“La imagen que tengo de Bolsonaro es la de un torturador”, afirma Rosalina Santa Cruz, hermana del desaparecido insultado por Bolsonaro

Profesora de la Universidad Pontificia Católica de São Paulo y hermana de Fernando Santa Cruz, ex-militante de la oposición a la dictadura empresarial-militar brasileña, reconocido como desaparecido por el Estado brasileño y atacado por el presidente Jair Bolsonaro, Rosalina Santa Cruz compara la postura del jefe de Estado con la de los torturadores del régimen en los cuarteles.

A continuación presentamos una entrevista exclusiva de Sintrajud, ahora traducida para El Tresdé, en la que Rosalina Santa Cruz habla sobre la más reciente crisis institucional iniciada esta semana debido a las declaraciones del presidente Jair Bolsonaro sobre el asesinato de su hermano, el militante Fernando Santa Cruz. Luego de que el presidente de la República declarara que sabía cómo Fernando fue asesinado y cómo lo desaparecieron, entidades de la sociedad civil, instituciones del Estado brasileño y partidos, además de la familia, le exigen explicaciones.

Doce ex presidentes del Colegio de Abogados de Brasil (OAB) y el actual presidente de la institución, Felipe Santa Cruz, hijo de Fernando y sobrino de Rosalina, firmaron una interpelación al presidente, presentada ayer en la Corte Suprema Federal. El jueves 1º de agosto el ministro Luís Roberto Barroso realizó el despacho que le otorga al presidente de la República el plazo de 15 días “para, por voluntad propia, presentar una respuesta a la presente interpelación”. Si Bolsonaro no se manifiesta al respecto, será formalmente denunciado por crimen de responsabilidad (acción ilícita cometida por un agente público, según la Ley brasileña).

Además, la familia de Fernando analiza la posibilidad de presentarse en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en caso de que el Estado brasileño no cumpla con su obligación constitucional y no aplique a Bolsonaro la responsabilidad por su declaración, que configura un crimen de complicidad.

En una nota divulgada el día 29, la Procuraduría Federal de los Derechos del Ciudadano del Ministerio Público Federal destacó que “la responsabilidad del cargo que ocupa le impone al Presidente de la República el deber de revelar sus eventuales fuentes que le permiten contradecir documentos e informes legítimos y oficiales sobre los graves crímenes cometidos por el régimen dictatorial. Esta responsabilidad adquiere aún más relevancia en el caso de Fernando Santa Cruz, pues el presidente afirma contar con informaciones sobre un crimen internacional que por derecho se considera en curso.”

Las declaraciones de Bolsonaro son aún más graves porque el día 24 de julio, bajo su gobierno, la Comisión de Muertos y Desaparecidos (órgano vinculado al gobierno) emitió un certificado de defunción que define que la causa de muerte es violencia “causada por el Estado brasileño, en el contexto de la persecución sistemática y generalizada de la población identificada como opositora al régimen dictatorial de 1964 a 1985” (ver la imagen del certificado al final de la entrevista). Como castigo, el 1 de agosto, el gobierno publicó en el Diario Oficial el cambio de cuatro nombres de integrantes de la Comisión de la Verdad, estableciendo una mayoría de militares y afiliados a su propio partido, el PSL. Al respecto, el presidente brasileño se burló una vez más de las instituciones y afirmó que el motivo del cambio es porque “de hecho, su gobierno es un gobierno de derecha”. A pesar de sus burlas, este 6 de agosto el Consejo Superior del Ministerio Público Federal rechazó el pedido de Bolsonaro de incorporar en la Comisión de Muertos y Desaparecidos a su aliado Ailton Benedito, defensor del Golpe de Estado del 64.

Elevando el fascismo a niveles insólitos, el lunes 8 de agosto Bolsonaro homenajeó al Coronel Ustra en el Planalto con la presencia de su viuda, Maria Joseíta Silva Brilhante Ustra, de quien dijo estar “enamorado”. Mal señalado en varios medios argentinos como “el torturador de Dilma” (según Dilma, su torturador fue Maurício Lopes Lima), Ustra fue uno de los principales coordinadores de la tortura de Brasil, incluyendo a niños entre las víctimas de su propia mano.

Sintrajud – Su familia acudirá a la Corte Suprema (STF) para que se responsabilice a Bolsonaro, sin embargo recientemente el Presidente de la Corte anunció un “pacto” con el Ejecutivo y el Legislativo para promover lo que considera las reformas necesarias para el país y afirmó que la dictadura empresarial-militar se trató de un “movimiento”. ¿Cuáles son las expectativas en relación al papel del Poder Judicial en este proceso que están empezando?

Bueno, no tengo ninguna evaluación que me permita afirmar que lograremos una respuesta positiva para nosotros y los sectores progresistas en general, considerando este momento político, pero sí creo que tenemos que llevar adelante este pedido de respuesta. Nosotros junto a la sociedad. No solo ante la Corte Suprema, sino también ante la Cámara de Diputados, donde constitucionalmente se recibe el pedido de destitución, como vimos en la votación del impeachment de Dilma, a pesar de que conocemos la correlación de fuerzas políticas. Nuestra representación federal es muy mala, nos da vergüenza la forma en que llegamos al avance de esta derecha, pero creo que como sociedad (porque nosotros, como familia, no contamos con esos recursos) debemos alcanzar todas las instancias para mostrar lo que está pasando en Brasil. La actitud del presidente Bolsonaro repercute internacionalmente. Y considero que los elogios de Trump son fruto del desgaste que el gobierno enfrenta hoy en día. El caso de Fernando nos permite dimensionar que la sociedad ya no acepta esto, pues hubo manifestaciones en contra en todos los sectores.

De los más variados colores ideológicos…

Sí. Incluso el Gobernador de São Paulo largó una nota de inmediato, más allá de su apoyo y las relaciones que tenga con Bolsonaro, también GloboNews presentó una posición que me sorprendió, progresista y humana. Porque la cuestión de Fernando no es solo suya: cuando hablamos de él, alcanzamos a cada uno de nuestros desaparecidos, y hablamos de la amnistía, aquello que se comprobó con documentos oficiales de un golpe de Estado en Brasil. Y Bolsonaro hace eso, se postula a favor de la tortura, conmemora el golpe de Estado como si fuera una revolución. Todo lo que está haciendo es una falta de respeto a las posiciones del Estado brasileño.

Él permanentemente busca desmoralizar al Estado, no solo a los muertos y desaparecidos. Ir a una peluquería para tratar un tema como este, ridiculizar una cuestión tan importante, que nos alcanza a todos, luego de 40 años de lucha, de llegar a todas las instancias para probar que Fernando fue asesinado por la dictadura. Quiero decir, grabarse en una peluquería para decir que Fernando fue asesinado por compañeros es algo absurdo, de una vileza sin precedentes. Y, siendo un presidente de la República, es inaceptable que diga y reafirme tales cosas. Cuando dice que la Comisión de la Verdad es un “verso” y todas esas entrevistas en tono coloquial, saliendo de casa, en una peluquería, en un bar, riéndose, como si fuera un tema cualquiera, es una falta de respeto al Estado y a su posición como presidente. Nunca vi algo tan grotesco. Nos lleva a una situación de vergüenza frente a los demás países.

Por eso, creo que la Corte Suprema responderá a nuestro pedido, no estará solo en manos de la sociedad. Todos los diarios hablan del tema en la primera página, con una posición que no tuvimos ni con la muerte de [Vladimir] Herzog. La sociedad ya no aguanta semejante falta de respeto.

Sí. Por otro lado, Brasil ya fue condenado dos veces por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por negligencia en la responsabilización de los torturadores y agentes criminales de la dictadura, y hasta el momento la Corte Suprema no asumió la responsabilidad demandada por la Corte Internacional. ¿Cómo esto impacta en la postura de que se trata de un crimen de parte del presidente de la República?

Bueno, evaluamos la posibilidad de presentarnos ante la Corte Internacional de Derechos Humanos porque llevamos adelante un proceso sobre el caso de Fernando y Eduardo [Collier Filho, amigo con quien Fernando debía encontrarse cuando fue preso], de 1975. Cuando lo buscábamos, le solicitamos a la Corte que pidiera informaciones a Brasil. Y la corte lo hizo. Entonces Brasil respondió que no tenía informaciones respecto a la prisión. Con la creación de la Comisión de la Verdad reabrimos este proceso incluyendo la prueba de que la dictadura había mentido. Y ahora accionaremos en la Corte Internacional de DDHH, informando que tenemos un hecho nuevo que es esta declaración de Bolsonaro, y que Brasil sigue sin tomar las medidas que esperábamos con relación a Araguaia y los demás muertos y desaparecidos, y por la solicitud individual sobre Fernando. Otra cosa que pensamos hacer es recurrir a Amnistía Internacional, donde también presentamos un pedido de informaciones para que nos den respuestas, incluso nos dirigimos a diarios fuera de Brasil que hablaron sobre el tema, como el ‘The New York Times’ y el ‘El País’, a modo de denuncia de la situación a fin de que se tomen medidas.

Porque él se siente un dictador que puede hacer lo que quiere. Más que un dictador, de hecho. Un emperador. Parece capaz de hacer cualquier cosa, que es dueño de Brasil y que las instituciones no existen, no las respeta. No tenemos que tolerar esto.

Recientemente en una entrevista dije que le tengo miedo porque parece un psicópata. En él hay odio, falta de límites.

Ese es otro tema. Tu sobrino, Felipe, afirmó que el presidente no acepta la posición democrática de la OAB. En un documental sobre los 25 años de la muerte de Fernando vos afirmás algo parecido sobre los torturadores que te atacaron, sobre el placer que sentían porque estaban controlando cuerpos rebelados. ¿Qué semejanzas ves hoy con aquella época, considerando que, supuestamente, estamos en democracia?

A veces tengo la misma sensación de tortura y, cuando te están torturando, el sentimiento más fuerte es la sensación de impotencia. Saber que aquella monstruosidad allí parada es un fantoche, que está enfermo, pero una está en una situación de impotencia, porque el monstruo está allí controlando todo tu cuerpo, tu alma. Me acuerdo de un torturador que, cuando estaba despedazada por el dolor y le pedí que me matara, me dijo con la misma mirada que Bolsonaro dice las locuras que dice: “Yo te mato si quiero y cuando quiera”, “te voy a hacer pedacitos”. Y eso era mi verdad absoluta. Es el sentimiento de impotencia ante el “yo hago lo que quiero”.

Y eso es lo que Bolsonaro le dice al país: “Yo hago lo que quiero, si quiero enfrento a las instituciones, miento, hago lo que quiera y cuando quiera”. Esa es la imagen que tengo hoy de Bolsonaro, que él cree que puede hacer eso con nuestro país. El torturador me lo decía a mí y él ahora se lo dice a Brasil. Sin embargo, ¡no lo hará! Es necesario ponerle un freno. Es necesario saber que no tiene ese poder absoluto sobre nosotros, sobre el país.

Lo que afirma sobre la población negra, sobre las personas pobres, sobre la diversidad sexual, es un absurdo, una cosa que realmente excede todos los límites. ¡¿Un presidente que dice que prefiere tener un hijo muerto antes que tener un hijo gay?! Tiene que haber un impeachment de inmediato. No tenemos que aceptar tanta vergüenza mundial. Él quería ser Trump, pero lo superó. Yo evalúo que, excepto su base, que son los que con él hablan, esta postura explica la pérdida de apoyo que tuvo en estos siete meses de gobierno, que fueron un balde de agua fría en quien creyó que modificaría su forma de actuar. Y lo que viene más adelante no lo sabemos, como ya lo demuestra la Reforma Previsional.

El caso de Fernando, tomando un tema de derechos humanos y mezclando lo público con lo privado, como dice Felipe, para usarlo en una polémica con un adversario, recurriendo al asesinato de su padre, que murió cuando Felipe tenía dos años de edad, e intentar así desmoralizarlo, es algo nunca antes visto. ¿Alguien que hace esto puede ocupar el cargo que ocupa? No está hablando en el café de la esquina, es el presidente de la República.

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Texto original: Luciana Araujo. Publicado el 1 de agosto de 2019 en Sintrajud.

Traducción al español: Rodrigo Arreyes.

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