El bienestar ilegal

Vamos a hablar del uso medicinal del cannabis. En Argentina parece que hubo algunos avances parciales a partir de la ley promulgada en 2017, pero hay que asumir que en este proceso encaminado a favor de los derechos también hay bastante humareda, porque las posibilidades de conseguir el aceite como medicamento actualmente continúan sufriendo ciertas limitaciones, restricciones y condicionamientos.

Esta es la historia de Joaquín y su familia, un niño que padece un trastorno neurológico denominado síndrome de Tourette, que se manifiesta mediante circuitos eléctricos que recorren el cerebro disparando numerosos tics nerviosos de manera involuntaria y que afectan el desenvolvimiento cotidiano. En un principio, el grupo familiar intentó tratar al pequeño con medicamentos legales recetados por médicos, fabricados y distribuidos por laboratorios convencionales. Pero esos fármacos finalmente demostraron ser ineficientes y le provocaban numerosos efectos adversos que lo dejaban flácido como un muñeco de trapo, o le incrementaban la producción de baba o le dificultaban interactuar con los demás y le producían frustraciones. Era peor el remedio que la enfermedad. Sin embargo, más tarde, ante la continua ansiedad y preocupación por hallar otras alternativas capaces de aliviar el cuadro del pequeño, cuando Joaquín tenía cinco años se animaron a probar un tratamiento con aceite de cannabis. Enorme fue el alivio al descubrir su evidente eficacia para sobrellevar los numerosos tics nerviosos que padecía, las dificultades para conciliar el sueño más de cuatro o cinco horas, los trastornos obsesivo compulsivos y desequilibrios del ánimo. Para poder obtener el paliativo medicinal sin inconvenientes, investigaron cómo fabricarlo a partir de su extracción de la planta y comenzaron sin más a cultivar marihuana. Pero para no ser perseguidos ni allanados, ni atravesar contratiempos judiciales, en un principio lograron contar con el aval de la Justicia. En 2018, la jueza federal de Viedma Mirta Filipuzzi les otorgó un amparo que les permitía practicar el auto cultivo hasta que el Estado pudiera proveerles el aceite necesario.

Durante el tiempo que contaron con este resguardo, el tratamiento con aceite logró mejorar de manera notable la calidad de vida a Joaquín y permitió a la familia disfrutar de cierta calma al saberse contenida por esa protección legal.

Pero sorpresivamente en el mes de mayo de 2019 la Justicia revocó el fallo que los autorizaba a cultivar con fines medicinales, situándolos de pronto en una figura delincuencial y caratulando el cultivo que practicaban como una actividad clandestina e ilegal penada por la Ley de Estupefacientes, igualando la situación que atraviesa la familia a la realidad de un narco que trafica y comercializa drogas prohibidas. Fue la Cámara Federal de General Roca la que derogó la medida cautelar, interrumpiendo así los derechos conquistados y rompiendo de este modo el equilibrio que la familia había conseguido al hallar en ese tratamiento una solución alentadora a las dificultades que atravesaban.

Desde Imaginación es poder, programa radial que se emite de lunes a viernes de 14 a 16 hs por FM en Tránsito (93.9 MHz), hablamos con María Eugenia Sar, la abuela de Joaquín. En la entrevista nos contó sobre la lucha legal que la familia sostiene con los tribunales de Río Negro para lograr el permiso que la habilite a plantar el cannabis necesario para realizar el aceite.

Entre los detalles más llamativos de su testimonio, María Eugenia revela que antes de todo este proceso, para ella la marihuana era una droga, y que para utilizarla tuvieron que superar varios miedos y prejuicios hasta caer en la cuenta de que el cannabis en realidad es una planta natural con numerosas propiedades, y que la verdadera droga es la sustancia que nos venden en la farmacia, cargada de contraindicaciones desfavorables que complicaban más de lo que ayudaban.

Luego de toda esta experiencia cuenta que lograron cambiar la mirada estigmatizada y sesgada que existe sobre esta planta a partir de la influencia negativa que los grandes medios han ejercido sobre la opinión pública, cuando en realidad es una planta natural que tiene múltiples usos.

“Uno ahora se da cuenta que se trata de una planta inofensiva y a la vez tan noble y solidaria, y que toda su prohibición y el tabú que gira en torno a ella tienen que ver con intereses económicos. No hay otro modo de verlo. Porque ya es tan legítimo su uso y son tan evidentes sus beneficios. Gran cantidad de familias lo usan para sobrellevar trastornos, enfermedades, síntomas, padecimientos, cuadros difíciles que se han logrado manejar favorablemente. Lo que falta es que el Estado lo legalice”, sostiene convencida la abuela.

María Eugenia revela que uno de los argumentos que presentó la Secretaría de Salud para revocar el fallo contra la familia es que no existen evidencias suficientes que avalen que esa medicación con cannabis es la adecuada para el tratamiento de la enfermedad que tiene el niño. “Desde la Secretaría piden evidencias. Y la evidencia es Joaquín”. Ahora, la familia se encuentra forzada a cultivar en la clandestinidad, dado que la Ley de Cannabis Medicinal no garantiza la provisión de aceite y, sin moverse un centímetro de la formalidad legal que establece la Ley de Drogas, no reguló el autocultivo ni contempló las necesidades de los usuarios de aceite de cannabis.

“Nosotros vamos a seguir cultivando de todos modos. No le vamos a interrumpir el tratamiento a Joaquín”, afirma convencida la entrevistada. Mientras tanto, la familia ha solicitado al Estado Nacional que le provea el aceite sin cargo. “Sabemos que no van a hacerlo y vamos a demostrar que la salida es la posibilidad de que podamos cultivar”.

“Nosotros seguiremos apelando este fallo injusto, porque en definitiva la gravedad de lo que resolvió la Cámara es que pone en riesgo la salud de mi nieto. Y eso es algo que de ninguna manera vamos a permitir que suceda”.

Así habla quien no se detiene en la lucha por conquistar los derechos que le corresponden.

Así habla quien sabe luchar por el bienestar de su gente. Un bienestar ilegal para quienes legislan. Un bienestar clandestino.

Montesquieu fue uno de los más célebres teóricos sobre el contrato social, uno de los más destacados pensadores que en el siglo XVIII aportó ideas fundamentales para la construcción de una sociedad pacífica capaz de garantizar una convivencia legítima entre los seres humanos. En 1748, en su más famosa obra titulada El espíritu de las leyes, afirmó que algo no es precisamente justo por el hecho de ser ley, sino que necesariamente debe ser ley porque representa un hecho justo.

Esperemos que los legisladores vuelvan a las fuentes y se enteren de que 271 años después, el espíritu de las leyes es acá en Argentina apenas el bosquejo de un vergonzoso fantasma.

 

Por Martín Flores. Alguna vez asistió a una universidad que ya no recuerda. Su más seria formación fue en bares, plazas y trenes. Realiza ocasionalmente actividades vinculadas al periodismo y la literatura. Pero ante todo, cree en la poesía, porque es capaz de revelarnos esa clara certeza sobre lo único que somos: un vulnerable y precario animal que sueña.

 

Fotografía extraída de rionegro.com.ar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: