La insoportable levedad del PRO

Milan Kundera[1] no lo habría descripto mejor. Los globos de colores, las sonrisas impostadas, el positivismo vacuo, la levedad de un proyecto político que desprecia la política, se ha vuelto insoportable para las mayorías. Como todo lo leve, puede caer bien en un principio, por su ligereza, pero tarde o temprano la falta de peso específico se revela como un plato muy difícil de digerir.

La insoportable levedad del PRO reside en la subestimación permanente de la población. Consignas publicitarias de ocasión como respuestas al drama de la subsistencia; palabras de autoayuda donde van explicaciones de máxima seriedad, por tratarse de la cosa pública; discursos torpemente leídos para justificar lo injustificable. Pero ya ha sido dicho que se puede engañar a todxs algún tiempo, que se puede engañar a algunxs todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo[2]. A este último espectáculo asistimos en tiempos eleccionarios, donde se consolida el voto castigo a la coalición gobernante. Nueve elecciones provinciales, nueve derrotas para Cambiemos. Contundente por donde se lo mire. Claro que las interpretaciones son libres, así como los hechos son sagrados, y estos hechos nos dicen que ya no hay mayoría que legitime a la gestión. Con el cierre de listas el 22 de junio y el despliegue del calendario electoral, se confirmará o se torcerá esta evidente tendencia.

Ideología al palo

Una ideología es un conjunto de ideas que se propone explicar el funcionamiento de un sistema determinado, una comunidad por ejemplo. El señalamiento de las ideologías como algo negativo remite a circunstancias en que un enfoque de la realidad está teñido de ideas preestablecidas sobre cómo son las cosas y que debería pasar, perdiendo el contacto con los hechos y circunstancias específicas del momento, que se explican por sí mismos. Se observa entonces una distancia entre el discurso (ideología) y la realidad.

La crítica por “exceso de ideología” suele recaer sobre las izquierdas políticas. El Marxismo, ese fantasma que recorrió primero Europa y luego el mundo entero, es el caso testigo, con la experiencia rusa como paradigma del “ideologismo”.

El PRO, quien hegemoniza el campo discursivo de la coalición gobernante, utiliza recurrentemente este lugar común, despegándose de ideología alguna y acusando de “ideologizados” a quienes identifica como rivales políticos que vienen por su izquierda. Sin embargo, el nivel de ortodoxia que el gobierno maneja en la economía y en la política configura una ideología de las más intensas que se conocen, alejándose interminablemente de los hechos en pos de ideas preconcebidas que deberían dar efecto.

COmo ejemplos posibles señalaremos al plan económico actual que “cree” (las ideologías son también creencias) que el ajuste fiscal y el achicamiento de la base monetaria no puede provocar otra cosa que la baja de la inflación, mientras que la realidad desnuda la falsedad de la afirmación y muestra un país en proceso de estanflación, la suma del estancamiento provocado con la inflación no deseada.

Otro ejemplo posible es la ideología de la mano dura, doctrina Chocobar en su versión local, que afirma que mientras mayores penas y más agresivo y violento sea el accionar policial, menos delitos, mientras que la estadística mundial relaciona la baja del delito con la distribución de la riqueza y la inversión en educación.

Ideología al palo en una gestión a priori desidiologizada: paradojas de un siglo veintiuno virtual y marketinero.

La pregunta jamás contestada

En Argentina, toda la población se pregunta: ¿Qué pasó en estos tres años y medio de gobierno? Y es que cada persona, desde su perspectiva personal y colectiva, vio indefectiblemente un deterioro de las condiciones de vida. El gobierno lo negó de mil maneras, hasta que ya no pudo hacerlo por el peso de los hechos, y entonces comenzó a ensayar explicaciones. Habló de sequías, de factores externos, de herencias malditas, pero no convenció. Alguien sugirió autocrítica y nadie supo qué decir. Se produjo entonces un incómodo silencio, que al día de hoy se sostiene. Un silencio que perturba porque hay algo que no se puede nombrar. Y mientras más tiempo pasa sin ser nombrado, más complejo resulta hacerlo.

Ante el vacío generado por la alianza de gobierno, empezaron a tallar las explicaciones ajenas. Inoperancia, ignorancia, crueldad y elitismo, improvisación, potenciales  explicaciones que aparecen cuando alguien no puede responder por sus actos. Y es que la pregunta jamás contestada contiene a sus hermanas ¿Por qué pasó?, ¿cómo pasó?, ¿dónde pasó? y ¿cuándo pasó? Dar cuenta de todo esto exige una solidez argumental no exhibida hasta el momento.

Más allá de las promesas incumplidas, de la inconsistencia de lxs representantes, del tráfico de intereses y de otras formas del putrefacto folclore político partidario, las condiciones materiales de existencia son el asunto sobre el que debe responder todo gobierno. Incluso si es para señalar responsabilidades externas que explican la situación, la respuesta tiene  que encontrar acuerdo en una mayoría de la comunidad. Esto evidentemente no está sucediendo. Incluso aquellxs que sostienen su apoyo a la gestión actual, no han recibido una explicación que los satisfaga, y su apoyo se sostiene en otras razones, pero no en la explicación sobre la crisis actual.

En este año electoral, una pregunta resuena esperando ser contestada: ¿Qué pasó?. Y no es con afán insidioso que resuena, sino por el simple hecho de que quien sabe qué pasó puede intuir por dónde sigue la trama, de qué están hechos los días por venir.

[1] Escritor Checo, autor de “La insoportable levedad del ser”

[2] Frase pronunciada por Abraham Lincoln

 

Texto: Diego Eiras. Comunicador en Memoria de Elefante (Miércoles 22 hs- Fm En Tránsito) y en Imaginación es Poder (Lunes a Viernes – 14:00 a 16:00 hs – Fm En Tránsito 93.9).

Ilustración: Matias De Brasi. Ilustrador, artista urbano, docente, músico y arteterapeuta. Desempeña una fuerte labor territorial en el Oeste del Gran Bs.As, en distintos medios de comunicación  locales y ejerciendo la docencia artística. Realiza murales e intervenciones urbanas participativas en barrios del conurbano, especialmente con poblaciones vulnerables. Como arteterapeuta, trabajó en procesos de desmanicomialización. Ilustró varias portadas de libros, discos y notas periodísticas.

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