Un “voluntariado” para lavarle la cara a la exclusión

Hace unos días el gobierno creó el Servicio Cívico Voluntario en Valores mediante una resolución del Ministerio de Seguridad de la Nación. El mismo, que estará a cargo de la gendarmería y será destinado a jóvenes de entre 16 y 20 años se llevará a cabo en los establecimientos como el Comando de Región I “Campo de Mayo”, Provincia de Buenos Aires; Instituto de Capacitación Especializada “Cabo Juan Adolfo Romero”, ciudad de Mercedes, provincia de Buenos Aires; escuela de Suboficiales “Cabo Raúl Remberto Cuello”, en Jesús María, Córdoba; Escuadrón N° 34 “Cabo Primero Marciano Verón”, San Carlos de Bariloche, Provincia de Río Negro; y Casa de Retiro Cura Brochero, Barrio La Bastilla, González Catán. Los debates y preocupaciones al respecto deben permitir comprender lo mejor posible sus objetivos.

No sorprende para nada, a esta altura, la reivindicación constante que realiza el gobierno y en particular la Ministra Patricia Bullrich del rol de las fuerzas de seguridad y sobre todo de la gendarmería: “es la institución más valorada de nuestro país. La número uno. Mucho más que cualquier otra, que la educación pública, que la iglesia y ni que hablar de la política”, declaró la funcionaria durante la semana pasada.

En medio de una campaña electoral que se irá reforzando los próximos días, en un contexto en el que la pobreza alcanza el 35%, une de cada dos niñes es pobre y más de dos de cada 10 jóvenes padece la desocupación (según el INDEC), Cambiemos lanza este “voluntariado”. Es realmente una ironía. Sin embargo, se puede interpretar esto o bien como algo que no encontrará asidero y apoyo en nuestra sociedad, o bien como un nuevo intento de captar la atención, la adhesión (y los votos) de ciertos sectores.

Palabras que intentan endulzar

Por un lado, el gobierno establece esta reivindicación de la gendarmería para dirigirse a quienes creen que los problemas de inseguridad se resuelven con más mano dura y, por lo tanto, también a través de los “valores” que pueden impartir quienes están autorizades explícitamente para ejercerla. Pero a su vez, también se pone de manifiesto un supuesto “rol social” de la misma, que según el gobierno “viene desarrollando importantes iniciativas de cooperación con la comunidad”. Por lo que se busca mostrar una cara “diferente” a la de la represión que muches pueden asociar a las fuerzas armadas.

La Gendarmería como institución es una sola y está siendo cuestionada desde distintos espacios, sobre todo de Derechos Humanos, por perseguir y detener pibes en los barrios, violentarlos, reprimir y realizar actos gravísimos como fue la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado. Sin embargo, no se puede dar por sentado que estos cuestionamientos logren contrarrestar fácilmente los efectos que busca generar Cambiemos con esta resolución.

Al respecto y a través de la Ministra de Seguridad, el gobierno nos dice que “el objetivo es ofrecer una salida a quienes necesitan una posibilidad de salir de la idea de que no van a hacer nada, de que no tienen nada para hacer y de que el futuro será un vacío”. Según ella, “van a aprender una cantidad de cosas a las que hoy en día no tienen acceso, como manejo de drones, cantar una canción patria, saludar a la bandera, tener contacto con animales para bajar los niveles de violencia”.

De la mano de ello y según lo publicado en el Boletín Oficial, “El SERVICIO CÍVICO VOLUNTARIO EN VALORES nace como una herramienta para brindar oportunidades de formación a los jóvenes a través de los valores democráticos y republicanos, que suponen compromiso cívico para que conozcan sus derechos y sus responsabilidades, sus capacidades y potencialidades personales, el sentido del deber, la capacitación en nuevas destrezas y habilidades, el compromiso con el bien común y el estímulo a capacitarse continuamente, como herramientas para fortalecer su propia valoración, como personas capaces de generar un impacto positivo en su comunidad”. Entonces, es necesario reconocer en primera instancia que, estas palabras, pueden “sonar bien” y ya no solamente para aquellos núcleos más reaccionarios de la sociedad. Hablar de una propuesta para la juventud, de “valores”, “compromiso con el bien común”, “reconocimiento de derechos y responsabilidades”, son recursos que lamentablemente pueden tener un alcance positivo mayor al imaginado. Mientras que los últimos casi cuatro años las escuelas públicas, las becas Progresar, el plan FinEs, los clubes de barrio, los espacios culturales, fueron desplazados y vaciados casi por completo, diversos sectores siguen convencidos de que la culpa es del gobierno anterior, de les docentes y sus gremios. Sin embargo y pese al aparente desconocimiento de Bullrich cuando hace referencia a que su voluntariado está dirigido a jóvenes “Ni-Ni”, muchos de estos lugares son los que siguen brindando, como pueden, contención para las realidades más vulneradas. La Ministra parece saber poco (o al menos lo disimula muy bien) acerca del trabajo a pulmón que se hace todos los días para afrontar la crisis, ya que en lugar de reconocer eso, decide lanzar la institucionalización de esta especie de disciplinamiento por parte de una fuerza cuyo rol es y debería ser otro.

Una y otra vez, la vulneración de la juventud

La juventud fue siempre estigmatizada en los peores momentos de la historia. Pasó con el sistema represivo de las dictaduras, durante los 90, y hoy se vuelve a intentar ubicarla bajo ese desprecio y subestimación que la responsabiliza de su propia situación. Eso es lo que representa el calificativo “ni estudian ni trabajan”, si además le sumamos la cultura de la meritocracia que quienes gobiernan vienen instalando desde la primera hora.

Una de las críticas a este proyecto, por supuesto, tiene que poner sobre la mesa que la educación para la juventud debe desarrollarse fundamentalmente en las escuelas, sobre todo públicas. Escuelas que justamente el gobierno ha desfinanciado, a las que les niñes y adolescentes concurren básicamente para obtener su plato del día y en dónde les docentes se encuentran trabajando de forma más precaria que nunca.

Otra crítica debe centrarse también en el desempleo y la pobreza que alcanza a millones de jóvenes que no pueden solventar su vida cotidiana y menos proyectarse un futuro. Quiénes tienen mejor “calificación” y tienen empleo son sometides a la flexibilidad extrema, a los contratos informales (en negro, mediante pasantías, etc.) y las chances de mejorar esto son escasas, ya que la demanda de trabajo se acrecienta. Quienes no disponen de esas posibilidades entran en un círculo en el que por no tener acceso a la educación y la salud obtienen los peores trabajos o directamente se encuentran en la indigencia.

De esta manera, la exclusión respecto a derechos básicos desde la niñez condiciona a les jóvenes a no obtener un trabajo digno, y el no obtener trabajo les sigue impidiendo el acceso a otros derechos. Hoy, la mayoría se encuentra sin poder planificar su vida en base a sus habilidades personales, su entorno familiar y geográfico, sus deseos. Sin embargo, les que no tienen educación y trabajo son livianamente y nuevamente (como en las peores épocas pasadas) calificades de “jóvenes Ni-Ni”. Como si fueran elles quienes eligen ese destino.

Si verdaderamente se atendiera lo que pasa con la niñez, la adolescencia y la juventud en Argentina, jamás podría proponerse tamaño disparate desde el Ministerio de Seguridad. Tan sólo por poner un ejemplo que representa una de las peores realidades, una gran parte de les “Ni-Ni” está dentro de las más de 300 niñas y adolescentes menores de 19 años que por día se convierten en madres, según datos de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM). El 70% de esos embarazos son no deseados, ya sea por haber sufrido violaciones, por estar conviviendo con violentos, o por no acceder a la Educación Sexual Integral que a Cambiemos poco parece importarle. Para esta juventud ¿cuál es el programa que proponen?

Estas son, como tantas otras, las realidades que dejan en evidencia lo irrisorio de este proyecto y sus argumentos para desarrollarlo. Es fundamental no solamente cuestionar las “palabras bonitas” de la Ministra y el lugar supremo que se le da a una fuerza represiva. Se debe cuestionar también fuertemente el estigma sobre la juventud que no necesita ser “voluntaria” de ningún “servicio” para obtener valores. Los mejores valores están ya presentes y son los que afloran cuando un gobierno, un Estado y una sociedad ofrecen certidumbre y un porvenir digno para sus jóvenes.

Texto: Mariela Di Francesco. Comunicadora Social, Referenta de Nueva Mayoría en el Frente Patria Grande y Mala Junta-Poder Feminista en Tres de febrero.

Imagen: Adrián Escandar, tomada de Jujuy Online.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: