Un fin para las bibliotecas ingenuas

Entre las tortas de libros apilados en bibliotecas particulares, librerías y editoriales argentinas, me quedo con el dulce de leche bicentenario de las bibliotecas populares. Quizá usted tenga una biblioteca en la punta de la lengua, yo acá vengo a escribir sobre la que mejor conozco, mi favorita, la Biblioteca Popular del Barrio Carlos Gardel, de El Palomar.

Sobrevivientes a lo “Luna de Avellaneda” en las asambleas, pacientes de las crisis del capitalismo, a lo largo de décadas, estas casas comunitarias ordenan el archivo barrial, son salones de lectura de libros del siglo XXI, centros de estudio y conferencias, templos del préstamo gratuito de libros o con cuotas baratísimas, talleres de varios tipos, teatro, editoriales, sedes de FINES, centros de atención legal y psicológica, radios. Cumplen muchos otros propósitos y son espacios experimentales de acuerdo al barrio y sus socixs y usuarixs.

En la multiplicidad, prestemos atención al hecho de que las bibliotecas populares son muy distintas entre sí y que cada barrio tiene sus historias en el territorio simbólico asignado a las bibliotecas. En ellas hay tres figuras principales: la Comisión Directiva, lxs socixs (votantes de la CD) y lxs usuarixs, además, claro, del Estado. Salvo el de bibliotecarix y algunos subsidios específicos, la mayoría de los cargos no son remunerados por el Estado ni ninguna entidad, sino que son Ad honorem. Al entrar a una biblioteca, siempre es bueno preguntar: ¿Cómo y por qué se forman las Comisiones Directivas? ¿Hacen las asambleas?

52341769_2186393878340978_1012603192174706688_o
Murga en el Club Almafuerte (El Palomar) en un evento a beneficio de la Biblioteca Popular del Barrio Carlos Gardel

Es un hecho para quien pasó por una. Hay varias formas de entrar a una biblioteca popular y varias formas de no regresar nunca más a una biblioteca popular. ¿Por qué nunca más volver? ¿Por qué no dejar de ir? Una biblioteca no es solo un edificio, aunque, sí, a veces suele pasar que este edificio se convierte en un mausoleo lleno de murciélagos o un lugar que le teme al barrio donde está instalado por culpa de los prejuicios de almacén. Lo cierto es que, como pasa en cualquier lado, los clubes y linajes de la anti-cultura enmohecen los libros. Es importante saber que no es por culpa de la juventud, la política, las drogas o Internet que las bibliotecas se vacían, sino por la acción organizada de grupos que trabajan para adueñarse de las bibliotecas y cerrar sus puertas. ¡Hay bibliotecas de terror, muchas! En una biblioteca los libros pueden acumularse como se acumulan conocimientos y datos en un banco, aislados de quien los busca. Las Comisiones Directivas representan en estos casos las características de lo peor de nuestra sociedad: las mesas chicas, el neoliberalismo e incluso el terrorismo de Estado. Por eso, no todas las bibliotecas son iguales, porque siguen modelos o desmodelos diferentes. 

La baba de Sarmiento

Creada por Sarmiento a través de la Ley 419, hoy sabemos que la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares articuló una visión antes de nuestra independencia con el fin de vincular la iniciativa particular filantrópica con la colectiva moderna del siglo XIX. La idea era imitar a los países amados por Sarmiento. El resultado de esta Ley es imposible de no ver en la actualidad. Formó un sistema bicentenario de almacenamiento y divulgación de libros que toma la misma cara que otras instituciones en un barrio que también tiene plaza, iglesia, colegios, institutos.

La biblioteca popular está a lo largo de nuestro país para todas las edades de lxs argentinxs, desde las primeras hasta las últimas lecturas. Hay muchas, sí; sin embargo, nadie niega que hay que abrir más. ¿Dónde hacerlo? ¡Algunos barrios tienen varias bibliotecas populares, otros fueron relegados a no tener ninguna ni cerca! No se trata solo del dinero de un barrio que no hay en el otro. Como los barrios donde no llegan, las bibliotecas mismas crecieron con un archivo permitido y otro que quedó afuera, principalmente el archivo que está asociado a las personas con derechos vulnerados. Las bibliotecas populares captan y hacen las mentes de las casas alrededor. 

Cosas de estas pensábamos cuando bajamos a la tierra la Biblioteca Popular del Barrio Carlos Gardel. Resumiendo, tenía que ser una biblioteca con un archivo de nuestra cultura negada y, junto a lxs primerxs integrantes, elegimos el Barrio Carlos Gardel, donde ya se desarrollaban las actividades de Yo soy Gardel. Llamamos a Hernán Nemi, del proyecto Palabras del Alma, para que nos diera ideas para empezar. Decidimos poner nuestro primer enfoque en lxs niñxs y por eso, tenemos tantos libros buenísimos para ellxs (chequeen el catálogo). Al instalar nuestra biblioteca en un barrio donde para algunxs “hay que tirar una bomba”, creímos fundamental ser la biblioteca de la cultura que se pretende bombardear y no de la cultura que sobrevuela con sus bombas del ego. Fue un objetivo, en pleno macrismo, tomarnos de la mano y construir un refugio y abrir caminos entre las paredes. 

Una pasada por la Biblioteca Popular del Barrio Carlos Gardel

Martes de sol de invierno, que brilla y no da calor. Eso es mejor que la sombra. La luz solar nos espera al frente de la habitación de 3 x 3 mts que alquilamos para instalar la biblioteca. Mateamos y hablamos con Hugo o Fausto de política; ponemos en palabras lo que estamos viviendo con lxs compañerxs y la biblioteca. 

70253368_2327794000867631_1622907204438851584_o.jpg
El pibe costilla de Fausto Sosa, primer autor de la recién lanzada Editorial de la Biblioteca Popular del Barrio Carlos Gardel

Hablamos de “Lucas” (Lucas Ghi) o Axel Kicillof, de las primarias, de empezar la semana en un país que había votado en contra del macrismo. Los martes con Hugo y Fausto hacemos el día de lectura al aire libre y asociación, además de regalar libros en una mesa. También es el espacio de la editorial que hace mucho tiempo está empezando. Maquinamos la editorial con Fausto Sosa, el primer autor que publicamos. Mientras mateamos, pasan a preguntar niñxs, adultxs y también la gendarmería; como aquel gendarme que pidió uno de Sidney Sheldon.

La biblioteca abre los lunes (espacio Destejiendo el patriarcado), martes (editorial y asociación), miércoles (apoyo escolar) y sábados. Los fines de semana son particulares porque hacemos juntadas. Nos trajeron sus palabras Hebe Bonafini, Nora Cortiñas, Hugo Yasky, Martin y Hernán Sabbatella, Mónica Macha, Márgara Averbach, Ariel Prat, Hernán Nemi, Leandro Gabilondo, Giselle Aronson, Ignacio Molina, Alba Murúa, Belén Torras, Maximiliano Grah, La López, Pablo Melicchio, Daniel Cuzzolino y muchxs más.

70325971_2316120958701602_1890273733273190400_o
Visita de Nora Cortiñas en el lanzamiento de su libro El lado Norita de la vida.

De la mano de Mariano Spina, Leticia, Juanca Valdez, Natalia Lazarte (presidenta de la biblio y candidata a concejala por el Frente de Todxs Morón), Magalí Kiler, Faus, Pablo, Hugo, Azu, Iván, Camila, Romi, Alex, Cardo y muchxs otrxs se concreta la dulce realidad de la biblioteca. Hay varios propósitos propios, pero también continuamos el propósito de otras bibliotecas que nos precedieron. Sabemos que, si bien las bibliotecas fueron instauradas por Sarmiento, varios otros proyectos políticos, como el peronismo, el anarquismo, el camporismo, el alfonsinismo, el menemismo y el kirchnerismo desviaron el objetivo original a la hora de crear bibliotecas populares. 

Nosotrxs comenzamos con el kirchnerismo y, tras cuatro años de macrismo, somos un grupo que se une y turna para sostener los estantes que sostienen los libros. Si bien los actuales estatutos de las bibliotecas de la filantropía que inspiraron a Sarmiento sancionan la política partidaria, sabemos que donde hay una asociación civil, la política existe con sus partidos y coyunturas.

El voto en la Asamblea es fundamental para cada barrio. Esto no quiere decir que la biblioteca tiene que ser una unidad básica, ni un centro de adoctrinamiento o un kiosco de determinada persona. Paulo Freire en La importancia del acto de leer nos cuenta que es preciso hacer una revisión crítica de las bibliotecas cuando éstas funcionan de manera ingenua o astuta. La educación ingenua o astuta, como la biblioteca ingenua o astuta, está ligada a la búsqueda de una práctica neutra del acto de leer y escribir. La biblioteca popular no ingenua tiene una visión crítica del acto de leer y también de guardar libros. ¿Guardar libros para distribuirlos o para encanutarlos? ¿Qué libros y para quiénes los distribuyen?

En una biblioteca popular no ingenua, con una esperanza no ingenua, la práctica de la lectura es política y la política es una práctica educativa. Es una biblioteca atravesada por los debates que nos llevaron al presente y hacia el futuro de derechos y justicia que necesitamos. Si una biblioteca popular desea no ser una biblioteca ingenua, no les da sus llaves a los grupos racistas, machistas y xenófobos. De lo contrario, ésta sería un lugar desligado de nuestro contexto diverso y las personas que habitan alrededor de ese edificio tan dulce. Por eso, creo, para ensanchar todas las puertas, están las Bibliotecas Populares.

Texto: Rodrigo Arreyes. Es de El Palomar aunque también es bastante brasileño de San Pablo. Tiene dos hijxs, Andrés y Vera. Estudió Letras en la UBA y se dedica a la traducción hace diez años. Su licuado favorito es de mango.

Fotografías: Biblioteca Popular del Barrio Carlos Gardel.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: