El despertar para la revolución

La primera semana de junio se estrenó, luego de una larga espera de casi un año, la tercera temporada de El Cuento de la Criada (The Handmaid’s Tale). Basada en el bestseller homónimo de la escritora canadiense Margaret Atwood publicado en 1985, ya había sido adaptada al cine en los años 90 en el formato de thriller erótico y resultó un rotundo fracaso. Sin embargo, la nueva adaptación, ahora como serie de televisión, rompió todos los moldes y se convirtió en una de las más aclamadas desde la primera temporada, en 2017, ganando 8 premios Emmy y dos Globos de Oro, entre otros galardones. 

El estreno de la primera temporada se dio mientras que en Estados Unidos, al igual que en muchos otros países de diversos continentes, millones de mujeres tomaron las calles contra los femicidios, los abusos sexuales y la legalización del derecho al aborto. En este contexto, la serie se convirtió en un ícono de la lucha feminista. Las claves de este proceso están, sin ninguna duda, en el relato mismo de esta producción, que merece ser mirada, analizada y debatida mate, cerveza o café en mano.

La república de las criadas

Elisabeth Moss es quien le pone el cuerpo a June Osborne para narrar la historia de Gilead, una sociedad teocrática, totalitaria y patriarcal que anteriormente pertenecía a Estados Unidos. Dicha República comienza en el momento en el que varios grupos extremistas religiosos, autodenominados “Los Hijos de Jacob”, consideran que el país debe ser “salvado” del pecado y la corrupción que han provocado desastres medioambientales y una enorme baja de la tasa de natalidad. De esta manera, idean y ejecutan un elaborado golpe de Estado a través de una serie de ataques coordinados, culpando de ellos a los “fanáticos islámicos”. Rápidamente declaran el Estado de emergencia, suspenden la Constitución, congelan las cuentas bancarias y todas las mujeres empleadas son despedidas de sus trabajos, perdiendo todos sus derechos y libertades y pasando a ser objetos de propiedad estatal. Aquellas cuyos ovarios aún funcionan son convertidas en criadas, incubadoras obligadas a parir hijos para los comandantes del régimen. 

La serie se convirtió en una referencia para la lucha por los derechos de las mujeres en varios lugares del mundo. Mientras que la primera temporada se dio en el marco de la asunción de Donald Trump, el movimiento #MeToo de las actrices norteamericanas y del primer paro internacional de mujeres, en Argentina tampoco pasó desapercibida y tuvo un alto impacto en medio del debate por la legalización del aborto en el primer semestre del año pasado. Además de la aparición de muchas mujeres en diversas provincias desfilando vestidas de rojo como las criadas, la misma Margaret Atwood se metió en la polémica y le mandó un mensaje por twitter desde su cuenta a Gabriela Michetti “Vicepresidenta de Argentina: no aparte la mirada de las miles de muertes que hay cada año por abortos ilegales. Dele a las mujeres argentinas el derecho a elegir”.

10 claves para entender al patriarcado

Diversos medios consideraron a la trama como una distopía, es decir como una sociedad ficticia indeseable; en este caso como una mirada escalofriante sobre las cuestiones de género. Pese a ello, la propia Atwood aclara que no es más que el resultado de llevar al extremo la lógica de subordinación y sometimiento que millones de mujeres sufren cotidianamente. Aquí reside su éxito. ¡Atención!, con algunos spoilers, vale la pena recorrer 10 claves que ayudan a desentrañar que distopía y realidad no están tan distantes en el mundo en que vivimos y nos ofrecen varias pistas.

  1. La venganza contra la libertad de las mujeres. Todos los momentos de alza o ascenso de la lucha social han despertado en las mujeres la conciencia de su situación de desigualdad. Hicieron suyo el grito de libertad, salieron a las calles y pelearon por sus derechos, obteniendo en algunos casos logros importantes. No obstante, cada retroceso sufrido por los movimientos populares tuvo como eje por parte de las clases dominantes devolver a las mujeres al papel de subordinadas. Y es por ello por lo que a cada logro feminista siempre se le opuso un contragolpe reaccionario. La ficticia Gilead no es la excepción: sus ideólogos culpan a las mujeres y a las identidades sexuales disidentes de los desastres de la sociedad, atribuyéndole a las libertades y derechos sexuales de los cuales gozaban los motivos de todos los males.
  2. Divide y reinarás. Si las mujeres deben ser devueltas a la situación previa de desigualdad y subordinación e incluso empeorarla, deben ser divididas. Es condición necesaria romper todo lazo de solidaridad, hermandad y empatía. Por eso las dividen en castas bien diferenciadas: las mujeres de los funcionarios, las criadas, las marthas o sirvientas, las tías o entrenadoras, las desechadas. 
  3. “Una flor que espera ser polinizada”, la ceremonia. En Gilead, las criadas tienen una única función: darles hijos e hijas a las familias de los comandantes. Pero lo que en realidad es una violación, es presentado como una “ceremonia” mensual comparada con flores y mariposas, donde el comandante las somete sexualmente con su esposa participando como observadora. 
  4. Las colonias, los prostíbulos y la traición al género. Aquellas mujeres que son estériles, no se casaron y/o ocuparon algún lugar destacado en la academia o la política, son literalmente descartadas a las colonias, lugares donde terminan sus días realizando trabajos forzados en territorios radiactivos. Allí también son enviadas las lesbianas y las feministas, consideradas traidoras al género. Las disidentes son directamente asesinadas. Un pequeño grupo es enviado a los prostíbulos clandestinos, donde se las llama Jezebels, y son obligadas a prostituirse para consumo de los comandantes. 
  5. La redención. Las mujeres de Gilead tienen una serie de prohibiciones, como leer y escribir entre otras. Pero la regla más importante a cumplir es, precisamente, el mandato de lo que se considera ser mujer. Por ello, tanto las lesbianas y las feministas no sólo rompen las reglas, sino que son consideradas “traidoras al género”. Y deben ser redimidas a través de terribles torturas, como la ablación del clítoris. 
  6. Bendito sea el fruto. Las criadas son obligadas a parir. Son incubadoras. Si voz ni decisión sobre los hijos e hijas que engendran, los cuales son apropiados por las familias de los comandantes. ¿Te suena? Sí, es impresionante. La propia Margaret Atwood afirmó haberse basado en la dictadura argentina, en la apropiación y el robo de bebés, para escribir esta parte. Incluso la historia de quienes logran escapar, son recibidos como exiliados en otro país y enfrentan la propaganda del régimen de que en Gilead todo es una maravilla, también está inspirada en la última dictadura.
  7. Mi nombre es June. Con dividir y enfrentar a las mujeres no alcanza. Hay que lograr su despersonalización para dominarlas en mayor grado. Y ello es llevado a la máxima expresión en Gilead: las criadas pierden su nombre para ser llamadas “de su comandante”. En el caso de la protagonista, dado que su dueño se llama Fred, recibe el mote de Defred. En una lectura muy fina de la lógica patriarcal, la serie tiene un momento épico, que es cuando las criadas se miran mutuamente a los ojos y repiten sus nombres reales. Como en toda toma de conciencia feminista, el reconocimiento, la asunción de la propia identidad, es un proceso colectivo. 
  8. Si no querían un ejército, no nos hubieran puesto uniformes. A toda dominación le nace su resistencia. Y esto sucede también con las diferentes castas de mujeres de Gilead. Tal cual sucede en el mundo, donde millones de mujeres tomaron conciencia de sus derechos vulnerados reconociéndose como un colectivo con desafíos comunes, las criadas también agarran el guante. Nos pusieron uniformes que nos ayudaron a reconocernos, ahora vean cómo nos convertimos en un ejército.
  9. Nolite Te Bastardes Carborundorum (del latín, “No dejes que los bastardos te jodan”). Uno de los mensajes dejado por una criada a las futuras criadas. Y una de las frases que trascendió enormemente la serie. En palabras de Elisabeth Moss hace unos días, en los MTV Awards, “A todas las chicas, continúen la pelea, estoy a su lado. No dejen que los bastardos las maltraten”.
  10. Toda revolución necesita de alianzas. Así empieza el trailer de la tercera temporada, titulada Revolución. Una afirmación provocadora y al mismo tiempo perturbadora. ¿Qué alianzas son necesarias para lograr los desafíos? ¿Qué pasa con las alianzas incómodas, con aquellas personas que no compartimos del todo los objetivos? ¿Mantenerse en el camino del purismo o meter los pies en el barro en pos del objetivo principal?

Los movimientos feministas en el mundo están actualmente atravesados por estos interrogantes, donde el nodo central es sin duda el poder. ¿Ignorarlo o tomarlo? ¿Aliarse o mantenerse a resguardo? Qué harán las protagonistas de la serie lo sabremos en unas semanas. Y mientras disfrutamos, sillón mediante, de la tercera temporada, vale también recoger el guante e intercambiar sobre estos dilemas que nos plantea la serie.

 

Texto: María Paula García. Militante de Mala Junta – Poder feminista, docente, feminista.

Imagen: Captura del trailer oficial de la tercera temporada de The Handmaid’s Tale.

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