Justicia por Diego Cagliero: una comunidad levantada contra la impunidad y el abuso de poder

En un gravísimo caso de violencia policial, el 19 de mayo fue fusilado Diego Cagliero en las calles de Martín Coronado. Diego era un pibe de barrio que hacía música, un loco lindo que escribía, componía y cantaba en la banda Payaso Ortopedia. Un pibe que estaba por ser papá, que tenía una familia. Sensible, solidario ante los problemas del otro, arraigado a la identidad del conurbano bonaerense, querido y respetado por la gente de la comunidad. Ese pibe ya no está. Le arrebataron la vida con un frío asesinato que deja un vacío interminable.

Algunos de sus amigos más cercanos estuvieron en FM En Tránsito, en el programa en Imaginación es poder (lunes a viernes de 14 a 16 hs), y contaron la historia que dejó a Diego asesinado y el después de más injusticias y de lucha.  Joaquín, Juan y Nacho, sus amigos, consternados pero fuertes, tristes pero combativos, dolidos pero en pie, narraron cómo sucedieron los acontecimientos y quién era este entrañable compañero, para muchos un referente por su nobleza y generosidad. Piden justicia y el esclarecimiento de los hechos. Justicia ante el abuso de autoridad y la impunidad del crimen. Justicia ante otra ausencia que provoca el gatillo fácil. Otro desgarro, otro dolor en los barrios por el accionar abusivo de una institución que debiera cuidar a lxs pibxs que persigue y mata.

En el programa, contaron que aquel día aciago venían del cementerio de Pablo Podestá. Volvían de despedir a otro amigo muy querido que había fallecido el viernes anterior. Estaban en la plaza donde suelen juntarse y ante la tardanza de los otros chicos, entre quienes se encontraba Diego, comenzaron a impacientarse. De pronto, un vecino se acercó y les contó que había habido un incidente con una camioneta en la avenida Márquez. Entonces, uno de ellos (Nacho) fue con la moto y cuando se encontraron con los hechos, la Policía dio mil vueltas para informar sobre lo que había sucedido. Al rato, se enteraron que Diego había sido asesinado. La impotencia era infinita.

De regreso del cementerio, habían juntado algo de plata para cocinar unas hamburguesas. Algunos fueron al supermercado Día de Martín Coronado. Aparentemente, allí hubo un altercado con uno de los empleados, porque supuestamente uno de los chicos había querido llevarse algo sin pagar. Ese incidente se resolvió allí y los pibes se fueron. Pasaron por la casa de otros amigos y cuando estaban volviendo, los comenzaron a seguir con las cámaras de seguridad porque se había hecho una denuncia desde el supermercado. En ese recorrido, pasaron por la puerta de la comisaría con total inocencia y tranquilidad, sin imaginarse lo que iba a suceder.

Sin dar la voz de alto, la Policía los emboscó. Se metieron dos camionetas de contramano, el vehículo donde iban los amigos estacionó y los uniformados dispararon catorce veces de manera indiscriminada. Catorce balas para matar. Una de ella impactó en la nuca de Diego.

Los otros siete acompañantes están vivos de milagro. El conductor todavía está preso. La Policía plantó dos armas y los instantes posteriores a la emboscada no aparecen registrados como prueba por las cámaras de seguridad. Cinco amigos más están imputados. Una situación horrenda y desastrosa. Una familia y una comunidad destruida por el brutal atropello de quienes formalmente debieran garantizar nuestra seguridad.

La versión policial habló de un asalto comando y de una fuga con tiroteo. Pero ante este burdo montaje, no tardó en llegar la respuesta de lxs vecinxs. Un numeroso grupo de personas del barrio comenzó a juntarse cada semana para pedir justicia y exigir el inmediato esclarecimiento de los hechos. Destacaban la negligencia de los medios de comunicación, que reproducen el relato policial sin constatar ninguna información, y estigmatizan a lxs más jóvenes desde el prejuicio frívolo y superficial.

Por otra parte, el intendente de Tres de Febrero, Diego Valenzuela, con el objetivo de resguardarse, adoptó una actitud encubridora y salió a vanagloriarse de estos acontecimientos, como si se tratara de un logro conseguido por las fuerzas de seguridad. Un hombre que viene del periodismo y de las ciencias sociales, protegiendo el abuso policial, desentendido del dolor. Gracias a la reacción de la gente, muchos medios se retractaron, pero el intendente no se disculpó públicamente, aunque sí había señalado abiertamente a Diego, en una evidente y burda acción de propaganda.

Este gravísimo caso de violencia policial desnuda los macabros engranajes de una maquinaria perversa aceitada para la represión, la impunidad y el miedo, donde la Policía, la Justicia y los medios masivos de comunicación se confabulan para manipular la causa y construyen un relato encubridor que criminaliza a las víctimas y protege a los victimarios.

Pero el hormiguero siguió agitado. Amigxs y familiares continuaron juntándose y siguieron moviendo a un barrio furioso e indignado. Realizaron diferentes manifestaciones pacíficas para difundir información y concientizar sobre la situación. Y esta reacción de lxs vecinxs ejerció la presión necesaria para que la Justicia desafectara de la Fuerza y detuviera al oficial Rodrigo Canstatt y al oficial subinspector Sergio Darío Montenegro, ambos pertenecientes al Comando de Patrullas de Tres de Febrero, por considerarlos sospechosos de haber actuado como asesinos y no como policías. El primero está imputado por el delito de homicidio agravado, ya que las pericias demostraron que las balas salidas de su arma fueron las que mataron a Diego. Y por su parte, el oficial subinspector Montenegro, de 34 años y con 11 de antigüedad en la Bonaerense, está acusado de homicidio agravado en grado de tentativa porque los análisis del episodio determinaron que los proyectiles que él disparó durante la persecución hirieron al joven Mauro Tedesco, que también estaba en el interior de la camioneta emboscada por los policías.

La fiscal Gabriela Disnan, encargada de investigar los hechos sucedidos el 19 de mayo, consideró que ambos oficiales actuaron “con conocimiento y previsión del resultado que su accionar podía provocar en los ocupantes del rodado” y que, de todas maneras, dispararon sin contemplaciones. La investigación también demostró que los jóvenes acorralados no efectuaron disparos. Se comprobó que las armas halladas en el vehículo donde iban no fueron utilizadas y se presume que fueron plantadas por los policías cuando notaron que efectivamente no se trataba de un grupo de delincuentes.

Las actividades por la justicia y la memoria continúan incansablemente. El sábado 22 de junio se desarrolló el Festival por Diego Cagliero frente a la estación de Martín Coronado, donde se realizó un mural en la llamada ASO (Asociación de Fomento) y donde también funciona la escuela en la cual Diego había terminado el secundario con su papá. Además, tocaron bandas amigas que solían compartir escenario con Payaso Ortopedia, se escucharon las voces de su mamá, su hermana y amigxs de la vida, en lo que fue un potente y emocionante duelo colectivo.

Para los próximos días, familiares, amigxs y vecinxs tienen un cronograma de actividades para seguir pidiendo justicia y exigir tanto el esclarecimiento del crimen, como la liberación del amigo que todavía se encuentra injustamente detenido. El 16 de julio, marcharán a los Tribunales de San Martín y el 26, se realizará un festival en conmemoración por el cumpleaños de Diego.

Ese pibe que ya no está. A ese pibe de barrio lo mató la policía; pero, al matarlo, hizo brotar a otrxs tantxs que empiezan a aprender el valor inquebrantable de toda una comunidad que lucha por la justicia y la memoria.

Entrevista radial: Diego Eiras. Comunicador en Memoria de Elefante (Miércoles 22 hs- Fm En Tránsito) y en Imaginación es Poder (Lunes a Viernes – 14:00 a 16:00 hs – Fm En Tránsito 93.9).

Crónica: Martín Flores. Alguna vez asistió a una universidad que ya no recuerda. Su más seria formación fue en bares, plazas y trenes. Realiza ocasionalmente actividades vinculadas al periodismo y la literatura. Pero ante todo, cree en la poesía, porque es capaz de revelarnos esa clara certeza sobre lo único que somos: un vulnerable y precario animal que sueña.

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