La docencia, una profesión política

En el imaginario colectivo aún perdura el estereotipo de la tierna y dulce maestra Jacinta Pichimahuida, cuya  límpida blancura iba desde su rostro hasta el níveo delantal (siempre me intrigó cómo llegó a portar ese apellido). Esta imagen vino a reforzar o reflotar la idílica visión sarmientina de la profesión del maestro. Desde sus inicios, en la incipiente nación, Sarmiento, con su ley 1420, forjó un ser docente impoluto: la maestra estaba regida en su accionar integralmente, incluso fuera de la escuela; de manera que quedaba recluida, debiendo atenerse a restricciones mucho más severas que las que sometían al resto de las mujeres de la época (claro, también en este ámbito el patriarcado metió la cola).

Esa normalización que las maestras de mi generación llevamos grabadas en nuestro título docente “Maestra Normal Superior” habla de esa intención de formar en un único sentido, de una sola manera. Pero la práctica docente, afortunadamente, nos revela que no hay una sola forma de ser, estar y hacer en la escuela. Es por esto que propongo que pensemos la docencia como profesión y como acción política.

La docencia como profesión nos permite reconocernos como sujeto colectivo con derechos y obligaciones. Partimos sin duda de una vocación, un impulso individual que  nos llama a ser docentes, para luego afianzarla desde nuestro hacer diario con capacitación, profundización de saberes, desarrollo de teorías que dan reaseguro de éxito a nuestra labor. Profesionalidad que además impida que algún gobernante  se atreva a pensar, como hemos escuchado en estos aciagos tiempos neoliberales, en la posibilidad de reemplazar con voluntarixs a docentes que enseñan dignidad, cuando realizan un paro reclamando condiciones dignas de salario e infraestructura.

Por otra parte, es necesario reconocer la actividad docente como política; definiendo a la política como la capacidad de transformación social. Sin dudas, la institución escolar es el instrumento más directo, efectivo y abarcativo por su universalidad para transformar la sociedad. Tomar consciencia de que nuestro accionar es político en cuanto transformador  implica responsabilizarse de ello y actuar en consecuencia.

En ese sentido, es también indispensable interpretar cómo la política tiene total injerencia en la vida escolar. Las políticas de gobierno son las que deciden cuándo se crea o cierra una escuela, qué contenidos entrarán en el currículo y cuáles se descartarán, por mencionar algunos pocos ejemplos.

A pesar del descrédito que han intentado los distintos gobiernos neoliberales -como el desmantelamiento de la escuela técnica y el actual accionar del gobierno que ninguneó los conflictos docentes  hasta enlutar nuestras aulas-, la escuela y sus docentes mantienen el reconocimiento social. Indudablemente, ese reconocimiento tiene su anclaje en lo que incluye  la tarea docente y la función de la escuela que es mucho más que la trasmisión de saberes, muchísimo más que la socialización de niñxs y jóvenes, más que aprendizajes y enseñanzas.

La escuela es el lugar del amparo frente a muchas de las necesidades de lxs alumnxs y sus familias. Es alimento, es escucha y contención, es juego, es enfermería, es mirada atenta comprometida con el dolor.

Por eso, hoy debemos tener presente que honrar y celebrar nuestra tarea implica asumirnos como parte de este colectivo de trabajadorxs de la educación, responsabilizándonos de nuestra función transformadora y liberadora que impulsa el desarrollo de las personas en una sociedad justa, libre y soberana.

 

Texto: Alejandra Iris Laje Docente. Maestra “Normal” Superior. Técnica universitaria en Desarrollo Curricular (Untref). Estudió Administración y Gestión de Políticas Sociales y Ciencias de la Educación. Fue directora del Centro Educativo Comunitario y asesora pedagógica. Siempre de este lado de la grieta. Actualmente en retiro voluntario.

Fotografía: Leandro Crovetto. Nació en 1984. Es Diseñador de Imagen y Sonido, fotógrafo, editor y realizador audiovisual. Estudia Fotoperiodismo II y trabaja en su primer libro fotográfico “YVY, PACHA, ALWA, TIERRA. Territorio comunitario y el avance de los barrios privados”.

 

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