porfiado, 2017) y escribió junto a Romina Olivero Creer o Reventar (Suri Porfiado, 2013). Participó de antologías y ya no de bikini contest: Mujeres al sur (Ediciones de la Grieta, 2016) y Estación Limay (Editorial Cuatro de copas, 2017). Su color es el rojo; su número en la quiniela, el 48; su piedra, la amatista. Odia los ruidos innecesarios como el de quien muerde una cuchara. Le reza a algunos santos y nunca será una.

 

CAMBIAR LA PIEL
(Bryant Park, frente a la Public Library)

No te faltará madre.

Soltarás su pequeña mano,
su ruda voz
y el abrazo esquivo.

Cantarás al cielo
por las abuelas
dadoras de budín con nuez
y anís para el frío;
y por la bisabuela
que cuida
desde la muerte.

Sonreirás a la olla
de la vecina chilena
su receta del tomate, del dulce bien revuelto,
la conserva,
fiesta colectiva.

La poesía te fue dada en señoritas Marys,
Bertas, Piruchas y Gracielas.
O en libros escondidos
estaciones de la sed
en la cartera marrón gastada
de la tenue voz
de una madre,
casi hermana que
llora y ríe,
pensando
tu crianza en los recreos.

Recordarás las suegras que
aunque adustas,
te enseñaron el mantel,
la harina
y los golpes
del marido que no dejaste entrar.

 

CAMBIAR LA PIEL II
(Lincoln Park)

Alabarás el camino que
te prestó madres de hermanas
que supieron decir
esperar a todos
para poner la mesa.

Seguirás sembrando en les hijes
para que cosechen
sus propias
otras
madres
con el poder de decirles
valientes
hermoses crías del mundo
estrenando piel.

Así, no hará más falta
la que amenazó
tantas veces
tantas veces
tantas
veces
con irse,
mientras el llanto,
mientras la noche,
mientras el miedo.

No será búsqueda su mirada
quitada como castigo
del vaso roto
la llegada a deshora
la pelea con el padre.

Y olerás las flores
que las madres cortaron
para tu casamiento
tus partos
el divorcio
el amor
los abortos
el olvido.

El pecho lleno de ideas
no buscará el dedo en alto
de esa mano pequeña,
tan parecida a la tuya.

 

PERSPECTIVA EN EL LINCOLN CENTER

a María Forno

María dice…
así mirá,
el lapicito,
aunque corto,
de cerca.

Cerrás un ojo,
y el lápiz es
del tamaño de una hamaca,
un edificio
la gruta de la escuela,
el empire state,
lejos,
la medida de todas las cosas.

Sacarle punta
es bueno
para cambiar
la mirada sobre
lo que parece
distancia.

Los ojos.
Lo que los ojos
no entienden es
la ilusión de sí mismos.

Dice
en las clases que existen
como constelaciones
círculos cromáticos,
tiras pegoteadas de témpera
que revelan
que del blanco
al negro
solo hay
valores.

Nada de lo que saben sus manos
con el lápiz pegado a la nariz
se parece a su ropa,
a su decir campero,
a su sensibilidad de pájara
que no pudo ver
las nuevas olas,
los colores juntos
en una bandera sin más orden
que otras perspectivas.

La gillette que eligió
no vio futuro,
ni este museo,
ni el color vivo de cada Modigliani.

Nosotras tampoco
entendimos
cuando nos dibujó
la línea
de otro horizonte.

 

IV. IN BED WITH CLONAZEPAM PRINCE

No hagas nada,
entonces,
si el insomnio te perturba.
Contar ovejas no es lo mismo
que narrar su tragedia.

Salirse de la vigilia
pagando con la moneda
acuñada en la certeza de que
la simpatía no importa
es crueldad animal.

¡Tomá tu pastilla!

Además, es mentira
que en Patagonia
las ovejas saltan los alambrados
del patrón
que duerme plácido
en esta ciudad donde Benetton
tiene sus acciones.

No debería dar nada a cambio
para abandonarme al sueño.
El trueque de ganado por perdida
puede vaciarte
en la ilusión de que vale
la pena
la lana
en tiempos de manta polar sintética
con aire acondicionado en cada cuarto.

¡Tomá tu pastilla!

Rumiar carencias,
sufrir el rito de la esquila en cualquier
tiempo
o el salto pre onírico
son, sin duda,
contrato leonino.

Balido que fallará absurdamente
acá y en cualquier lado
donde yo nunca puedo ser
parte del paisaje.

 

RUTA 237, EL CHOCÓN

Y yo caminé pensando que
la podía encontrar.

Turmalina verde o víbora.
La dejé, creí que volvería.

Pero
una vez se encuentra,
o dos,
y se piensa
que los mismos pasos pueden
coreografiarse,
sellarse
sin más esfuerzo
que la confianza
en lo inmutable.

Pero es una la que cambia
los pasos,
el foco,
la mirada.

Las huellas
se vuelven otras.
Se envuelven en la misma arena
que otra vez hubo de revelarlas.

Ese día y hoy
siento
que una piedra pulida,
color vidrio aceitado
tienen algo que decirme del mundo.

Ese día y hoy
olvido
que cuando el corazón
no puede captarse
ni en fotos,
sólo en la memoria
de los amigos
junto al fuego,
puede dibujarse una cartografía
casi cierta
que registra nuestro andar.

Y es ahí, donde distinta
siempre
hay que olfatear
cómo volver
para descubrirse
carbón o diamante.

(en La Causa de las Cosidas, Tanta Ceniza Editora, 2019)

Sección coordinada por Melisa Papillo (1984). Docente, poeta, librera y madre. Estudió Letras en la UBA y la Diplomatura en Literatura infantil y juvenil en la UNSAM.  Coordina y escribe en El Tresdé. Es fanática de las meriendas.

Fotografía Jésica Barneto. Nací en Buenos Aires, con espíritu curioso e inquieto, fui construyendo mi vínculo con la fotografía de manera amateur. Disfruto fotografiar momentos de contemplación y silencio, cuando la naturaleza habla por sí misma.

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