Reflexiones sobre la incertidumbre de los dueños

Todo gobierno sostiene y expresa un relato, es decir, una forma de referirse al pasado estableciendo una conexión con el consecuente presente y justificando, de alguna manera, las decisiones tomadas en vistas al porvenir; y la alianza Cambiemos no representa la excepción.

¿Cuál es la base fundamental que sustenta el relato oficial? Establecer responsabilidades, culpas, malas praxis políticas y otras yerbas por fuera de la actual administración. Podría ser entendible al inicio de una gestión, pero se repite firmemente ya casi llegando al final de un mandato donde la realidad expresa a gritos el deterioro general del país en la mayoría de sus aspectos como consecuencia directa de un modelo de exclusión, recesión y colonialismo neoliberal. Y aún aparece algo más preocupante que la realidad existente: la naturalización de la misma por parte de la ciudadanía, ¿habremos perdido como sociedad nuestra capacidad para el asombro, paso previo y fundamental para el cuestionamiento y la protesta?

El relato tuvo inicio, como recordarán, con el planteo de “la herencia recibida”. El último capítulo de esta saga se ha puesto de manifiesto meses atrás haciendo hincapié en “la decadencia”, “la fiesta”, “los errores cometidos”…”en los últimos 70 años”. Todo funcionario, empezando por el propio Presidente, que aparece en tal o cual medio hegemónico de comunicación, donde generalmente no se repregunta y en forma permanente se sirven en bandeja cuestiones que se responden con argumentos ensayados, se las arregla para converger en los tan mentados “últimos 70 años”.

¿A qué apunta esta referencia? A ver, 2019-70=1949. Nos situamos en el tercer año del primer mandato de Juan Perón. Entonces, ¿pretende el relato expresar que a partir del tercer año del primer peronismo todo se hizo mal? Creería que no, ya que el argumento sería contradictorio a los propios principios ideológicos oficiales, principios que durante ese lapso tuvieron protagonismo como administradores del Estado Nacional en varias oportunidades, algunas por elección y otras por la fuerza de las armas.

Resulta extremadamente sencillo refutar este planteo y lo haremos en muy pocas líneas:

1. 1949-1955: Gobierno de Juan D. Perón. Total: 6 años.

2. 1955-1973:
a. Cuatro gobiernos dictatoriales de neto corte liberal y antiperonista: Aramburu, Onganía, Levingston y Lanusse.
b. Dos gobiernos “elegidos democráticamente” con el partido político mayoritario proscripto: Frondizi e Illia. Cabe aclarar que durante la gestión de Frondizi fue nombrado como Ministro de Economía Alvaro Alsogaray, pilar del liberalismo económico en nuestro país.
c. Total: 18 años.

3. 1973-1974: Tercer gestión de Juan D. Perón. Total: 1 año.

4. 1974-1976: María E. Martínez. Drástico vuelco hacia el ajuste económico iniciado con el tristemente célebre “Rodrigazo”. Total: 2 años.

5. 1976-1983: Dictadura cívico-militar. Se pone en práctica la sangrienta represión ilegal
y a nivel económico se da inicio al establecimiento del proyecto neoliberal en la Argentina. Total: 6 años.

6. 1983-2019: Refundación de la Democracia.
a. Gobierno de Raúl Alfonsín. Total: 6 años.
b. Gobiernos de Carlos Menem que, esgrimiendo la simbología justicialista, reafirma el modelo económico neoliberal iniciado por la última Dictadura. Total: 10 años.
c. Gobierno de Fernando de la Rúa. Crisis de 2001. Total: 2 años.
d. Período Kirchnerista. Modelo con características similares a los principios justicialistas. Total: 12 años.
e. Presidencia Mauricio Macri. Regreso a las políticas de ajuste de corte neoliberal. Total: 4 años.

Si nuestra suma es correcta, de los últimos 70 años sólo 19 tuvieron administraciones con características peronistas o justicialistas. El resto -51 años-, gobiernos de transición como el de Alfonsín o típicos proyectos de tinte liberal o neoliberal que, en gran medida, beneficiaron a grupos económicos como al de la familia del Presidente Macri. No tomamos como determinantes las gestiones de Frondizi e Illia ya que fueron víctima del acoso y control permanente de las Fuerzas Armadas.

Entonces, ¿cuál es la intención de plantear una falacia semejante? ¿Quiere el relato oficial realmente decir lo que dice o no se anima a plantear una cuestión que desde hace 70 años molesta tanto a nuestras clases dominantes?

Es necesario recurrir a la sensatez para no continuar aportando a la confusión: el problema no son los últimos 70 años, sino lo que surgió hace 70 años. Un nuevo protagonista irrumpe inesperadamente como nuevo factor de poder en la escena política argentina: la clase obrera. La oligarquía observa desconcertada esta situación no prevista y, atónita, carece de reacción; en su vicioso letargo del fraude constante no llega a interpretar las transformaciones que sufre la sociedad que ha controlado desde el comienzo. “El pueblo trabajador ha desarrollado en los años anteriores a 1945, su sentido de la solidaridad colectiva por la convivencia en las fábricas, y ha recibido el aporte solidificante de la emigración provinciana (…) ha surgido el proletariado industrial.”*

La aparición de la clase obrera como factor político genera a la vez: en primer término, la ira en las clases dominantes y; en segundo término, el deseo irrefrenable de una venganza aleccionadora. “Durante más de 80 años (la oligarquía) utilizó al pueblo como instrumento ornamental de su mentida democracia, para disimular con la invocación de su nombre –en su lenguaje el pueblo no es más que una figura retórica- la realidad de su dictadura expoliadora. Y por una vez, por una solita vez que el pueblo quiere jugar de veras a la democracia y se toma la atribución de elegir, ¡se desata en improperios y sueña con apalearlo! Desde ese entonces, y durante 10 años, la hegemonía del pueblo, o sea, de la clase obrera, que es el pueblo por antonomasia, se convierte en un factor mortificante para la oligarquía y NO PORQUE LE CAUSE GRAVES PERJUICIOS ECONÓMICOS, SINO PORQUE LE QUITA EL DOMINIO ABSOLUTO DEL ESTADO, CON LO CUAL LE CREA INCERTIDUMBRE SOBRE SU PORVENIR.”**

¡He aquí el verdadero problema! La incertidumbre por la supervivencia futura, por la conservación indefinida del statu quo.

Mal que le pese a muchos, en la Argentina surgió el Peronismo y lo que más asusta de la doctrina peronista es la dignificación de las clases trabajadoras, su protagonismo en la escena política; y sólo duró un poco más de 10 años.

El Peronismo ha tenido y tiene sus claroscuros; ya haremos referencia a ello en otros textos. Sin embargo, lo que sí es válido para nuestro análisis es que ese corto período caló firmemente en la conciencia obrera generando odio y revanchismo en las clases dominantes de nuestro país que no cejan en su intento por “desperonizar la sociedad”. Lo han intentado a través de la fuerza, de la difamación, de la mentira, de la confusión, del asesinato; sin embargo, la doctrina sobrevive más allá de los intentos por destruirla.
Mencionamos que el período kirchnerista puso en práctica diversas políticas afines a esa doctrina readaptándola a los tiempos corrientes, e inclusive recayendo en alguno de sus antiguos errores, pero con sus fundamentos básicos. Esta experiencia reavivó la incertidumbre de los “dueños de la Argentina”. Ahí están las causas de la difamación y la persecución.

Sin embargo, como la necesidad tiene cara de hereje y las encuestas sólo muestran números negativos, el relato oficial entra en una contradicción evidente demostrando su hipocresía política: primero, eligiendo como candidato a vicepresidente a un “peronista” y, segundo, amenazando públicamente a un líder del movimiento obrero (discutible en varios aspectos) con el cual se abrazó 4 años atrás en la inauguración de una estatua de…sí, de Perón.

 

*Ferla, Salvador: “Mártires y verdugos”, Peña Lillo, 2da. Edición, Bs. As., 2008; p.22.
**Ferla, Salvador: “Mártires y verdugos”, Peña Lillo, 2da. Edición, Bs. As., 2008; p. 24-25.

 

Texto: Fabián Pagani. Es porteño e hincha del Rojo. Trabaja como profesor de Historia en la escuela secundaria. Estudia Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de San Martín. Músico de nacimiento y bien nacional y popular.

Fotografía: Perfil.com

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